La violencia doméstica, el abuso emocional, y el abuso verbal y físico en general son comportamientos usados por una persona en una relación para ganar control sobre la otra.

La relación dentro de la cual estas dos personas se encuentran puede ser de matrimonio, de concubinato, de noviazgo, etc.; y se puede dar en una pareja tanto heterosexual como homosexual.

La violencia se considera un crimen y puede incluir asalto a nivel físico (golpear, empujar, etc), abuso sexual y acoso. Aun cuando el abuso emocional, psicológico y hasta financiero no son vistos como comportamientos criminales, son formas de abuso al fin y al cabo, y pueden llevar a la violencia criminal.

Víctimas

Las víctimas de abuso doméstico pueden ser de cualquier raza, sexo, edad, religión, condición social y educación. Aunque tanto hombres como mujeres pueden ser víctimas de abuso doméstico, generalmente predomina el abuso hacia las mujeres.

La mujer maltratada no se reconoce como tal o minimiza la situación, asume el sufrimiento como un desafío, como si ella pudiera cambiarla situación, cambiarlo a él. Echa la culpa de la irritabilidad de su compañero a factores externos como la falta de trabajo, los problemas, e incluso llega a culpabilizarse a sí misma.

Busca argumentos que le ayuden a explicar el comportamiento de su pareja, pues la agresión que sufre no es predecible ni continua. Cuando ya no encuentra justificación para la situación que está viviendo, se hace de argumentos que le sirvan como defensas para sostenerse en esa realidad (económicos, afectivos o familiares), ya que no siempre cuenta con los apoyos externos que le permitirán la salida oportuna y eficaz de esta situación.

Ciclo de violencia

En muchas relaciones que se vuelven violentas, es frecuente que el primer ataque aparezca como un evento aislado. Pero en muchos casos, después de que hubo violencia una vez, se desarrolla el denominado ciclo de la violencia.

Esta teoría explica que la violencia familiar ocurre dentro de un patrón de tres fases o etapas que se repite una y otra vez. La distancia entre ciclo y ciclo puede ser diferente en cada agresor, al igual que la duración de cada una de las fases.

  1. La primera fase es la de acumulación de tensión: al principio la tensión es la característica del hombre agresor, se muestra irritable y no reconoce su enfado, por lo que su compañera no logra comunicarse con él, lo que provoca en ella un sentimiento de frustración. Todo comienza con sutiles menosprecios, ira contenida, indiferencia, sarcasmos, largos silencios. A la mujer se le repite el mensaje de que su percepción de la realidad es incorrecta, por lo que empieza a preguntarse qué es lo que hace mal y comienza a culpabilizarse de lo que sucede. Esta tensión va creciendo con explosiones de rabia cada vez más agresivas.
  2. La segunda fase es la de explosión violenta: la tensión ha crecido y se manifiesta de muchas formas y en diferentes grados: insultos, amenazas, intimidación, etcétera. Él lanza o rompe objetos, no le habla, la obliga a tener relaciones sexuales, la avergüenza a solas, en público o con sus familiares, le dice que está loca, le enseña armas u objetos cortantes, la amenaza con quitarle los hijos, o con no darle dinero y le prohíbe hablar con otras personas. El hombre descarga su ira contra su pareja, la golpea hasta dejarla amoratada y herida, además de confusa. Él ha "perdido el control". Ella puede intentar defenderse, alejarse, mostrar enfado, enojo o ira, pero muchas veces su desconcierto y frustración le impiden movilizarse.
  3. La tercera fase es la llamada "luna de miel": o fase de manipulación afectiva, ya que el hombre parece haberse dado cuenta de lo hecho, muestra arrepentimiento, promete no volver a ser violento, puede hasta mostrarse cariñoso.
La mujer refuerza la negación de violencia y cree que él puede cambiar. En la medida en que se repite el círculo de la violencia esta etapa se va volviendo cada vez más corta y queda sólo una mezcla de las etapas de la tensión y de la violencia explícita.

Para finalizar, hay que recalcar que el abuso no es simplemente un problema de machos, o de personas pobres o de alchólicos o de drogadictos. El abuso es un problema de igualdad de oportunidades y de lucha por el poder y el control en la pareja; cualquiera puede caer en él.

¿Cómo se puede ayudar?

Muchos agresores y muchas víctimas no se dan cuenta de que lo son. Por un millón de razones, la gente se oculta a sí misma que está en una relación de abuso doméstico. Hay muchas formas de ayudar, pero ante un caso así, en la Argentina, basta con llamar gratis al 102. Del otro lado del teléfono hay personas preparadas para atender este tipo de situaciaciones.