Según Artemidoro, en la visión de su época, el vuelo significa un buen presagio, pues se halla por encima de otros; volar con alas significa la libertad para los esclavos y cargos públicos para los ricos y poderosos. Volar por propia voluntad significa que se lograrán proyectos emprendidos; si se vuela en un carro anuncia un impedimento físico o enfermedad.

Contra la gravedad

Volar como los pájaros, o flotar en el aire, son sueños característicos de los seres humanos, sobre todo cuando han llegado a comprender que las cosas tienen un peso, es decir, que si bien la sensación es de liviandad, de desapego de las fuerzas terrestres, la acción de volar no es una cuestión física, sino de una comprensión imaginaria de la cuestión de los pesos y de atracción de la mayor masa a la menor, casi poética.

De todas formas, es una manera de moverse en otro estilo que transcurriendo por la tierra (lo natural), que a veces se sueña también, cuando la traslación se efectúa por escenarios trascendentes o de referencias puntuales que en el aire no existen o son diferentes.

El aire atrae o el suelo se aleja

Siendo el aire un medio transparente y liviano, ascender en este medio, representa todo aquello que es impalpable, no asible y que por lo tanto, no ofrece puntos o escalas donde impulsarse. Puede decirse que aparenta un acto de alejamiento de lo real, ya que no es el medio habitual para un ser terrestre. Desde esta perspectiva, el suelo parece alejarse, como el cuerpo elevarse, la situación se vuelve fantástica por alguna razón que obvia la física de los cuerpos, como por un impulso propio.

La sensación de liviandad es un elemento importante, ya que los pesos o conflictos no influyen en el vuelo y esto es un elemento de la figura de volar. Marcado el contraste del peso, debemos pensar qué significan estos y cuáles son.

Volar es una imagen etérea

Algunas personas recuerdan con euforia los sueños de vuelo, imaginan que se han desdoblado y su alma o cuerpo astral divaga por dimensiones desconocidas. La creencia sobre estos viajes astrales ha cundido a través de la literatura esotérica, se lo considera importante y que revela algún poder especial de la persona. Pero sucede, seguramente, en la propia psiquis y es una figuración interna, no necesariamente significa un fenómeno paranormal, sino que es otra expresión del simbolismo onírico.

El cielo es aire

El aire o la altura inducen a las ideas espirituales o elevadas y no es raro que personas piadosas o que se hallen en roles religiosos de ayuda y de militancia de la fe, se sientan “aéreos” y no puedan evitar verse a si mismos más cerca de Dios en el cielo que las demás personas. También puede suceder con los individuos que se consideran superiores, sea intelectualmente o por clase social. Es posible que además de volar se vean gigantes o muy poderosos. La idealización es un riesgo para el yo y los sueños lo previenen.

De la poesía al orgasmo

Las actitudes artísticas, puede decirse, son una sublimación de los estados corporales, la sensación de placer y bienestar logrado por el soma es llevado a las palabras, a los conceptos y las categorías del lenguaje. El orgasmo humano es considerado la culminación de las sensaciones corporales y constituye un acto que no tiene alguna descripción exacta, sino que se metaforiza en imágenes excelsas. A un paso de la poesía y a un paso de lo espiritual, despegándose del cuerpo material.

Según Freud volar alude a estados del éxtasis sexual, donde el placer es intenso y se presenta un alejamiento del cuerpo momentáneo. Crueles han sido las comparaciones del rostro de éxtasis de algunos personajes considerados santos, con el rostro de actrices porno en un orgasmo real o simulado.

El recuerdo de estos estados de desvinculación somática, bien pueden repetirse en los sueños con otros contenidos o significados. Solamente se explicaría el caso en los adultos, ya que los niños tienen otra percepción; para ellos, volar es mágico o cuestión de superhéroes.

Las figuras del vuelo

Las aves en general, surcan los cielos porque es su naturaleza, pero para una persona humana no es natural, es una fantasía y si vuela está indicando, por lo pronto, un medio que le es ajeno. Y donde no se es llamado, existen las dificultades. La solución de un problema no es una sensación de bienestar que conforma un placebo momentáneo.

También vuelan las águilas que acechan a los pichones, o los cóndores que van hacia la carroña. La lechuza vigila casi siempre en una rama gruesa, y los picaflores danzan frente a una flor cambiando de colores en el sol, no porque sean poéticos, sino porque se alimentan.

Lo prosaico, en este caso, lleva a un desvelamiento de las imágenes del sueño; volar es un estado de desprendimiento del yo, luego, depende de qué se está distanciando y por qué lo hace, lo cual está relacionado exclusivamente con los conflictos del soñador.