Jean Seberg pertenece a ese grupo de actrices malditas (Maria Schneider, Frances Farmer, Dorothy Dandridge...). Había nacido en 1938 en un pequeño pueblo del medio oeste situado en Iowa. Este marco geográfico resultaba asfixiante para un espíritu sensible, a la par que rebelde, de una muchacha de aspecto angelical que ocultaba todo el potencial que experimentaría en años posteriores, no siempre de la forma más constructiva. El inicio de su despunte se produjo en 1957 cuando el director Otto Preminger la eligió de entre 18.000 aspirantes para interpretar a Juana de Arco.

Jean Seberg: de la hoguera a París

A los diecisiete años es elegida por Otto Preminger para interpretar a Juana de Arco. Ella pide a Preminger ver la versión que Carl Theodor Dreyer, director danés de densa filmografía y considerado como unos de los mejores de todos los tiempos, realizara en 1928 sobre Juana de Arco. Al menos esto es lo que se refleja en la obra del escritor mexicano Carlos Fuentes (amante de Jean Seberg) "Diana o la cazadora solitaria" donde la actriz, en la novela camuflada bajo el nombre de Diana Soren, no sólo cuenta esta anécdota y la negación de Preminger para que ella viera la película, sino la definición de sí misma como mediocre actriz.

Pero en sus inicios el potencial que tenía se vio reflejado no sólo en la creación del personaje de Juana de Arco, sino también en su película posterior "Buenos días tristeza" (1958) dirigida de nuevo por Otto Preminger y basada en la novela de la no menos famosa Françoise Sagan. Dos años después interpretaría la mítica "A bout de souffle", en español conocida como "Al final de la escapada", del director Jean-Luc Godard. Esta película considerada como la iniciadora del "Nouvelle Vague" francés quedará definida en la posteridad con la mítica imagen de Jean Seberg vendiendo periódicos del New York Herald Tribune por los Campos Elíseos acompañada de Jean Paul Belmondo.

En los años posteriores hasta su muerte en 1979 cabría destacar de su filmografía la película de Robert Rossen "Lilith" en la que interpreta a una atormentada y ninfómana paciente de un psiquiátrico. Por este papel Jean Seberg recibiría el Globo de Oro en 1965. Trabajó con directores de la talla de Claude Chabrol, Joshua Logan, Juan Antonio Bardem que no lograron rescatarla de su deterioro psíquico y profesional.

Jean Seberg: víctima de J. Edgar Hoover

Su vida personal no encontró el equilibrio que anhelaba. Defensora de las causas justas, de los derechos humanos en un Estados Unidos convulso por la guerra de Vietnam, por la inmoralidad de J. Edgar Hoover, fundador del FBI y director del mismo desde 1924 hasta su muerte en 1972, por los prejuicios que imperaban, e imperan, en un país donde la libertad y la injusticia conviven en un sistema bipolar y dañino.

J. Edgar Hoover fue el personaje más siniestro que la administración norteamericana ha dado, temido hasta por los presidentes norteamericanos que no pudieron o no quisieron sustituirlo por miedo a que éste desvelara secretos molestos. Utilizó el chantaje, el espionaje de políticos, artistas, empresarios para tener controlado a todo aquel que no se ajustara a sus cánones. El único que sí pudo dominarlo fue el mafioso de origen judío Meyer Lanski que lo tuvo amenazado por unas fotos de Hoover vestido de mujer (era dado al trasvestismo) que motivó la tranquilidad de la mafia de no ser amenazada durante bastante tiempo.

Jean Seberg no se libró de las garras de Hoover, fue espiada sin conmiseración, los teléfonos intervenidos pero lo más lamentable es que se inició toda una campaña de difamación contra ella. Estando casada con el escritor Romain Gary, se la acusó de que el niño que esperaba era de un líder de los Panteras Negras a los que ella apoyaba espiritual y económicamente.

Cuando Jean Seberg perdió la niña tres días después de nacer, aquella la trasladó a su ciudad natal, la expuso ante las miradas de un público atónito en un ataúd de cristal para que comprobaran que era blanca y le realizó cerca de doscientas fotografías. Comenzaba el derrumbe de la actriz que inició una espiral de promiscuidades sexuales, alcoholismo, drogadicción y unión con personajes tan oscuros como temibles.

¿Suicidio o asesinato?

Jean Seberg fue encontrada muerta en su coche, muy cerca de su apartamento parisino, el 8 de septiembre de 1979. Había tenido varios intentos de suicidio, vivía desequilibrada por toda la campaña de descrédito que el FBI había hecho contra ella, así que no era de extrañar que ella tuviera guardaespaldas. Fue precisamente uno de ellos Guy-Pierre Geneuil quien en 1995 publicó el libro "Jean Seberg, ma star assassiné" donde deja claro que ella no se suicidó.

Los motivos que alega son varios: en la sangre de Seberg se encontró ocho gramos de alcohol (según Geneuil fue inyectada) con lo que era imposible que ella pudiera ni siquiera andar, además en el coche no había ninguna botella de alcohol; Seberg días antes de morir había escrito una carta a su ex-esposo Romain Gary donde le decía temer por su vida ya que estaba presa en el engranaje de la mayor red argelina de tráfico de drogas (por esa época era amiga de Buteflika, número dos del régimen argelino y llamado a suceder al coronel Bumedian que estaba en el poder).

Romain Gary pidió ayuda a su amigo Jacques Chirac pero, con los antecedentes de Seberg e intereses políticos que son los que prevalecieron, la investigación no se realizó y Jean Seberg moría en la misma ciudad, París, que la había encumbrado al mito de la modernidad en la película de Godard. Al final Jean Seberg no tuvo una escapada a su vida de desamparo y abandono.