Los medios de comunicación desempeñan un rol fundamental como trasmisores de valores, modelos y opiniones, de ahí que sea considerado primordial controlar la discriminación en los mismos para que sus discursos dejen de legitimar ideologías represivas vinculadas con el sexismo, la homofobia y el racismo.

En la Argentina existen dos grandes leyes que definen y sancionan la violencia hacia la mujer en los medios de comunicación. La primera es la ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres; la segunda es la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la cual se pronunció a favor de "promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual" (artículo 3).

Además, recientemente el decreto 936 reactualizó el debate del problema de la trata y la explotación sexual prohibiendo la publicación de anuncios que degradan la dignidad de las mujeres y la cosifican.

Rubro 59

El Foro de Periodismo Argentino (Fopea) considera que el decreto presidencial 936/11 que prohíbe la publicación de avisos "que promuevan la oferta sexual o hagan implícita o explícita referencia a la solicitud de personas destinadas al comercio sexual" es un avance en la lucha contra los delitos de trata de personas y el delito de proxenetismo, que inevitablemente debe ser complementado con medidas de persecución penal efectivas y coordinación en políticas públicas de todos los estamentos y niveles del Estado (nacional, provinciales y municipales), que demuestren voluntad y ejecución política efectiva en esta materia.

El "rubro 59" esconde y legitima la explotación sexual de las mujeres, las venden, las cosifican, las denigran y humillan con sus textos e imágenes y, se presume que muchos de esos clasificados podrían encubrir situaciones de proxenetismo, abuso sexual infantil y trata de mujeres y niñas. De modo que, los diarios se enredan con posibles mafias de prostitución y trata. Las prohibiciones no son el mejor camino para resolver este tipo de problemáticas, por eso la autorregulación en los medios de comunicación en este y otros temas es un compromiso ético a la responsabilidad social que estos deben mantener frente a la ciudadanía.

Eliminar de los medios de comunicación los anuncios que degradan la dignidad de las mujeres contribuirá a combatir la discriminación hacia las mujeres y la violencia simbólica.

El feminicidio ¿crimen pasional?

La violencia en los medios tiene otras formas de manifestación: el tratamiento que efectúan sobre los casos de feminicidios.

¿Por qué los casos de feminicidio son tratados como "crímenes pasionales" en los medios de comunicación?

En los medios, no solo se comunica un hecho sino que se lo hace de cierta manera. Para Claudia Laudano, Licenciada en Comunicación Social (UBA), en Visibilidad mediática de la violencia hacia las mujeres “lo novedoso” respecto de los así llamados “crímenes pasionales” en la actualidad se centra en dos cuestiones.

Por un lado, en un llamativo desplazamiento desde la retórica sedimentada en medios sensacionalistas y en materiales de la cultura popular hacia zonas informativas de medios impresos y audiovisuales denominados “serios”; lo que trae aparejado la extensión de la hipótesis pasional a un número mayor de delitos provenientes de diferentes sectores sociales (ya no sólo “populares”).

Por otro, una insistencia recurrente en el uso acrítico de la designación “crimen pasional”, como si fuese una categoría neutra de análisis social, en detrimento de otras formas de nombrar y conceptualizar las prácticas violentas en cuestión, con marcos interpretativos capaces de tornar inteligibles la problemática desde las relaciones de poder implicadas, entre ellas, “violencia hacia las mujeres” o “violencia de género”. Y, destaca además que, más allá de que el recurso simbólico del “crimen pasional” constituya una mercancía bien cotizada en la industria cultural del presente, hay tres cuestiones derivadas de su uso que involucran a diferentes sectores sociales:

  • Se anulan las críticas a la ineficiencia del Estado en cuanto a su responsabilidad de proteger de manera integral la vida de las mujeres (dado el carácter de acontecimientos individuales, movidos por la pasión).
  • Se sostiene la tolerancia hacia prácticas de ejercicio violento contra mujeres (y en un sentido más abarcador, se deja intacta la dimensión cultural del ejercicio del poder patriarcal).
  • Sólo se moviliza a la ciudadanía en el consumo informativo voraz, más que en el reclamo de una vida libre de violencia para mujeres y niñas, como en cambio podría ocurrir al ubicar la información en otra serie.

Recomendaciones

El Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión recomienda, tomando en cuenta varias de las conclusiones elaboradas previamente por este Observatorio para otros informes, así como algunas del Instructivo del Área Queer de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires:

  • Evitar las expresiones xenófobas.
  • Cuestionar los estereotipos que el sentido común establece en relación con la desigualdad y las diferencias haciendo visible que las imágenes binarias construidas a partir de rasgos asignados como características constantes, atemporales y ahistóricas, se basan en procesos ideológicos. Estas tipologías habilitan la burla y el desprecio hacia prácticas que no responden a los parámetros de “normalidad” (hombre blanco, heterosexual, de clase media).
  • Evitar caracterizaciones y “perfiles” que impliquen una naturalización del prejuicio, la burla y/o el insulto, o la exposición de los conflictos por géneros u orientaciones y prácticas sexuales no normativas como nota de color o pintoresquismo.
  • Tratar como prácticas discriminatorias los gestos, epítetos o comentarios burlescos o injuriosos producidos por miembros de la industria del espectáculo, el deporte o por celebridades públicas que suelen justificar sus enunciados excluyentes al considerarlos dentro de sus “contextos particulares.
  • Promover la igualdad de trato y oportunidades y la equidad de género.
  • No recurrir al uso de mitos y creencias que denigran a las mujeres poniéndolas en situaciones de subordinación (débiles, sensibles, pasivas o inseguras) frente a los hombres (fuertes, racionales, activos y seguros).
  • No transmitir mensajes en los que el género femenino se presente sólo a través de sus características físicas, cosificando a la mujer, en menoscabo de su condición de sujeto integral.
  • No hacer humor con situaciones que vinculen relaciones de violencia de ningún tipo.
  • Utilizar lenguaje no sexista.
La Conferencia Mundial de Mujeres de Beijing (1995), adoptada por 189 Estados, consideró a la comunicación como un área fundamental para lograr igualdad de oportunidades para varones y mujeres. Planteó que los medios masivos deberían "elaborar, en la medida en que ello no atente contra la libertad de expresión, directrices profesionales y códigos de conducta y otras formas de autorregulación para fomentar la presentación de imágenes no estereotipadas de la mujer".

A partir de esto, denunciar la violencia mediática como modalidad de aquellas violencias simbólicas que reproducen la discriminación hacia las mujeres en función del “sexo” como determinante de roles y expectativas y, cristaliza estereotipos que generan condiciones para el ejercicio de todas las otras violencias machistas hacia mujeres y niñas.