En todos los tiempos de la historia humana, el ser humano ha explorado maneras de enfocar su sexualidad en situaciones más y más osadas y arriesgadas. Una búsqueda, por momentos frenética, pero que puede fácilmente convertirse en un callejón sin salida.

El producto virtual

ThriXXX, una compañía austriaca, aprovechando el boom de los juegos virtuales y del mejoramiento de la tecnología, ha lanzado un videojuego sin mandos de la consola XBox de Microsoft, llamado Kinect, que puede ser usado en el contexto de los juegos eróticos.

Kinect es un pequeño dispositivo que trae un sofisticado software capaz de escanear el cuerpo del jugador para que pueda interactuar con su avatar en la pantalla del televisor.

En el sitio web de la compañía se observa un vídeo donde una persona real mueve su mano, con el efecto virtual de estar tocando en la pantalla a una mujer virtual.

La compañía, en su web oficial señala que: "la interfaz de Kinect proporciona nuevas opciones para los usuarios de software de simulación sexual", y la califican como "una experiencia mágica".

El software permite al jugador diseñar una pareja virtual a su gusto e interactuar con ella a su modo, lo que de manera eufemística supone simular tener sexo con una pareja virtual, como si fuera real.

Análisis desde la terapia

Cada persona tiene derecho a hacer con su sexualidad lo que le dé la gana, el punto es entender el funcionamiento de una pareja sexual. Internet y los juegos virtuales están creando la falsa sensación de que es posible alcanzar la plenitud sexual estando solos y exclusivamente en la virtualidad, lo que recuerda un concepto que ya había desarrollado Aldous Huxley en su novela Un mundo feliz, publicada en 1932, donde narra los extremos de una sociedad donde todo esté controlado y manejado.

Un elemento que se suele desconocer al hablar de sexualidad plena es la imperiosa necesidad de ser pareja. Como la expresión lo señala, una pareja implican dos personas que no son solo cuerpos, sino individuos que interactúan en varios planos de la realidad. Cuando la sexualidad se la reduce a corporeidad o genitalidad, simplemente se cosifica y pierde su valor más importante, que es la gratificación que produce el encuentro de la pareja.

Para lograr la plena realización y satisffacción sexual, una pareja debe aprender a interactuar y desarrollar un diálogo erótico que le permita sortear las distancias que da el tener una cultura, historia, personalidad y visión de mundo distintas. No se unen dos cuerpos, sino dos universos.

Efectos posibles del sexo virtual

  • Aumenta el aislamiento psicológico. Para personas que ya vienen batallando con la sensación de agobio que da la soledad destructiva, el sexo virtual, lejos de aliviar la sensación, la ahonda, porque luego que se apaga el televisor o el computador, la persona vuelve a encontrarse con su propio solipsismo, que a la postre amarga la existencia.
  • Produce una imaginación hiperactiva fantasiosa. La sexóloga Beatriz Literat, coordinadora del departamento de Disfunciones Sexuales del Instituto Médico Halitus, de Buenos Aires, señala que quienes practican el sexo virtual "terminan con estados de aislamiento y con una especie de hiperactividad de la imaginación que si se queda ahí, va en detrimento de la actividad sexual física y afecta la autoestima".
  • La fantasía reemplaza a la realidad. Una sexualidad sana necesita de la interacción de todos los sentidos, y de la vinculación con otro ser humano. En la sexualidad virtual lo que hay es una sublimación de la realidad, lo que a la larga produce dificultades para que los individuos interactúen de manera adecuada con personas reales.
  • Existe la posibilidad de generar adicción. La adicción con otros los procesos de compulsividad, obsesión y dependencia, puede convertir a los que viven en virtud del sexo virtual en potenciales esclavos de impulsos que no pueden controlar.
  • Genera frustración y aumenta el vacío existencial. Al perder contacto con la realidad y la vinculación con personas reales, los aficionados al sexo virtual, poco a poco caen en estados de frustración que aumentan la ansiedad, produciendo en muchos casos depresión y angustia.

Conclusión

El ThriXXX se suma a una tendencia cada vez más preocupante en el mundo contemporáneo donde hasta las expresiones más íntimas son reemplazadas por lo rápido, exprés, en suma, chatarra. Habría un "sexo chatarra", que no se equipara en nada al vínculo entre dos personas que se construye no solo de caricias, sino de diálogo, amistad, seguridad emocional, profundización de los afectos, ternura, en suma, de relación, algo que no existe en los juguetes sexuales que privan a los individuos del goce más profundo de la vinculación en pareja.