Una de las cosas que más te sorprende al viajar a la capital francesa es la sensación constante de estar en un lugar conocido ya. Se dice que no llegas realmente a París hasta que ves la Torre Eiffel, pero, ¿cuáles son los lugares que no podemos perdernos en un viaje a París?

Con cerca de 26 millones de visitantes al año procedentes de todo el mundo, hay multitud de rutas para visitar la ciudad, casi tantas como personas nos hablen de ella. París es una ciudad diseñada para pasear, para conocer sus monumentos y lugares sin prisas. De momento, nos conformaremos con una “primera cita” con ella.

París es la Torre Eiffel

En 2011, la Torre Eiffel celebra sus 120 años de historia. Símbolo indiscutible de la ciudad y uno de los monumentos más visitados del mundo, en el año 2010 la visitaron cerca de siete millones de turistas.

Diseñada por Gustave Eiffel para la Exposición Universal de 1889, aguantó la oposición masiva de la élite artística y literaria de París durante su construcción. Estuvo a punto de ser derribada en 1909, pero se salvó porque resultó ser una genial plataforma para las antenas de radio.

Con una altura de 300 metros, fue durante muchos años el edificio más alto del mundo hasta la construcción del Chrysler Building de Nueva York en 1930. Hoy mide 320 metros ya que se le han sumado las antenas.

Se puede ascender hasta tres niveles de altura, por escaleras o por ascensor: 57, 115 y la última a los 276 metros. Si no se padece de vértigo o miedo a las alturas, la vista de toda la ciudad de París será uno de los recuerdos más impresionantes que se puede llevar uno de la ciudad.

La Torre Eiffel centellea los primeros cinco minutos de cada hora, cuando adquiere las funciones de faro de la ciudad, desde el anochecer hasta la una de la madrugada en invierno y hasta las dos en verano.

La buscas desde que pones pie en París (como en la película French Kiss) y muchos parisinos nos dirán que no has estado realmente en París si no has visto la Torre Eiffel.

De paseo por la orilla derecha del Sena

Construido entre 1806 y 1836 al estilo de los arcos romanos, el Arco del Triunfo fue el homenaje de Napoleón Bonaparte a su ejército invencible tras ganar la Batalla de Austerlitz en 1805, aunque el Emperador murió sin ver la colosal obra terminada.

Desde 1920 acoge en su bajo la Tumba del Soldado Desconocido, una llama que se reaviva cada día a las 18:30. Cada 11 de noviembre, fecha de la firma del armisticio entre Francia y Alemania en 1918, se realiza un acto conmemorando a aquellos héroes anónimos.

Sobre las caras exteriores del Arco están grabadas las victorias militares de Napoleón I. Sobre los muros interiores del monumento están inscritos los nombres de los 558 Generales del Imperio francés. Los nombres de aquellos que murieron en combate están subrayados.

284 escalones nos separan de una maravillosa vista, a 55 metros de altura, de la cuidad. Podremos disfrutar de la vista de las doce avenidas que confluyen en la “Place de L´Etoile” (Plaza de la Estrella), que es como se suele llamar a la plaza donde está ubicado, aunque su nombre oficial es Plaza Charles de Gaulle; impresionante perspectiva del Museo del Louvre y la Place de la Concorde, en el extremo este de los Campos Elíseos.

Una de las grandiosas avenidas que confluyen en la Plaza Charles de Gaulle son los Campos Elíseos. Es considerada por los parisinos la avenida más hermosa, famosa y elegante del mundo, es también la zona de compras más exclusiva y cara del mundo, cuenta con las tiendas más exclusivas a nivel mundial como Chanel, Louis Vuitton o Cartier. Los franceses suelen llamarla la avenida más hermosa del mundo (“la plus belle avenue du monde”).

Se dice asimismo que los 1880 metros que separan el Arco del Triunfo de la Plaza de la Concordia nunca duermen: de día es un hervidero de parisinos y turistas, compradores o trabajadores y de noche sigue despierta por las terrazas, cines y discotecas que se intercalan con las famosas tiendas. Hay quien la llama “La Quinta Avenida de Europa”.

En la mitología griega, los Campos Elíseos era la región donde iban a parar los héroes y hombres virtuosos después de su muerte. Los franceses lo “adaptaron” y los Campos Elíseos ha sido históricamente el lugar elegido para las solemnidades y los desfiles, el más famoso de ellos, el que tuvo lugar después de la liberación de París en la Segunda Guerra Mundial, desfile que se conmemora todos los años el día 14 de julio, día de la Fiesta Nacional.

