La conmoción causada por la publicación, por parte de Wikileaks, de una ingente cantidad de documentos de la diplomacia estadounidense, cuyo contenido no estaba destinado, en ningún caso, a salir a la luz pública, es directamente proporcional al grado de relevancia e interés de los mismos, así como a las repercusiones que, a priori, y en el plano de la política internacional, podría llegar a alcanzar. Pero son muchas y variadas las cuestiones que una cuestión como ésta suscita, y cuyo análisis no es nada desdeñable.

Derechos e intereses en conflicto por la publicación de documentos

Aunque es innegable el interés que, como hecho periodístico, alcanza la difusión de más de 200.000 documentos de naturaleza diplomática con un contenido tremendamente sustancioso —da fiel medida de ello el que sean medios diarios escritos de enorme prestigio internacional los que los publican—, tal interés no puede ocultar que el hecho, en sí, no puede dejar de ser objeto de una fuerte controversia, dado el calado de los intereses y derechos que entran en conflicto en base al mismo.

Poca duda puede caber de que la publicación de las notas diplomáticas que ha dado a conocer Wikileaks supone un ejercicio evidente de la libertad de expresión y el derecho a la información, paraguas ambos que le dan amparo y cobertura; pero, más allá de ello, también entran en juego elementos como la privacidad y la intimidad, en base a cuya afectación, en conexión con los derechos al honor y la propia imagen, también cabría plantear cautelas sobre el alcance y límites de la difusión realizada.

Estados Unidos, en el punto de mira de Wikileaks

Otro elemento significativo en el affaire Wikileaks, y sobre el que quizá no se ha llamado suficientemente la atención, es el hecho de que, al igual que sucediera en los dos episodios previos recientes (el de los “papeles de Afganistán”, y el de la documentación sobre el conflicto en Irak), es Estados Unidos el país que parece estar, prioritaria o casi exclusivamente, en el punto de mira de esta organización, dado que es el origen de todos los documentos revelados.

¿Cuestión de disponibilidad —es el único país relevante del que ha sido factible extraer información de ese carácter y contenido— o intencionalidad política expresa? No se trata, obviamente, de una alternativa cuya respuesta sea baladí o irrelevante, dado que, en función de si fuera una o la otra, los juicios de valor que cabría hacer al respecto diferirían de manera sustancial, aunque ello no afectara a la trascendencia del caso concreto, que seguiría siendo de un calibre inmenso.

Julian Assange, una figura controvertida

Y, al fondo, una figura poco conocida, bastante opaca, y que solo desde fecha muy reciente ha empezado a sufrir los zarandeos derivados del terremoto que su “criatura” ha generado: el australiano Julian Assange, fundador y máximo responsable de la web Wikileaks, y objetivo inconfeso de una persecución implacable que le ha llevado a desaparecer de la vida pública, refugiado en un lugar que se mantiene en secreto y del que poco es probable que salga, salvo circunstancias de fuerza mayor, en próximas fechas.

También, en relación con esta figura, asaltan a la opinión pública internacional dudas poderosas relacionadas con el procedimiento que actualmente se sigue contra él en Suecia como presunto autor de un delito de naturaleza sexual, y que ya ha sido objeto de vicisitudes diversas y contradictorias: ¿una acusación fundamentada, al menos ab initio y con carácter presuntivo, en indicios sólidos y ciertos, o una poco velada forma de neutralizar un elemento peligroso para la estabilidad y seguridad de una gran potencia?

Libertad informativa y política internacional

Como en todo episodio con implicaciones de alta política internacional, luces y sombras a su alrededor. He ahí la paradoja; un suceso que viene a constituir uno de los más deslumbrantes ejercicios de claridad informativa (al menos, en términos cuantitativos) de la historia del periodismo mundial, se ve envuelto en incógnitas y dudas que, salvo en su hipotético (y muy previsible) traslado a la gran pantalla cinematográfica, quizá no sean nunca desveladas.