La hepatitis A se caracteriza por una inflamación aguda del hígado. A diferencia de la hepatitis B y la hepatitis C, la hepatitis A no puede ser crónica. Tras la infección el organismo genera anticuerpos que inmunizan al individuo contra el virus de la hepatitis A. Aunque cualquier persona puede contraer la enfermedad, hay ciertos grupos de riesgo, como son las personas que han recibido transfusiones de sangre, los hombres que hayan mantenido relaciones sexuales con otros hombres o los niños que asisten a las guarderías así como el personal que trabaja en ellas.

Sintomas de la Hepatitis A

Los síntomas de la hepatitis A son similares a los que se experimentan con la gripe, aunque también puede darse el caso de que la hepatitis A sea asintomática. Los síntomas también pueden confundirse con enfermedades como el lupus eritematoso sistémico o medicamentos como el acetaminofen o el ácido valproico. Cuando los síntomas aparecen, entre los 15 y los 40 días después de la infección, suelen hacerlo de forma brusca. Los más comunes son:

  • Ictericia.
  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Fiebre.
  • Pérdida de apetito.
  • Prurito.
  • Excremento de color claro.
  • Orina de color oscuro.
  • Dolor abdominal.

La vacuna para la hepatitis A

La vacuna para prevenir la infección de la hepatitis A se denomina Havrix o VAQTA. Contiene el virus entero inactivado de la hepatitis A. La vacuna estimula al organismo para producir los anticuerpos. Se administra mediante una inyección en el brazo, quedando protegido contra la infección al cabo de dos semanas. De todos modos son necesarias dos vacunaciones para asegurar la protección completa. Esta segunda dosis se administrará al cabo de 6 a 12 meses después de la primera vacunación.

Las personas que ya hayan padecido la hepatitis A no necesitan vacunarse, ya que una vez recuperados quedan inmunes de por vida. Otras personas a las que no es aconsejable vacunar son las alérgicas a los componentes de la vacuna, los niños menores de 1 año, las embarazadas o las personas enfermas o con fiebre (debiéndose posponer la vacuna hasta que remita la enfermedad).

Aparte de dolor de la propia inyección, la vacuna puede tener algunos efectos secundarios, si bien son poco probables. Los más destacados son:

  • Inflamación o hematoma en el lugar de la inyección.
  • Fiebre.
  • Fatiga.
  • Dolor de cabeza.
  • Náuseas.
  • Inapetencia.
  • Dolores musculares.

Contagio de la hepatitis A

El contagio de la hepatitis A se produce a través del agua o de los alimentos contaminados, pudiendo contraerse cuando se viaja a zonas donde la enfermedad es endémica. La hepatitis A no se contagia a través de la saliva ni con el contacto sexual, excepto si las relaciones son de tipo anal. El periodo de contagio se inicia unas dos semanas antes de que aparezcan los primeros síntomas y dura hasta una semana después de que estos hayan aparecido.

Diagnóstico y tratamiento de la hepatitis A

En primer lugar se procede al diagnóstico mediante un análisis de sangre o bien con una biopsia del hígado. Estas pruebas no solo verifican la existencia de la hepatitis, también determinan de qué tipo se trata y de la gravedad de la misma.

Por lo general la recuperación de la hepatitis A se produce sin demasiadas complicaciones. No existe un tratamiento específico para la hepatitis A, sino para los síntomas que se manifiesten. A modo indicativo es recomendable guardar cama durante los días necesarios según sea el estado de la persona, llevar una dieta rica en proteínas y escasa en grasas, tomar líqidos con abundancia y no beber alcohol hasta estar restablecido por completo.

Medicamentos para la hepatitis A

No hay medicamentos ni antibióticos específicos contra la hepatitis A, solo ciertos fármacos que pueden aliviar los síntomas. En cualquier caso habrá que seguir las indicaciones del médico. Están desaconsejados ciertos medicamentos, como por ejemplo los analgésicos, incluido el parecetamol, y los tranquilizantes. Debe evitarse cualquier medicamento que afecte al hígado.

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