También es conocida por los amantes del deporte, ya todos los años se celebra allí la etapa final del Tour de Francia y la ceremonia final se realiza con el Arco del Triunfo de fondo.

Seguimos bajando por los Campos Elíseos y nos encontramos con la Plaza de la Concordia, una de las plazas más concurridas de la ciudad de París. Su situación ofrece vistas espectaculares de una de las zonas más atractivas de la ciudad: se encuentra a medio camino entre el Museo del Louvre y los Campos Elíseos.

Construida entre 1755 y 1775 en la época de Luis XIV; durante la Revolución Francesa se colocó en la plaza la tristemente famosa guillotina y en ella tuvieron lugar más de mil ejecuciones, entre ellas, las del rey Luis XVI y su esposa María Antonieta.

En el lugar que ocupaba el patíbulo se colocó en 1836 el Obelisco de granito. Regalo de Egipto, proviene del Templo de Ramsés en Luxor. Sus 27 metros y 227 toneladas de peso hicieron que su traslado a París causara multitud de peripecias; algunas de las técnicas usadas para su transporte están descritas en su pedestal.

La tumba de Napoleón, lugar de encuentro con la gloria del pasado francés

Nos desviamos un poco y dejamos la línea del Sena para conocer el Hotel de los Inválidos (Hôtel des Invalides, en francés). Es imposible no encontrarlo, su cúpula dorada es visible desde varios puntos de la ciudad.

Fue creado por el rey Luis XIV para alojar a los soldados heridos de guerra (de ahí el nombre de inválidos) o demasiado ancianos para el servicio, como una forma de asegurar ayuda y asistencia a los que no se podían valer por sí mismos.

En 1840 los restos de Napoleón fueron traídos desde la isla Santa Elena, por deseo del rey Luis Felipe, desde entonces su sarcófago está colocado justo debajo de la cúpula, en una imponente tumba de piedra roja de Rusia.

También se conservan aquí los restos del hermano de Napoleón, José I de España, rey que “colocó” Napoleón y al que los españoles llamaban Pepe Botella por su supuesta afición a beber de todo menos agua.

En la actualidad también acoge el Museo de la Armada, uno de los más importantes museos de arte e historia militar del mundo, el Museo de la Artillería, cuyas piezas adornan los patios y al que pertenecen también los cañones que se ven en la entrada.

Cuenta una historia que, el día clave de la Revolución Francesa, en 1789, los revolucionarios, en su camino a la cárcel de la Bastilla, robaron las armas que necesitaban para tal empresa en los Invalides.

Un museo tan bello por fuera como por dentro

Para terminar nuestra primera cita con París, y tras descansar si nos apetece en el Jardín de las Tullerías, llegaremos a nuestro destino final: el Museo del Louvre.

Con 8 millones y medio de visitantes en 2010, el Louvre es el museo más visitado del mundo. Alberga una de las mejores colecciones de arte anterior al impresionismo, reunidas por mecenas. Un lugar que impresiona nada más poner el pie en él.

El Louvre cuenta con una impresionante variedad de obras de la antigüedad (Oriente, Egipto, Grecia y Roma) y una exhaustiva colección de pintura europea.

El proyecto Grand Louvre, auspiciado por el entonces presidente francés François Mitterrand fue inaugurado en 1989, que consistió en la construcción de las galerías subterráneas y la instalación de la polémica Grande Pyramide de cristal de 21 metros de alto del arquitecto japonés Ming Pei de la entrada, que hoy día se ha convertido en un emblema del museo.

Para visitar el Louvre hay que tener claro que no se puede ver todo en una sola visita, así que lo ideal sería tener claro de antemano lo que queremos ver. En el mismo museo te ofrecen un folleto de primera visita. Se necesitaría casi un mes para verlo con tranquilidad, con lo que lo ideal es hacer la criba con anterioridad y priorizar las salas antes de entrar.

Una de las obras más visitadas es la Mona Lisa de Da Vinci y la Virgen de las Rocas, en la misma Sala; esta última sobre todo desde la aparición del best-seller El Código Da Vinci.

No están todos los que son, pero sí son todos los que están. París es tan hermosa y tiene tanto por ver que cualquier resumes de los lugares que debemos ver se quedaría corto. Con esta ciudad pasa al contrario que lo que dice la canción: “al lugar donde has sido feliz, SI debieras tratar de volver”. París es una cuidad a la que siempre quieres volver, siempre tienes la excusa de que te ha quedado algo por conocer o por disfrutar.