Todo ser humano necesita tener un concepto de sí mismo que sea sano. Para que cada persona se desarrolle de manera equilibrada dicho autoconcepto debe ser positivo.

La autoestima es radical para un desarrollo estable de la persona.

Violencia y autoestima

Según un estudio realizado por la Organización Panamericana la violencia contra la mujer y las niñas produce un “fuerte impacto sicológico en la autoestima femenina, deteriorando su capacidad de obrar por sí mismas y generando sentimientos de incompetencia”.

Las mujeres golpeadas tienen mayor tendencia a la depresión y a desarrollar personalidades inestables e inseguras.

Diferentes ámbitos donde se expresa la violencia

En el plano familiar es común que muchas mujeres lleguen a aceptar el castigo físico y psicológico porque han sido convencidas de niñas que si alguien es castigado es porque lo merece.

En el plano social, muchas culturas sostienen paradigmas conductuales donde no sólo avala sino que alienta conductas de violencia familiar.

En el discurso religioso, las interpretaciones patriarcales de los textos sagrados no sólo justifican sino que también avalan los ejemplos de misoginia y abuso.

Las telenovelas presentan una visión distorsionada de la mujer, con énfasis en el masoquismo femenino, el estereotipo es que deben soportar la agresión y llegar a querer la situación en la que viven.

En el ámbito educativo, se presentan roles fijos que justifican los excesos, como este diálogo de un texto escolar: “A veces los papitos se enojan, pero hay que entenderlos porque vienen cansados de su trabajo”.

La imagen que se presenta de la mujer es la de una persona que no sólo debe estar dispuesta a recibir mal trato sino que es preciso que lo acepte como algo normal.

Por esta razón, muchas mujeres desarrollan aversión hacia su sexo sosteniendo que es más una maldición que una bendición. Muchas mujeres repudian el pertenecer al "sexo débil", por las situaciones a las que se ven expuestas.

Violencia y autoimagen

La violencia familiar en muchos casos sólo viene a refrendar lo que ya se supone como predecible. Es patético, que afectadas por su entorno, muchas mujeres cambian un padre golpeador por un esposo abusador.

Muchas mujeres golpeadas psicológica y físicamente por sus maridos o compañeros se creen ser merecedoras de aquel trato, porque no son lo suficientemente inteligentes, capaces, o aptas.

La mujer que es golpeada desarrolla un bajo concepto de sí mismo. Si la violencia física o la agresión psicológica se mantiene en el tiempo, no sólo adquiere patrones conductuales patológicos, sino que se ve alterada su relación con sus hijos y con su entorno social.

Las mujeres golpeadas desarrollan lo que Jesús Arina, en su artículo titulado: “¿Por qué se mantiene la mujer en esta relación?” llama “ambivalencia afectiva”, que se expresa en frases como la siguiente: “¡Qué bueno es él cuando no me golpea! ¡Cuando él está tranquilo es un amor!".

Esta ambivalencia hace que no se tenga conciencia de la situación inestable en la que se está inmerso.

Muchas mujeres golpeadas en su dignidad como mujer y dañadas psicológicamente desarrollan una conducta de inhabilidad para la toma de decisiones. No saben qué hacer ni qué paso dar en su vida. Un rasgo característico de personas con su autoestima dañada.

Conclusión

La mayoría de las víctimas de agresión familiar necesitarán psicoterapia.

Sin embargo, como sostiene Lenore E. Walker, en el artículo “Terapia para sobrevientes con mujeres golpeadas”, publicado en la Revista Argentina de Clínica Psicológica, está demostrado que quienes “cuentan con un sistema natural de apoyo por parte de la familia y los amigos” logran salir más fácilmente de las secuelas psicológicas que les acarrea el maltrato, y en muchos casos, no necesitan ayuda de terapeutas.

El drama se da cuando el entorno no sólo es cruel, sino que quienes deberían ayudar de manera natural como los familiares cercanos y los amigos, simplemente se hacen a un lado.