“¡Esto no puede ser!” “¡No estaba en el guión original!” “¿Y ahora qué vamos a hacer?” Estas y muchas otras frases son las que se han de estar pronunciando en las cúpulas del poder que ya habían diseñado a su antojo y conveniencia el proceso electoral del 2012 tras la sorpresiva reacción de los jóvenes del todo el país en los últimos días.

Y es que para ese grupo compacto de políticos y poderosos empresarios ha de resultar inconcebible e inexplicable que tras los millones y millones de pesos invertidos en la imagen y proyección de Enrique Peña Nieto como candidato a la presidencia de México; de controlar el flujo de información en periódicos, estaciones de radio, televisoras, revistas del corazón y la farándula; de la compra de líderes de opinión y de encuestas hechas a modo para que pareciera ante la opinión pública como el candidato perfecto e indestructible, se haya desatado un movimiento de repudio a Peña Nieto a nivel nacional, algo inédito en la historia política de nuestro país.

Pero ¿Cómo fue posible esto? ¿Qué fue lo que salió mal?

¿Acaso no estaba más que demostrado el poder de influencia y convocatoria que tiene Televisa y todos sus tentáculos mediáticos en la población?

¿No bastaba con que Peña Nieto fuera el único gobernador en el país que se mencionaba todos los días en los principales noticiarios de Televisa?

¿No era suficiente con presentarle a las jóvenes y amas de casa de México a un político joven y atractivo para mover a las masas y que ellas se convirtieran en el factor de influencia de las familias en aras de ganar el voto de los mexicanos?

Algo falló en la maquinaria política

La certidumbre electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Enrique Peña Nieto se vio ultrajada por enemigos silenciosos, que hasta ahora habían estado dormidos, en las penumbras mismas de su existencia y auto decepción. Nietos de las crisis heredadas del viejo PRI e hijos de la incertidumbre y el sobresalto que dejó el Partido Acción Nacional (PAN) como gobierno, esta generación se encontraba dormida, inerte, con la esperanza marchita; el estado ideal para que los dueños del poder pudieran manipularlos, embriagarlos e inyectarles la resignación necesaria para anular su voto para después irse a divertir al antro. Se trató nada más ni nada menos que de los jóvenes universitarios.

¿Cuál fue el detonante que despertó a los jóvenes en México?

El pasado 11 de mayo, el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto visitó las instalaciones de la Universidad Iberoamericana en la ciudad de México para un diálogo con estudiantes y maestros. Parecía un evento más. Días antes, Peña Nieto había estado en la UNAM, por lo que el interactuar con los estudiantes de la “Ibero” no parecía gran cosa, pues nunca habían tenido la fama de “mitoteros” que sí cargaban los de las universidades públicas.

Sin embargo todo se nubló en unos minutos. Un grupo de estudiantes recriminaron al priista su negro pasado en el caso Atenco y le recriminaron el que es el candidato oficial de Televisa, quien tergiversa la información a su favor dañando la equidad en el proceso electoral.

Peña Nieto salió abucheado y toda la prensa lo documentó, aunque matizado según el medio. En la prensa, unos daban a conocer los pormenores de la huída del priista de la Ibero, mientras que los satélites de Televisa daban más espacio a la supuesta “valentía” con la que Peña Nieto enfrentó la crisis y dándole tiempo aire al presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, quien se dedicó a minimizar la protesta y de tachar de “golpeadores e intolerantes seguidores de Andrés Manuel López Obrador” a los estudiantes de la Ibero.

Nace el “#YoSoyel132”

A partir de ese momento, los estudiantes de todo el país entendieron el mensaje: Estaba en peligro la libertad de expresión política y había que defenderla de los emisarios del pasado, lo que derivó en la creación del movimiento #YoSoyel132, cuyo nombre nace de un video donde los estudiantes se muestran y condenan el término de “acarreados” que les etiquetó la dirigencia priista.

Este movimiento genuino ha despertado la simpatía de muchas universidades públicas y privadas del país, así como de numerosos sectores sociales, que ven con agrado el cómo la juventud mexicana se rebeló contra su letargo e indiferencia hacia lo que ocurre en su entorno político, exige su derecho legítimo a renunciar a las imposiciones y demandan la equidad en los medios de comunicación dueños de la opinión pública nacional a través de la manifestación pacífica y su difusión a través de las redes sociales. Incluso, han sido comparados con la generación de 1968, esa que fue salvajemente reprimida teniendo como fatídico desenlace la matanza del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

¿Contra qué se deben rebelar los jóvenes?

Sin duda, este despertar juvenil no debe terminar en el #YoSoyel132 ni limitarse a una elección presidencial. Es importante que esta nueva generación de jóvenes rebeldes entienda que tienen el poder de cambiar a México en muchos sentidos, todo depende que adopten una actitud rebelde hacia su entorno. Y no, no se trata de emular la trasnochada telenovela del Canal de las Estrellas ni nada por el estilo. Es más bien una rebeldía enfocada a asuntos más profundos y comprometedores:

Los jóvenes deben ser rebeldes para desafiar a sus padres, que en una falsa lógica de lo que es la protección hacia los hijos, les solapan ser de los que “ni estudian ni trabajan” o las lamentables “mientras me caso”, las que vislumbran su destino como afables amas de casa dependientes de su marido.

Rebeldes contra el sistema que los empuja a ser individualistas y centrar su vida en el exclusivo éxito personal, a los que sólo les interesa su propio beneficio y que nunca voltean a ver su entorno y lo que podrían aportar a él. Rebeldes contra los que les invitan a desafiar sólo los límites de su cuerpo y no los de su mente o pensamiento. Esos que les abren las puertas para vivir en el intolerante mundo de la imagen y las apariencias, lleno de superficialidad y vacío.

Rebeldes contra los hombres y mujeres del poder que ponen en duda sus capacidades y anhelos. Los que les cierran las puertas con la idea de que ustedes no serán capaces de tocar en otras. Rebeldes contra la ignorancia, la pasividad y la resignación estéril. Rebeldes contra los que les pongan límites a sus sueños. Y sobre todo, rebeldes contra los que creen que los jóvenes no pueden asumir el compromiso de echarse el país a cuestas dentro de unos años.

México necesita urgentemente que sus jóvenes tomen conciencia de quiénes son y de su papel ante la sociedad; que como dijo el poeta Mario Benedetti, no busquen salvarse, que no reserven del mundo sólo un rincón tranquilo para resguardarse e ir sobrellevando su existencia.

El #YoSoyel132, puede ser el primer paso.