Koji Wakamatsu (1936) es un cineasta japonés muy conocido en su país desde hace décadas, y desde 1967 en Occidente, tras ser premiado en el Festival de Cannes, por su chocante película Violated Angels ("Ángeles violados"), con la que la crítica occidental reconocía por primera vez el trabajo de un auténtico poeta erótico visual.

Nace un genio del cine erótico

Nacido en 1936, estudió Agronomía durante su juventud, para después convertirse en miembro de una banda yakuza de Shinjuku (Tokio). Sus relaciones con la mafia le permitieron trabajar en los cincuenta como ayudante de dirección en la televisión japonesa, donde surgió su pasión por el cine, especialmente por el rodaje de películas eróticas de serie B.

En este ambiente consiguió sus primeros contactos con las productoras. En 1963, dirigió su primer filme, Sweet Trap, sorprendente éxito de taquilla que le permitiría dirigir veinte cintas más hasta 1965, a un ritmo frenético.

Pero Wakamatsu pronto se vio condenado a ser un proscrito, perseguido frecuentemente por la censura en muchos países extranjeros, como China y EEUU, aunque no en Japón, donde, aunque criticado a menudo por su carácter escandaloso, no ha tenido nunca problemas serios para proyectar sus cintas.

¿Qué mostraba en sus filmes para recibir tamaño trato, mientras gran parte del público le adoraba? Bueno, en primer lugar se trataba de pinku eiga, un género que aborda, desde sus nacimiento en 1962 -con la película Nikutai No Ichiba ("Mercado de carne") del pionero Satoru Kobayashi- historias de jóvenes rebeldes con muchas drogas, tono erótico explícito (aunque sin mostrar genitales), obscenos devaneos sadomasoquistas y fetichistas, metraje breve, actores amateurs y bajo presupuesto.

Sin embargo, Wakamatsu impregnaba sus cintas de sus reflexiones personales sobre la realidad política de su país, entre modosos desnudos y temáticas violentas. Algo incómodo para muchos políticos, ciertos sectores privilegiados, y para los críticos cinematográficos más mainstream.

Renovación del pinku-eiga

La llegada de Wakamatsu al pinku eiga significaría para el género un toque sumamente personal, renovador, un soplo de aire fresco al asociar por primera vez lo erótico a lo político.

Sus primeras películas durante los años sesenta lo muestran ya como un creador revolucionario: Dulce trampa, Mujeres salvajes, Estrategia erótica... En 1965, ante su increíble éxito, pudo fundar su propia productora, filmando Secrets Behind The Wall que fue seleccionada por el Festival de Berlín -entre grandes escándalos-, historia de un joven voyeur inmerso en una sociedad incapaz de darle un futuro, crítica de la sociedad japonesa contemporánea.

Un año después ruedaTaiji ga Mitsuryo Suru Toki (The Embryo Hunts In Secret), en la cual un hombre secuestra, tortura y abusa sexualmente de una mujer, que finalmente logra escaparse y asesinar a su captor.

Por entonces, Wakamatsu empezó a sentirse atraído por la extrema izquierda japonesa. Con ello, su erotismo sadomasoquista, lleno de guiños a la obra del Marqués Sade, se transformará plenamente en mensaje político, como se aprecia en películas tan logradas como Violated Virgin o Ecstasis of the Angels.

Entonces, pasó a coguionizar y trabajar como productor ejecutivo en el film de Nagisa Oshima El imperio de los sentidos, tras cuyo sonoro éxito, se producirá un período largo de silencio, un vacío creativo que se ha prolongado hasta fechas recientes.

El erotismo político rezuma por doquier en la producción de Koji Wakamatsu, y especialmente en aquélla de los años 1960-1971, por ejemplo en United Red Army (1971), estrenada por primera vez en Europa (Francia) en 2010.

En 2010 volvió a ser noticia mundial tras el estreno, ante el público galo, de su última película Caterpillar ("Gusano", traducida en castellano como El soldado Dios), sobre un militar japonés que vuelve a casa tras la Segunda Guerra Mundial, lleno de condecoraciones pero brutalmente mutilado de brazos y piernas, obsesionado por las violaciones colectivas que él mismo realizó durante la guerra, y totalmente privado de libertad por su esposa, con la que acaba desarrollando curiosas relaciones sadomasoquistas.

Sexo y política

La relación sexo-política en el pinku-eiga de Wakamatsu es algo indefinible, un fenómeno que él mismo reconoce no saber explicar bien. Es su forma de expresar ideas, a través de ambos elementos. "El artista –asegura- tiene una idea y simplemente quiere expresarla, no explicarla, aunque el público por supuesto tiene todo el derecho de hacer interpretaciones sobre su obra".

El cine de Koji Wakamatsu tiene como eje un vasto imaginario político de guerrilleros y militares exaltados que contrastan con la frivolidad de chicas reprimidas sexualmente o humilladas, voyeurs, la ridiculez de adolescentes acomplejados y mutilados, y diversos personajes de aspecto anodino pero con lados siniestros que explotar.

Su estancia en Palestina en los sesenta, interesado por la lucha guerrillera en la región, le dio la inspiración para The Red Army: Declaration of World War (1971), que le granjearía la consideración de peligroso en algunos países por “vínculos con el terrorismo”. Sin embargo, muchos críticos vieron en Red Army, más bien, una crítica contra la mecánica de las guerrillas, tema recurrente a lo largo de su carrera.

Secrets Behind the Wall (1957), elogiada en Berlín, fue considerada en Japón una “vergüenza nacional”. Esta singular película arranca con una pareja fornicando bajo un cartel de Stalin, mientras ella repite que “se muere” por una cicatriz de su amante, y luego pasa a centrarse en el verdadero protagonista, un vecino voyeur.

La alabada Ecstasy of the Angels (1972) supone la anarquía sexual total sublimada en una guerrilla, que roba explosivos de un cuartel norteamericano, y cuyos miembros acabarán desatando una frenética euforia sexual, que les lleva a la muerte.

En Cycling Chronicles, que acaba con un adolescente alienado asesinando a su madre, llama la atención la banda sonora, especialmente la voz del cantante Kazuki Tomokawa que aúlla y gime, expresando lo que siente el joven.

Estas escenas dan buena cuenta del tipo de ideas de este polifacético director nipón de 75 años, enamorado de su profesión y orgulloso de su trabajo, empeñado en mostrarnos los intentos fallidos de subvertir el orden a través de la política a través de una original codificación sexo-violencia.