En ocasiones, en los eventos históricos los políticos están ausentes. Es el caso de Woodstock, el concierto que se desarrolló del 15 al 18 de agosto de 1969, y del que ahora se celebra el 40 aniversario. Un pequeño grupo de personas puso en marcha el concierto más famoso de la historia. Es irrepetible. Se unieron en tres días de música, sexo, drogas y artistas de una gran calidad.

Se ha convertido en un icono. Ello ha llevado a convertir a aquél primer rave en una fuente inagotable de mitos, creados por el deseo de edulcorar lo que fue, por sí, un evento extraordinario. Por ejemplo, no se celebró en Woodstock, sino en la vecina Bethel.

Ruptura generacional

Woodstock fue la culminación de una generación muy consciente de sí misma y que se creía, y era, muy diferente a la que le precedió. Woodstock es la espuma de la ola hippie y rebelde, la última manifestación de esta onda.

Esta ruptura de generaciones tiene una peculiar manifestación en una canción de Scott McKenzie. Está en la cara B del sigle "San Francisco", considerado el himno hippie, se titula "What’s the difference" y es un llamamiento a abandonar el hogar para no volver nunca más.

Un estudio realizado por el Pew Research Center y titulado “Forty Wears after Woodstock, a Gentler Generation Gap”. Este informe dice que, a pesar de las brechas tecnológica, de valores, de ética en el trabajo o de tolerancia hacia los demás que pueda separar a la generación presente de la que le precede, nada de ello es motivo de conflicto, como sí lo fue la de Woodstock.

Woodstock, irrepetible

Es más, hay un aspecto en el que hay una coincidencia básica entre las dos y es, precisamente, la música. El rock, que formaba parte de la contracultura, está ahora firmemente asentado en los gustos de los estadounidenses de todas las edades, mientras que una encuesta de 1966 colocaba al rock como la música más impopular de los Estados Unidos. Es más, el número uno en las listas aquellos días era un artista que jamás habría acudido: Bobby Vinton. Esta es una de las muchas razones por las que Woodstock es irrepetible.

Otra de las razones es la calidad de los artistas. El viernes 15 actuaron, además de la figura espiritual Swami Satchidananda, los cantantes Bert Sommer, Richie Havens, Sweetwater, The Incredible String Band, Bert Stommer, Tim Hardin, Ravi Shankar, Melanie, Arlo Buthrie y Joan Baez.

El sábado, 16 de agosto actuaron Quill, Keef Hartley Band, Country Joe McDonald, John Sebastian, Santana, Canned Heat, Mountain, Grateful Dead, Creedence Clearwater Revival, Janis Joplin, Sly & The Family Stone, The Who y Jefferson Airplane.

Los dos últimos días, del domingo 17 al lunes 18, actuaron The Grease Band, Joe Cocker, Country Joe and the Fish, Ten Years After, The Band, Blood Sweat & Tears, Johnny Winter, Crosby, Stills, Nash & Young, Paul Butterfield Blues Band, Sha-na-na y, finalmente, Jimi Hendrix.

Allí acudió medio millón de personas. El doble de lo que habían previsto los organizadores, y diez veces más de lo que ellos le habían dicho a las autoridades locales.

Grandes que no acudieron

Entre los grupos que rechazaron participar en el festival de música se encuentran, asimismo, muchos de los artistas principales del momento. Es el caso de Bob Dylan, The Doors, Joni Mitchell (que, sin embargo, le dedicó una canción), Jethro Tull, Led Zeppelin, The Moody Blues, The Byrds o Tommy James and the Shondells. John Lennon manifesto su intención de participar, pero se encontraba en Canadá y los Estados Unidos le negaron el visado para volver a entrar en su país de acogida.

Aún otra razón por la que Woodstock es irrepetible es que muchos de aquéllos artistas murieron. Y no pocos a causa de la droga, que corrió por el recinto de Woodstock todo el festival. Fue el caso de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Bob Hite (de Canned Heat), John Entwistle y Keith Moon (The Who).

Contradicciones

Aquél concierto estuvo lleno de contradicciones. Cualquier actividad humana en una sociedad compleja y, por tanto, con dinero, es un negocio. Aquello lo fue, sin duda. La entrada costaba dos días de paga con salario mínimo. Los artistas, de entre los mejores del momento, cobraron sumas propias de astros por sus actuaciones.

Una concentración pacifista que tuvo que recalar en la ayuda servida desde helicópteros por el Ejército de los Estados Unidos, el más poderoso del mundo, para alimentarse, pues comenzó a escasear la comida. También envió varios médicos y drogas legales.

La calidad musical, en ocasiones, dejó mucho que desear, según alguno de los artistas asistentes. Las razones sonvarias. Por ejemplo, Carlos Santana se sintió indispuesto por causa de la mescalina en plena actuación. Los componentes de The Who no sabían que sus bebidas incluían dosis de LSD. La guitarra de Stephen Stills estaba desafinada en su primer tema. El equipo de música fue un quebradero de cabeza para Sly Stone, Blood Sweat & Tears o Ten Years After, entre otros.