
- Marcel Proust - Google free image
Volcarse a la literatura en su estudio, ya supone algunos cuestionamientos que llevan a una reflexión siempre escindida, binaria, de oposición. ¿No suele acaso suceder a veces entre asiduos lectores, que la literatura transporte, emocione y ligue en forma íntima y profunda con todos aquellos valores permanentes, intrínsecos a todo ser humano y reales en su tránsito terrenal? Pero, sin embargo, son éstas las condiciones que tiendan a dividir, o a generar un choque entre la vida y la ficción, y más aún entre los artistas, escritores y poetas.
Si hay algo que comparten autores tan disímiles como Proust, Henry James y Flaubert, es precisamente esta dicotomía entre vida y poesía o vida y creación, donde las fronteras de ambas se borran en una gran tensión, muchas veces irreconciliable.
Tensión entre vida y creación
En el caso de los escritores que nos convocan, ni en Flaubert (1821-1880), ni Henry James (1843-1916) y tampoco en Proust (1871-1922) parece haber una división propiamente tal, sino todo lo contrario, vemos la vida en cierto modo subyugada por la obra o absorbida por ella. El trabajo creativo pasa a ser el quehacer cotidiano; la preocupación constante, el motivo de todos sus desvelos. Y es esta tensa unión la que termina rechazando o produciendo esta discrepancia creciente.
Cuando se visitan las biografías de los artistas, suele haber muchos aspectos en los que todos ellos podrían sentirse familiarizados entre sí. Son casi tópicos y que han ayudado en gran medida a conformar un cierto estereotipo del artista; vidas atormentadas, con desiluciones amorosas, excentricidades, enfermedades degenerativas, drogas, alcohol, escándalos varios, etc.
Todo esto no habla de seres dotados para las mayores altitudes de la sensibilidad y la inteligencia, pero que son torpes, infortunados e infelices en el contacto diario con la mundanidad y lo prosaico, sufriendo como el Albatros baudelairiano por estar fuera de su elemento:
"El poeta es semejante al príncipe del cielo
que frecuenta la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en el suelo en medio de los abucheos,
sus alas de gigante le impiden caminar"
Henry James y su ambigua biografía
El estilo de James goza de una hibridez interesante, una simbiosis de culturas (europea e inglesa frente a lo norteamericano) y un análisis de contrastes de clases, difícilmente mejor observado y retratado por otro escritor.
Mundos conocidos a fondo por James, mundos en los cuales participó in situ, sin embargo, siempre ajeno, descolocado, no perteneciente ni a uno ni a otro. A pesar, de ser bien recibido en los circulos aristocráticos ingleses, nunca pareció identificado con ellos ni siquiera con su propio origen, y ya su prolongada expatriación y posterior nacionalización como británico, hablan de una vida ligada a un intersticio de culturas, aspecto que problematiza en muchas de sus novelas y cuentos.
Una vida ligada a un espacio intermedio, extremadamente privada, de la cual se cuelan algunos datos, de su compleja y también comentada vida personal, que nos indican una sexualidad indefinida, cubierta de una ambiguedad de la cual poco sabemos y que poca relevancia tiene a la luz de sus obras, pero que nos sugiere una vida personal u amorosa, extraña, con complejidades o postergada.
Gustave Flaubert, el amor por y desde la escritura
Con una salud débil desde su juventud, imprimió siempre sus mayores esfuerzos a su labor literaria. Madame Bovary, sin ir más lejos le tomó 56 meses de trabajo intenso, búsqueda de perfección y alabanza de la forma.
Ejemplo anecdótico de lo mismo, es su extraña relación amorosa con George Sand, o con su amante Louise Colet, por correspondencia, ¿cómo se entiende y sostiene eso? Incluso podemos apreciar que gran parte de esa correspondencia tiene que ver con su trabajo literario, sus logros y vicisitudes. Al parecer se sentía más comodo experimentando sensaciones sin siquiera moverse de su escritorio.
Marcel Proust, el tiempo y la soledad
Proust unió tanto vida como poesía, en un esfuerzo desmesurado, casi estoico, de sujetar el tiempo que se pierde irremediablemente. Su frágil salud, su encierro en pos de una causa imposible que supo plasmar en su carencia, en su huidizo y misterioso éxtasis, fueron como lo declara Walter Benjamín "rasgo de envejecimiento y soledad", experiencia que de la enfermedad de la carne toma vida en su prosa.
La memoria y el transcurrir del tiempo, son sin duda sus elementos vitales, y como lo sugiere Alone, el "leit motiv y personaje céntrico de su obra entera".
La vida y obra de Proust, se entrelazan en forma radical, al respecto, Walter benjamin, quizás uno de los mejores lectores de Proust, resalta la importancia de la dicotomía que la "vida y poesía" adquieren como forma edificante en su monumental obra. Benjamín, nos describe como síntesis aquel continuum del recuerdo: "(...) no ha descrito en su obra la vida tal y como ha sido, sino una vida tal y como la recuerda él que la ha vivido".
Es sin duda, la vida y la obra, puntos comunes y de convergencia constante para estos escritores, en donde una separación sería impensada, ambas conviven como partes esenciales de un todo. Por otra parte, la literatura no es sino un gran reflejo e impresión de la vida y las experiencias personales de su autores, y al estar hecha por hombres, la literatura no puede no ser sino vida.
