La cooptación de los enemigos no es nueva para la humanidad. No deja de sorprender cuando la vemos actualmente enquistada en la corrupción política que asola al mundo, pero que se hace especialmente destacable en algunos países hasta límites inconcebibles, pese a su negación por el poder corruptor. En la época de Viriato, siglo II a.C, también se imponía el sistema, con resultados tal vez más brutales por los escasos valores que la vida tenía en esos tiempos, y fue justamente la vida lo que le costó a Viriato, la cooptación de sus oficiales por Roma, acción que luego también fue negada por los romanos.

Orígenes de la actuación del lusitano Viriato

Viriato marca un antes y un después en la historia de Hispania. Se deduce que nació en Monte Herminius en la denominación romana, lo que sería la actual Sierra de la Estrella. La zona de dominio de los lusitanos comprendía la región central de Portugal hasta el océano Atlántico en el oeste y llega hasta los territorios de Extremadura (Cáceres y Badajoz) y partes de Castilla en el este (Salamanca, Zamora y León), en España.

Viriato nació hacia el 180 a.C. en la tribu lusitana, una tribu cuyos orígenes se entremezclan, como el de otras tribus ibéricas, entre los aportes preíberos, íberos y sobre todo, celtas.

Los lusitanos vivían en un ambiente montañoso, por lo que su principal actividad era la pastoril; de ahí su rudeza y su eficacia en la guerra de guerrillas en montañas, que tantas derrotas causó a los romanos.

Viriato representaba el paradigma del ser lusitano, es el pastor guerrero que prefiere la libertad y la resistencia al invasor, que el boato de las riquezas de los jefes de otros pueblos ibéricos que se habían hecho vasallos de Roma. Viriato era un hombre de fortaleza física y espiritual, acostumbrado a la sobriedad que impone el duro ambiente y clima de la meseta montañosa ibérica.

Un relato sobre su sobriedad refiere a que el día que se casó - con la hija de un comerciante rico llamado Astolpas -, llevó consigo las armas, y una vez celebrada la boda, subió a su esposa al caballo y partió para su hogar en las montañas.

Actuación militar de Viriato

Viriato empezó su actuación militar contra Roma cuando en 150 a. C. se salvó milagrosamente de una masacre que llevó a cabo el gobernante local romano de Cauca – actual Segovia -, Lúculo, quien junto con el comandante militar, el pretor Servio Sulpicio Galba, atrajeron con engaños a la población lusitana para desarmarla en el marco de un armisticio pactado, en el que los romanos les entregarían tierras. Una vez reunidos, fueron asesinados en gran número – unos diez mil según las crónicas – y el resto – unos veinte mil -, fueron vendidos como esclavos.

La acción llegó a escandalizar al propio Senado romano, pero lo peor para Roma fue en realidad que Viriato fuera testigo y sobreviviera a la masacre, atento a que fue este genocidio lo hizo pasar a encabezar la más grande rebelión que padecieron los romanos en el marco de las llamadas guerras celtibéricas.

Utilizó casi siempre la guerra de guerrillas y combates con emboscadas en bosques y montañas, en los que derrotó sucesivamente a ejércitos enteros al mando de Cayo Vetilio – hacia 147 a. C. -, Cayo Plaucio, Claudio Unimano y Cayo Nigidio, llegando a tomar hacia 145 a. C. la ciudad de Segóbriga – hoy están sus ruinas en la provincia de Cuenca -.

La reacción de los romanos ante Viriato

Ante el descalabro Roma envió un poderoso ejército al mando de Quinto Fabio Máximo Emiliano, de la familia de los Escipiones, quien puso en fuga a Viriato hacia las montañas hacia 144 a. C..

Los romanos menospreciaron su huida y Viriato volvió en los años siguientes a infligirles importantes derrotas en la Hispania Citerior y en la Bética (Ulterior). Sus rcurrentes retiradas a la montañas y sus vueltas a atacar desconcertaron a los romanos, que se vieron superados siempre, hasta que en 140 a. C., Serviliano, uno de los que había sido duramente derrotado por Viriato, firmó un armisticio, por el que Viriato era reconocido como amigo de Roma y se lo consideraba rey de sus dominios. El tratado no fue reconocido por el Senado de Roma y al año siguiente (139 a.C) y tras nueve años de dura guerra, otro jefe romano, Quinto Servilio Cepión – hermano de Serviliano -, instigó la traición de los capitanes lusitanos Audas, Ditalcón y Minuros, quienes asesinaron a su jefe mientras dormía en su tienda. Un relato refiere a que los traidores no fueron recompensados por su acción, aunque seguramente se trata de un relato mítico de una frase difundida posteriormente: "Roma no paga a traidores".

Legado de Viriato

Viriato es el personaje de la historia de un pueblo que surge en los momentos de zozobra. Su resistencia marca un momento bisagra en la historia de Hispania y de esa época en la que ese territorio estaba ingresando al mundo romano. Su resistencia feroz y su renuencia a rendirse hasta el punto de ser asesinado por traición, fueron motivo de su elevación al altar de los próceres ibéricos como paradigma de su carácter.