Su concepción y descripción estética, su defensa de la tradición, la belleza, el culto al cuerpo y la muerte, fueron unas constantes en su obra literaria que intentó extrapolar a su vida con más o menos suerte. Su destreza en el uso de la metáfora le permitía crear contextos luminosos, llenos de vida y, a su vez, atmósferas oscuras y decadentes. Sus eternas contradicciones así como sus frustraciones le llevaron a un histriónico final.

La infancia de Yukio Mishima

Kimitaka Hiraoka – su verdadero nombre - nació en Tokio en 1925. Pasó parte de su infancia bajo la influencia de su excéntrica abuela Natsuko, cuyos antepasados eran samuráis del clan de los Nagai en la era Tokugawa. Sus estrictas normas le privaron de jugar con otros niños de su edad, salvo con sus primas, y de practicar cualquier deporte al aire libre. En consecuencia, Mishima fue un niño frágil y enfermizo, un factor determinante para su apología, años después, del culto al cuerpo y de las artes marciales japonesas. Los primeros años de Yukio Mishima serían fundamentales en el desarrollo de su posterior personalidad, la cual, se forjó bajo la firme sombra de su abuela.

Mishima y la moral rígida del Bushido

Su infancia solitaria le hizo refugiarse en los libros y comenzar a escribir sus primeros textos. A los 12 años, su padre, funcionario del estado, fue cambiado de destino, lo que le alejó de la influencia de Natsuko y de su rígida educación, aunque continuó bajo su tutela durante un día por semana. Con ella, profundizó en la tradición japonesa, en el Bushido, texto de referencia del samurai feudal que años más tarde actualizaría; además de aficionarle al teatro tradicional japonés en sus dos formas más ancestrales: Noh y Kabuki.

Culto al emperador: “la sociedad del Escudo”

Su abuela Natsuko solicitó su entrada en la “escuela de nobles”, donde se graduó el primero de su promoción y el propio emperador le regaló un reloj de plata como premio. “En ese momento me percaté que el emperador lo era todo. Era el absoluto” escribiría años más tarde. En el año 1968, Mishima creo la denominada “Sociedad del Escudo”, cuyo nombre deriva de la idea basada en que el destino de sus miembros era servir de escudo humano al emperador, al cual rendían un culto extremo.

‘Confesiones de una máscara’: una obra casi autobiográfica

Mishima fue declarado no apto para ingresar en el ejército y combatir en la Segunda Guerra Mundial. Este hecho fue determinante en su carrera y afirmó, años más tarde, que mintió al médico para eludir el servicio militar, suceso que le pesó el resto de su vida y que marcó su forma de escribir, de pensar e incluso de morir.

Para profundizar en la biografía y en la personalidad de Yukio Mishima es imprescindible leer su obra casi autobiográfica “Confesiones de una máscara’, donde describe con habilidad y una claridad pasmosa, sus conflictos interiores, su atracción por la muerte y las dudas surgidas ante ese presunto despertar de su homosexualidad, lo que le llegó a generar bastantes remordimientos y frustraciones. La contradicción se ve reflejada en la obra, en ese hombre que mira al mundo desde una máscara ansiando lo que nunca podrá ser, al “ser” de otra manera.

Yukio Mishima: un escritor polifacético

Si su abuela le educó en la disciplina y le conminó a que tomase el camino del samurai, su madre le animaría a continuar con su actividad literaria a pesar de la negativa de su padre. Mishima comenzó a publicar un volumen de cuentos con 19 años para, a continuación publicar “Confesiones de una mascara” (1949), “Los colores prohibidos” (1951), “La voz de las olas” (1954) y “El Pabellón de Oro” (1956), “Patriotismo” (1960) o “El sabor de la gloria” (1963), entre otras.

Además, Mishima cultivó el cuento – género de primer orden en Japón -, escribió teatro Kabuki e incluso participó como actor en películas. Su versatilidad en el mundo de la literatura le llevó a ser candidato al Premio Nóbel de literatura junto a otro japonés, Yasunari Kawabata, al cual veneraba y agradecía que le hubiera presentado en los círculos literarios de Tokio de la década de los 40.

Candidato al Premio Nobel de literatura

Mishima fue aspirante al Nobel de literatura en 1968 junto a su compatriota el Yasunari Kawabata que finalmente se alzó con el premio. Posiblemente, las ideas ultranacionalistas de Mishima decantaron la balanza por Kawabata. Ambos se admiraban y respetaban, Kawabata sobre Mishima decía que “era un referente de la literatura japonesa”.

Mishima y el fin del último samurai

Su literatura era un éxito pero las ideas nacionalistas y de defensa de la tradición que intentaba transmitir no disponían de la atención suficiente. Quizá por ello, ideó un golpe de efecto al más puro estilo teatral junto a la “Sociedad del Escudo”, organización que él mismo creó. En 1970, después de asaltar un cuartel y secuestrar a su comandante en jefe, solicitaron que formasen las tropas para que Mishima les hablase.

La muerte de Mishima por el rito Seppuku

Hemos visto a Japón emborracharse de prosperidad y caer en el vacío espiritual”, proclamaba Mishima ante los abucheos generalizados y la burla de la tropa. Mishima desencantado, sentenció: “creo que no me habéis entendido”. Tras estas palabras, se quitó el uniforme que el mismo había diseñado para su ‘Sociedad del Escudo’ y a la vista de todos sacó un cuchillo desgarrándose el vientre ante el asombro de los presentes. En ese momento, su lugarteniente Morita alzó la Katana y finalizó el rito Seppuku cortándole la cabeza. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial ningún otro japonés había vuelto a realizar el rito Seppuku.

El fin del último samurai; una muerte histriónica. “la vida es breve y yo deseo vivir para siempre”, afirmaba Mishima. Henry Miller dijo de él que “quería morir hermoso y en posesión de sus facultades”, como así fue.