La misoginia y las lecturas interesadas de la Biblia relegaron durante años a la mujer al ámbito doméstico. Su educación, orientada al matrimonio o a la vida religiosa, le otorgaron un destino pasivo dentro de la comunidad, subordinando su vida a un marido o a Dios. Muchas se rebelaron a esta suerte ejerciendo el poder o aprovechando los recursos de la vida conventual, para desempeñar su labor a través de la ciencia y la medicina asistencial.

Mujeres y educación en la época medieval

La educación medieval estaba en manos de la Iglesia, que consideraba a la mujer un ser inferior al hombre identificándola con la Eva bíblica, inductora del pecado original. La otra imagen de la “mujer-madre” se asimilaba a la Virgen María, dejando a las que no encajaban dentro de estos estereotipos un estrecho margen para su realización personal y social.

Se partía de una curiosa premisa: en la mujer, al predominar el cuerpo sobre la mente, la formación intelectual es inútil. Las palabras de fray Martín de Córdoba reflejan el sentir de la época: “Las mujeres siguen los apetitos carnales, como es comer e dormir e folgar, e otros que son peores. É este les viene porque en ellas no es tan fuerte la razón como en los varones, pues las mugeres son mas carne que espíritu”. Pero otros opinan que no es bueno privar a todas de la vida intelectual, ya que las reinas y princesas deben recibir una sólida educación.

Efectivamente, las únicas que podían acceder a cierto nivel educativo pertenecían a la nobleza, estando las de clase inferior condenadas al analfabetismo. Las más privilegiadas recibían una formación muy selectiva y enfocada a la religión, los textos sagrados, la música o las labores del hogar.

Con frecuencia eran instruidas por un tutor o un familiar especialmente sensibilizado con la injusticia que suponía silenciarlas.

Mujeres escritoras en la Edad Media

Cuanto más alejada estuviera la mujer de la cultura, más virtuosa sería. Ésta idea, muy arraigada en la sociedad y la literatura de la época, recomienda separar a la mujer de las letras lo más posible. A pesar de esta situación, la mujer fue trasmisora de conocimientos en la época medieval al estar encargada de la educación de los hijos. Por otro lado, ciertos ambientes como el monástico o el trovadoresco, facilitaron que pudieran romper el círculo, vencer los estereotipos creados y alzar su voz a través de sus escritos.

Dhuoda de Gascuña

Pertenecía a la alta nobleza de la corte carolingia del siglo IX, donde recibió una esmerada educación que le permitió dirigir y administrar sus propiedades en el sudeste de Francia.

Duquesa de Septimania por su matrimonio con un primo de Carlomagno, escribió en latín una importante obra, el Liber Manualis, considerado el primer tratado pedagógico de época medieval.

Dedicado a su hijo Guillermo, en él desgrana las ideas educativas de la aristocracia franca y la jerarquía de autoridades que todos han de respetar. Dios, el emperador y el padre son figuras inamovibles que dejan poco espacio al sentimiento materno, en una clase social que tenía como práctica común separar desde muy temprana edad a los hijos de sus madres.

Eloísa de Paráclito (1101-1162)

El nombre de esta parisina permanecerá siempre unido al de su esposo Abelardo y a sus desgraciados amores. Citando a los clásicos, como Séneca, Cicerón, San Agustín o Aristóteles, nos emociona al poner por escrito su amor hacia Abelardo mientras grita con sus palabras quejas contra Dios y el mundo que tan duramente les ha juzgado: “Nunca, Dios lo sabe, he buscado en vos otra cosa que á vos mismo. Es á vos, á vos solo, no a vuestros bienes a quien yo amo” (Epístola II)

En su obra habla del papel de la mujer en el mundo, revelando que ella misma se veía un ser dual: como monja se sometía a Dios, como individuo y mujer, pertenecía a Abelardo. Eloísa le sobrevivió 20 años, reuniéndoles la eternidad bajo un sepulcro doble en el cementerio parisino de Pére Lachaise.

Cristina de Pisan (1364-1430)

Veneciana de nacimiento, tuvo una educación privilegiada al acompañar a su padre a Francia cuando éste fue nombrado miembro del Consejo Real de Carlos V. Contrajo matrimonio con el secretario del rey quedando viuda muy joven, a los 25 años, y con graves problemas económicos.

“Ha llegado el momento de que las severas leyes de los hombres dejen de impedirles a las mujeres el estudio de las ciencias y otras disciplinas”, la energía de estas palabras nos habla de la entereza de esta mujer que en el siglo XIV no sólo dejó escritos sus pensamientos, sino que también logró vivir de ellos.

En su obra La Ciudad de las Damas, defiende la educación femenina criticando a los hombres que identifican a la mujer con el vicio y la estupidez, y en el Libro de las Tres Virtudes desarrolla un programa educativo para una princesa que incluye lectura, escritura, cálculo y Derecho.

Leonor López de Córdoba (1363-1412)

Hija de un maestre de las Órdenes de Calatrava y Alcántara, vivió en la corte castellana sirviendo a varios reyes de la Casa de Trastámara. Es la autora de la primera autobiografía de la que tenemos constancia en la literatura de Castilla.

Sus Memorias, narradas en primera persona y bajo un prisma femenino, se han convertido en una fuente inestimable para conocer el funcionamiento, las intrigas y los hechos que se vivieron en una etapa política tan interesante.

Además de las citadas hubo otras, como la abadesa alemana del siglo XII, Hildegarda de Bigen; Margerite Porette, autora mística del XIV; o las trobairitz, que en lengua occitana nos legaron bellos poemas de tema amoroso.