Las violaciones que sufren niñas y mujeres, el acoso sexual diario que soportan ellas sin estar conscientes del mismo y los toqueteos a los que son sometidas sin su consentimiento, son algunas manifestaciones de la violencia sexual que soportan muchas mujeres en el mundo, independientemente de su nivel socioeconómico, raza, religión, etnia, profesión o ideología.

Sus efectos tienen repercusiones que son más difíciles de superar, a diferencia de los daños de la violencia física. Afectan la autoestima de la persona, la seguridad personal, la estabilidad emocional, la libertad individual, la integridad personal e incluso el desarrollo de la economía de los países y el desarrollo de la misma sociedad en cuanto a lograr la equidad y el respeto de los géneros.

La violencia sexual es definida por las Naciones Unidas como el crimen privado más extendido en todo el mundo. Asimismo al existir tan pocas investigaciones al respecto, se le considera como el tipo de violencia más desconocida, más silenciada y por sus alcances, la más peligrosa.

Manifestaciones de violencia sexual

La violencia sexual abarca el sexo bajo coacción de cualquier tipo produciendo en la víctima daño físico, psicológico y emocional.

Sus manifestaciones van desde golpes para forzar a la persona a tener relaciones sexuales, así como la humillación sexual en el matrimonio y cualquier tipo de agresión que atente contra la integridad de la sexualidad de las mujeres y niñas.

Son formas de violencia sexual, la comercialización de mujeres para obligarlas a ejercer la prostitución, los métodos de algunos países en los que la mujer es sometida a prácticas para comprobar su virginidad, la negación a utilizar métodos anticonceptivos incluida también, la mutilación genital.

Esta última consiste en la extirpación total o parcial de los órganos sexuales externos femeninos, ya sea por motivos culturales o religiosos. El tipo de mutilación genital más común que existe es la escisión del clítoris y labios menores, aunque existen otras prácticas que dejan secuelas permanentes en la vida de quienes han sido sometidas a ellas.

Este fenómeno es una situación alarmante debido a que se ha vuelto un asunto cotidiano, sistemático, privado, “silencioso” . En casos como la mutilación genital, hasta aprobado culturalmente.

El ejercicio para combatir la violencia sexual en todo el mundo se torna un asunto bastante difícil debido a sus dimensiones, la falta de información y también a la poca denuncia que existe sobre los casos.

La violencia sexual se produce en los protegidos espacios privados

Los protegidos espacios privados son lugares conocidos por la víctima y en los que se desenvuelven diariamente, como la escuela, el trabajo, la iglesia o una asociación a la que pudieran pertenecer, ya sea de tipo religiosa o social. Estos están alejados de la cosa pública y están estructurados para hacer posible la coacción del delito por lo que su ejercicio se da manera muy sútil y reservada.

Una manifestación común de violencia sexual que se volvió un asunto cotidiano, ocurre en el ámbito del hogar. La casa, es el primer lugar que se considera “seguro” para todo ser humano, no obstante muchas mujeres en su papel de esposas son obligadas por sus esposos a tener relaciones sexuales, sin que ellas lo deseen. No existen denuncias de esos casos por considerarse asuntos privados, comunes y domésticos que se dan en la vida de pareja.

Causas de la violación

Las violaciones son formas comunes de violencia masculina relacionadas con la idea de machismo, sometimiento y poder.

Elena Larrauri en su libro Mujeres, derecho penal y criminología recoge los resultados de una investigación realizada en el año 1984, sobre las causas por las que se cometen las violaciones. Esta investigación se realizó a un grupo de violadores de las prisiones de Virginia y se encontró que los factores explicativos que utilizan la mayoría de los violadores para justificar este hecho son:

  1. La mujer es víctima de su propia actitud seductora.
  2. La mujer en realidad se relaja y lo disfruta.
  3. La reputación, características y el comportamiento de la mujer no acorde con las expectativas normativas de roles sexuales le convierten en víctima fácil del delito.

Facilitación del delito de violación

Muchos de los abusos sexuales se dan por familiares, esposos, padres, tíos, sacerdotes, es decir; conocidos de la víctima. Al ser personas tan cercanas, los victimarios logran fácilmente obtener la cercanía y confianza, lo cual facilita el delito.

Obstáculos para combatir la violencia sexual

Muchas mujeres que han sufrido violencia sexual se enfrentan a un terrible obstáculo para que el abuso al que fueron sometidas sea castigado.

La vergüenza, el miedo o la culpa, son obstáculos que dificultan el combate de la violencia por medio de la denuncia de sus víctimas, ya que la mayoría no hablan del abuso por considerarlo un asunto “vergonzoso” en el que desgraciadamente ellas son protagonistas.

Las denuncias por violaciones obligan a las mujeres a tener que describir muy específicamente la forma en que ocurrió la agresión, lo cual genera recuerdos de la experiencia con repercusiones psicológicas de gravedad y muy difíciles de superar sin una ayuda psicológica.

La denuncia implica hacer público lo privado. Asuntos como éstos permanecen en el rincón de lo privado por considerarse vergonzosos, lo que hace muy difícil que la violencia sea combatida y se generen planes de acción que sean eficaces para reducir su incidencia.

La violencia sexual, estrategias para evitarla

La violencia sexual debe ser analizada desde un punto de vista sociocultural y psicosocial, con un enfoque holístico en que se haga partícipes a psicólogos, víctimas y victimarios y generar así, estrategias de trabajo.

Las estrategias para las víctimas deben estar enfocadas a que aprendan a deshacerse de sentimientos de vergüenza para fomentar una cultura de la denuncia, asimismo para que aprendan a superar los estragos.

Las estrategias para los victimarios deben estar encaminadas a erradicar pensamientos y actitudes erróneas como el machismo y la misoginia y cambiar patrones de conducta que lleven al respeto y la igualdad de los géneros.