Decía Paul Valéry que "un jefe es un hombre que necesita a otro". Orden y concierto, dos palabras muy unidas, casi fundidas, para expresar la valía de los hechos realizados por varias personas de diferente cualificación pero con idéntico espíritu de trabajo. Cada cual en su puesto, cumpliendo rigurosamente la misión encomendada bajo el común denominador del respeto mutuo. De esta forma el triunfo está asegurado y, aunque parezca difícil, llamando "al pan, pan y al vino, vino" desde el comienzo de la relación laboral, semejante actitud engrana en una mecánica tan natural como agradable en beneficiosa repercusión para todos.

"Hablando claro", nombre de un programa televisivo

Hace años tuvo mucha aceptación por sus enseñanzas gramaticales y buen hacer. Se aprendían cosas de nuestro idioma con facilidad y diversión, convirtiéndolo en un estupendo programa ameno e instructivo, con el aliciente añadido de magníficos premios para los concursantes ganadores ¡Lástima que la moda con su continuo girar no lo recupere para los tiempos actuales!

Muchos canales de televisión ahora con la TDT, pero pocos atractivos, en los que el aparato receptor se ha convertido en proyector de películas y de anuncios cuando no de programas zafios, groseros y de pésimo gusto. No parece válida la palabra descolocada de "reality show" o similares para encubrir con modernos barbarismos la triste realidad que, a diario, nos ofrecen.

No es convincente, tampoco, el torpe argumento de pulsar el mando a distancia para evitarlo. Una ciudad limpia lo es si lo está, no porque tengamos que ir sorteando las inmundicias.

Presunción de inocencia

Hermosa frase para aplicarla siempre a los niños y a su maravillosa imaginación infantil, pero nunca con carácter general a los adultos si no queremos caer en la fácil demagogia. Expertos policiales mantienen que no debería ser presunto el delincuente que es sorprendido in fraganti robando pertenencias ajenas o con las manos ensangrentadas clavando un cuchillo en la espalda de su víctima.

Cuando las circunstancias confirman una situación clara y definida, el juego de palabras empleado no justifica en modo alguno el pretendido enmascaramiento de la realidad. Personas mayores, como Dª Marta Caballero Barroso, con su acumulada experiencia y contundentes en sus manifestaciones dicen, no sin cierta ironía, que "el papel es muy noble y se deja escribir cualquier cosa".

Hipoteca, responsabilidad compartida

Siempre han existido gastos diversos en el mantenimiento de una familia y entre ellos ocupa un lugar importante el de la hipoteca. De los países europeos, España ha sido tradicionalmente el de mayor arraigo en la posesión de su vivienda propia.

Con independencia de su situación económica o social, casi todos los españoles sueñan con ser propietarios de su casa, de su hogar. Pero ese justo derecho comporta el ineludible deber de hacer frente al préstamo solicitado, pase lo que pase pues no es razonable, ni por supuesto legal, que al amparo de momentos económicos difíciles algunos propietarios desatiendan sistemáticamente los pagos que avalan nada menos que a sus viviendas y por añadidura, amparándose en el río revuelto y en la dudosa fuerza de los bullangueros, pretendan que sus personales desafueros sean perdonados o asumidos por la mayoría cumplidora. Un contrato merece total respeto por ambas partes y, además, siempre existirá el diálogo para solucionar o mitigar el posible problema.

Libertad y orden, prodigiosa armonía

El Duque de Ahumada, creador y fundador de la "Legión de Salvaguardias Nacionales", más tarde reconocida como Guardia Civil, fue un militar de profunda convicción liberal pero siempre moderado en sus planteamientos, tal vez por su ascendencia aristocrática, cuestiones que señala muy bien Lorenzo Silva en su obra Sereno en el peligro, en la que remarca que según el brillante militar "la libertad no está reñida con el orden y la exigencia del cumplimiento de los deberes personales y cívicos".

No exige demasiado esfuerzo mantener tal idea si haciendo uso del sentido común pensamos con más frecuencia en nuestro propio bienestar; seamos felices en todo momento y el deseo conseguido de manera individual se verá multiplicado desterrando, aunque sea poco a poco, la apatía, el desorden y el rencor que tantos males acarrea siempre.

Las palabras mal colocadas inducen al error

Basándonos en las reglas gramaticales podemos conseguir un escrito acertado, incluso algunos jóvenes que hablan, leen y escriben mal si olvidaran, al menos en sus expresiones, la ridícula manía de querer llamar la atención por encima de todo.

Pero menos comprensible aún es la falta de claridad semi intencionada, el querer desdibujar la realidad alterando el orden de las palabras que, en tantas ocasiones se ha hecho, ya desde el célebre Oráculo de Delfos, pretendiendo confundir, cuando no engañar, al resto de sus semejantes. Esas palabras descolocadas merecen ocupar su verdadero lugar y significado, en todo momento y en todas las ocasiones, sin ninguna excepción. La verdad sólo tiene un camino y por muy trillado que parezca será el que siempre marque nuestro recto proceder.