Después de haber estado más de doce horas diarias en la casa del ser amado y de haberse desplazado continuamente hasta su casa, muchas parejas deciden dar el gran paso: vivir juntos.

Con esta transición, se emprende una de las aventuras más arriesgadas para la relación, pues a través de ella se descubre si en verdad se ha madurado como pareja y si la unión entre ambos, va más allá de lo superficial. Isabel Corpas, autora de Planeación estratégica para parejas coincide con esta idea, pues sostiene que “convivir es una prueba complicada en la que demostramos muchas cosas concretas de nuestro modo de ser, y en definitiva, el estilo final de cualquier pareja”.

¿Pero, cuál es la verdadera clave de la felicidad y el éxito de la convivencia en pareja? La respuesta a dicha interrogante no consiste en una sola palabra, sino en un conjunto de palabras que se resumen en valores y principios, que son fundamentales para que la relación funcione lo mejor posible.

La importancia del concepto de unidad

Uno de los principios fundamentales para la buena convivencia tiene que ver con el concepto de unidad. Vivir en pareja es como formar parte de un “torneo”, en el que ambos tienen que pertenecer al mismo equipo y dar lo mejor de sí para llevar la relación al éxito.

Esto significa: seguir ciertas reglas, tomar decisiones en conjunto, dividir responsabilidades, enfrentar los obstáculos que se interponen en el camino y muchas otras acciones que requieren la participación de ambos. Bajo esta visión, es importante recordar que deben apoyarse el uno al otro aún en los momentos más difíciles, pues como dice el dicho “la unión hace la fuerza”.

El llevar este lema a la práctica es de suma importancia, pues muchas veces ocurre que en los momentos en los que una pareja requiere de estar más unida que nunca, la presión de los problemas externos, hace que cada uno opte por resolver el conflicto a su manera. Lo ideal, es sentarse a discutir el asunto, analizar las posibles soluciones y finalmente, elegir aquella con la que ambos estén de acuerdo.

Responsabilidades y obligaciones

Una vez teniendo como base el concepto de unidad, es importante que ambos establezcan ciertas responsabilidades y obligaciones. Esto ayuda a que la relación sea lo más equitativa posible, evitando así, que alguno de los dos sienta que está dando o haciendo más que el otro.

Isabel Corpas, hace hincapié en este hecho, subrayando la importancia de diseñar un “manual de funciones”, en donde se llegue a acuerdos equitativos y satisfactorios, con respecto a cómo llevar las tareas y las obligaciones. “La división de oficios no necesita ser 50/50 sino repartirlos de tal manera que los dos se sientan bien con lo que les corresponde. Establecer que hay cosas en las que definitivamente los dos tienen que participar, como dejar las cosas en su sitio y recoger el desorden”, aconseja la autora.

En este sentido, es importante que cada uno se sienta a gusto con lo que le toca hacer, para que no lo sienta como una obligación y termine por desertar esa tarea. Por ejemplo, si a uno de los dos le gusta cocinar, éste puede hacerse cargo de preparar la comida y el otro de lavar los platos.

Generosidad, respeto y empatía

Otros de los elementos fundamentales para la convivencia armoniosa y la salud emocional de la pareja, tienen que ver con la generosidad, el respeto y la empatía.

Por generosidad se debe entender, dar sin esperar nada a cambio. Esto se manifiesta en pequeños detalles como regalarle a la pareja, algo que le haga falta o ilusión, antes que comprarse algo a uno mismo. O dedicarle unos minutos a la otra persona, para ver con ella su programa de televisión favorito, aunque se esté muerto de cansancio.

Asimismo el respeto, es uno de los ingredientes necesarios para el éxito de la convivencia en pareja. Quizás, una de las definiciones más adecuadas sobre el significado de este valor lo ofrece la página web Definición.de, pues de acuerdo a ésta, “el respeto es un valor que permite que el hombre pueda reconocer, aceptar, apreciar y valorar, las cualidades y derechos del prójimo”.

Así, el respeto hacia la pareja se manifiesta en pequeñas acciones como: dedicándole tiempo, dándole su espacio, hablándole y tratándolo con cariño, felicitándolo por sus logros, escuchándolo y tomando en cuenta sus opiniones, entre otras acciones que la hagan sentirse valorada como ser humano.

Finalmente, la empatía, es lo que comúnmente se conoce como “ponerse en los zapatos del otro”. Este valor es de suma importancia para alimentar el sentimiento de unidad en una pareja. Significa estar dispuesto a escuchar, sin juzgar, y a entender lo que está sintiendo en ese momento la otra persona. Requiere de desprenderse por un momento de quien se es como individuo, para incorporarse a la manera de pensar y de sentir de nuestra pareja.

Muchas veces sucede que alguno de los dos, es más emotivo y se toma las cosas más a pecho que el otro. No tener empatía hacia la pareja significa pensar que el o ella es una “exagerada” por tomarse las cosas tan en serio o no tolerar la reacción de la otra persona ante ciertas circunstancias.

El éxito de la convivencia, depende de los dos

No cabe duda de que por más atracción y enamoramiento que exista, la convivencia puede fracasar, si no existe la unidad, el respeto, la empatía y la generosidad, suficientes. Dejar de fomentar y mantener una relación equitativa, también podría ser perjudicial para la coexistencia, en el sentido de que alguno de los dos podría llegar a sentir que está dando más que el otro. Es por ello que el éxito de la convivencia, requiere que los dos den lo mejor de sí, para crear una sinergia que sea capaz de acabar con todo aquello que pudiera representar una amenaza contra la convivencia armoniosa.