Como cada año desde hace más de una década se ha celebrado en Madrid la XII edición del Salón del Cómic, en esta ocasión entre el 10 y el 13 de diciembre. Organizado por A.E.A.C. con la colaboración de entidades como el Ministerio de Cultura, la Comunidad de Madrid y FNAC, el evento se situó en esta ocasión en el Pabellón de Convenciones de la casa de Campo.

Pese a tener una amplia oferta de productos relacionados con el mundo del cómic, no se trata únicamente de un mercadillo donde comprar y vender, sino que también cuenta con actividades para todos los gustos como talleres de cómic y manga, presentaciones editoriales, una pequeña biblioteca, exposiciones, la visita de grandes autores, el famoso karaoke y un largo etcétera.

Tolerancia y cosplayers

La impresión personal de un desentendido de esta subcultura que llegue allí por primera vez no puede ser sino de pasmo. Tras el pago de 5 euros de la entrada, cada persona recibe un folleto y un cómic distinto cada día de la exposición: finalizado este trámite se tiene la impresión de deslizarse a una dimensión distinta. Los stands parecen desdibujarse hasta el infinito en el pabellón, y la gente que se arremolina en torno a ellos no puede ser más curiosa: chicas vestidas de Pikachu o Catwoman y chicos vestidos de Asterix o de Batman se pasean con total impunidad.

Los personajes más variopintos coexisten en tranquila convivencia sin plantearse discutir pese a lo extraño de la situación. Así, se cumple la finalidad de reunir a personas de diferentes edades, sexos y condiciones con el único elemento común del amor por los cómics. No existen reglas en esta adoración, no habrá malas miradas hacia las personas “distintas”. Cada cual puede dejar de ser quien es para disfrazarse de quien desea ser sin ninguna mirada inquisitiva: de hecho estos "cosplayers" son los verdaderos reyes del expocómic, con unos disfraces cuanto más llamativos y tétricos mejor.

Variedad de artículos

En los más de 60 stands pertenecientes a distintas editoriales y tiendas como Norma, Dolmen, Generación X, etc. no sólo se ofrecen cómics, sino una amplia variedad de productos más o menos relacionados con ellos, como chapas, camisetas, figuritas e incluso comida típicamente japonesa, de gran éxito pese a la prohibición de comer en el Salón; también videojuegos y merchandising de series populares como Dexter y House.

En los pasillos de arriba se podía disfrutar de distintas exposiciones, destacando “11-M, la novela gráfica”; en la planta de abajo se congregaban los asiduos al mercadillo junto a… los distintos talleres y actividades, la firma de autores de gran reconocimiento (Luis Royo, Ana Millares, Purita Campos, Jordi Benet, Ciruelo...) y por supuesto el consabido karaoke en el que los más valientes cantaban sus canciones de anime favoritas.

El Expocómic es sin duda alguna una propuesta cultural inusual y divertida para que el público conozca el mundo del cómic, tanto el antiguo como el moderno, además de introducirlo en un ambiente joven, diferente y agradable.