Al pronunciar el término violencia, la asociación más común radica en relacionarlo con la agresión física o psicológica. Es decir, violencia es un asesinato, un insulto o una tortura, de la índole que sea.

La RAE (Real Academia de la Lengua Española) define violencia en términos muy similares (por ejemplo, una de las acepciones indica que es una "acción violenta o contra el natural modo de proceder"), pero ni siquiera el referente de los hispanohablantes entra en otras definiciones que no impliquen la agresión (física o verbal) directa.

Otras formas de violencia: violencia estructural y violencia cultural

No obstante, como afirma el sociólogo español José María Tortosa, la violencia "no se reduce a la violencia física sino que incluye las otras formas en las que los seres humanos consiguen de sus semejantes comportamientos o actitudes que, de no haber intervenido aquellos, no se hubieran producido". Hablamos, pues, de las denominadas violencias estructurales y violencias culturales (o simbólicas).

Violencia estructural: coartar las necesidades básicas

Si bien las necesidades básicas del ser humano le deben mucho a la jerarquía piramidal de Abraham Maslow, existen otras clasificaciones paralelas al autor norteamericano y mucho más cercanas al tema que nos ocupa. Como simplificación, afirmaremos que todo ser humano precisa cuatro aspectos: supervivencia, bienestar, identidad y libertad.

La insatisfacción de esta relación de necesidades es la que provoca la violencia estructural. El politólogo y sociólogo Johan Galtung ha definido con mayor concreción este termino, afirmando que remite "a la existencia de un conflicto entre dos o más grupos de una sociedad (normalmente caracterizados en términos de género, etnia, clase nacionalidad, edad u otros) en el que el reparto, acceso o posibilidad de uso de los recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguna de las partes y en perjuicio de las demás, debido a los mecanismos de estratificación social".

Por ejemplo, una dictadura militar sería un ejemplo de violencia estructural, pero muestras más cercanas son el sexismo o el racismo: cuando se discrimina a un determinado colectivo (la mujer o el inmigrante) para que acceda a un empleo.

Violencia cultural: cuando los medios de comunicación legitiman la violencia.

Aunque resulte paradójico, la violencia directa y la violencia estructural se encuentran legitimadas por medios de comunicación, por la lengua, por la religión, por el arte, incluso por las ciencias. Estos aspectos son los medios utilizados para que se perciba como "normal" situaciones que, en realidad, entrañan una violencia profunda.

Para despejar el significado del concepto, se ejemplificará este concepto: en España, los toros son percibidos como parte de la cultura nacional. Los medios de comunicación ensalzan un acontecimiento que de por sí es sangriento y supone una tortura para los animales que participan. No obstante, en muchos casos se percibe como cultura (estandarte de la patria y del carácter nacional) y no como violencia (cultural).

Es por ello que el término violencia es mucho más de lo que se aprecia en un primer instante, y las acepciones de la violencia estructural y la violencia cultural reflejan, cuanto menos, la complejidad social y cultural en la que se está inmerso.