Contada tal vez millones de veces, la batalla de las Termópilas sucedió en el 480 a.C, cuando al rey persa Xerxes (en español Jerjes), después de una larguísima serie de conquistas, se le antojó meterse con los griegos, claro, no contaba con la defensiva de los espartanos con su rey Leonidas a la cabeza, un pueblo de guerreros convencidos de la libertad de los hombres y de un sistema político –aún en pañales para aquel entonces- llamado Democracia.

El episodio histórico que ha fascinado a innumerables académicos, investigadores y a gente de a pie, cautivó a Frank Miller (creador de los cómics Sin City, Electra, etc) cuando era apenas un niño. Años más tarde, ya convertido en adulto y dedicado profesionalmente a los cómics, Miller hizo un viaje a Grecia para visitar los escenarios auténticos implicados en esa parte de la historia de los espartanos.

El resultado fue 300, que primero apareció por capítulos y luego fue publicado como novela-cómic en 1998.

Un buen día, tal material cayó en manos de Zack Snyder, un joven director de video clips y comerciales, un tipo que emana una eterna adolescencia. Para aquel entonces, Snyder tenía una película en su Currículo, Dawn of the Dead (2004), y con 300 bajo el brazo dejó escapar un pensamiento en presencia de un productor: “Sería cool [genial] llevar esto al cine, abriendo acto seguido el mencionado libro ante los ojos del hombre del dinero.

Ese fue el principio de una nueva fase en la carrera de Zack Snyder como director de la pantalla grande, demostrando también su capacidad en la difícil tarea de llevar un comic al cine.

300, la película

Trescientos hombres de cuerpos perfectos, semidesnudos, con la furia dibujada en el rostro, empuñando una lanza o una espada, protegidos tan sólo por un escudo, se abalanzan hacia la muerte.

Las capas de algunos ondean al viento mientras embisten con valentía al enemigo, que tal vez les supere en número, mas no en convicción ni arrojo. Sangre, sangre y más sangre. Emoción, suspenso... La adrenalina bombea todos sus sentidos y ya el campo de batalla parece una alfombra de cadáveres.

Los trescientos allí, casi intactos, jadeando; el primer encontronazo ha llegado a su fin. Con el alba del día siguiente, Leonidas, el rey de los espartanos, dirá: “Hoy desayunaremos como reyes, esta noche cenaremos con los dioses...”

Del cómic a la gran pantalla

Lanzada en 2007, 300 se convirtió en un filme de culto, con el escocés Gerard Butler (RocknRolla, The Bounty Hunter) como el rey Leonidas, el brasileño Rodrigo Santoro (Los Ángeles de Charlie, Phllips Morris, ¡Te quiero!) en el rol de Xerxes, acompañados de un numeroso elenco.

Alejada de la típica “película de sandalias”, Snyder tuvo desde el principio una visión clara de cómo sería su película; quiso presentar la violencia de una forma intensa, como quiso que el rey Leonidas tuviera sexo con su reina Gorgo (interpretada por Lena Headey), y ni por un momento pensó en cambiarles el nombre a los persas para evitar posibles roces políticos.

Pude haber hecho esta película con un gran estudio de Hollywood – comentó Zack Snyder en la première en el Festival de Berlín de 2007-, pero le hubiera tenido que hacer muchos cambios, atendiendo a diferentes peticiones como “¿no sería mejor que los reyes no hicieran el amor?...” o “¿no es más conveniente que los espartanos lleven más ropa?

Snyder se dejó llevar por sus emociones y sentimientos. “Como espectador pienso que si una película no es sexy, no tiene un toque de violencia y no es cool... ¡¿para qué la voy a ver?!... –argumentó en aquel momento- Un filme debe tenerte al borde del asiento desde el principio hasta el final, y sinceramente, cuando voy al cine no me quiero quedar dormido”.

Durante seis años se dedicó el director estadounidense a este proyecto. Apegado al libro del autor de culto Frank Miller, y empeñado en darle vida a esas figuras, 300 se convirtió en todo un éxito de taquilla, recaudando 400 millones de dólares en el año de su estreno.