Dejando de lado sus varios cortos, la obra del realizador vasco Víctor Erice, gran auteur de nuestro cine, se compone fundamentalmente de tres largometrajes : El Espíritu de la Colmena (1973), El Sur (1983) y El Sol del Membrillo (1992).

Con El Espíritu de la Colmena, Erice rodó una de las películas míticas de la cinematografía europea, rutinariamente aclamada como una obra maestra. Ambientada en un perdido pueblo castellano en 1940, aún humeante la Guerra Civil, es una conmovedora y muy poética historia de iniciación y descubrimiento, a través del prisma de una niña, la magnética Ana (Torrent).

Con El Sol del Membrillo, de 1992, Erice nos entrega un meticuloso e inclasificable “documental”, sobre el proceso creativo mediante el cual el pintor Antonio López va sacando de la nada un cuadro: la representación de un membrillero y sus frutos, bañados por la luz del sol de la mañana. Cine de arte y ensayo tout court.

El Sur y El Embrujo de Shangai: dos frustraciones para Erice

Junto a estas dos obras, El espíritu de la Colmena y El Sol del Membrillo, que han cimentado su gran prestigio, es necesario mencionar en la carrera de Víctor Erice otros dos proyectos que no iban a acabar exactamente de acuerdo con las intenciones iniciales del director.

El primero de esos proyectos iba a dar lugar en 1983 a la película El Sur que, a pesar del casi unánime aplauso de la crítica, Erice iba a considerar siempre como una obra que tuvo que dejar “inacabada” contra su voluntad. Tras rodarse unos dos tercios de lo inicialmente planificado, la productora decidió dar por acabada la película.

El segundo proyecto, a finales de los noventa, este sí totalmente frustrado, fue el de la adaptación al cine de la novela de Juan Marsé El Embrujo de Shangai.

El Embrujo de Shangai, novela de Marsé, al cine

Tras El Sol del Membrillo, rodada en 1992, El Embrujo de Shangai parecía destinada a ser la cuarta película del poco prolífico Erice. “Tocaba” ya una película del vasco, que al parecer creaba un largometraje con una media de una década de intervalo. La expectación cuando se conoció el proyecto El Embrujo de Shangai, era máxima en el mundo del cine español. Un cineasta adorado por la crítica, el gran perfeccionista de nuestra cinematografía, volvía a rodar.

Pero la cosa iba a fracasar, una vez más por problemas de lógica comercial y el choque entre el criterio del esteta Víctor Erice y los cálculos financieros (tal vez demasiado conservadores) del productor Andrés Vicente Gómez.

El guión entregado por Erice, rechazado

Tras asumir el proyecto, Erice se puso enseguida a trabajar en el guión de su nueva película. Cuenta Erice que llegó a escribir hasta diez guiones antes de dar con una versión definitiva. Tal versión tuvo no solo el visto bueno, sino hasta el entusiasmo de Juan Marsé.

El novelista barcelonés ya había conocido otras adaptaciones al cine de sus obras, aunque quizá faltaba alguna con la rotunda calidad que solo Erice parecía prometer. Un maestro de la novela española de la segunda mitad del siglo XX necesitaba un cineasta congenial, alguien a su altura, y Erice era ese cineasta. Marsé dio al director todo su apoyo. De hecho el mundo del escritor barcelonés y concretamente el de la novela El Embrujo de Shangai, parecía bastante en sintonía con los habituales temas y personajes que interesaban a Erice.

Pero el guión final preveía una película de unas tres horas. El productor Andrés Vicente Gómez lo rechazó y le pidió a Erice que lo recortara. Éste obedeció muy a regañadientes, y volvió a presentar un nuevo guión para una cinta de “tan sólo” dos horas cuarenta minutos. Es evidente que Erice tenía en mente una película larga y contemplativa, un film de qualité artísticamente ambicioso y competitivo en los circuitos internacionales. Similar a como debería haber sido El Sur según el proyecto inicial.

Victor Erice abandona el proyecto

Pero la productora buscaba algo distinto, con más salida comercial y una duración más standard, de menos de dos horas. Resultado: Andrés Vicente Gómez volvió a rechazarle a Erice el guión. El realizador, hastiado ante lo que consideraba cicatería y falta de ambición de la productora, acabó abandonando el proyecto. Andrés Vicente Gómez se defendió diciendo que una película de tres horas, con la habitual lentitud y sutileza ericiana, hubiese sido un desastre comercial. Tras la marcha del director de El Espíritu de la Colmena, el proyecto fue traspasado a Fernando Trueba.

Trueba, que no utilizó el guión de Erice, entregó su película en 2002. Sin llegar a ser una mala película no llegó a acaparar ni elogios de la crítica ni un gran éxito de taquilla. En definitiva, pasó sin pena ni gloria. Queda para la imaginación de críticos y espectadores qué obra hubiese rodado el mítico director de Vizcaya.

Erice publicó su guión en 2001, con el título de La Llamada de Shangai, algo que no le gustó nada a Andrés Vicente Gómez, que lo consideró “poco ético”. Y si me perjudica, tomaré las medidas oportunas, dijo, además.

Erice, o la independencia estética

Si consideramos los casos El Sur y El Embrujo de Shangai, una cosa parece clara: Víctor Erice no es un director que parezca dispuesto a renunciar a sus principios estéticos, por muy contundentes que sean las razones prácticas esgrimidas en contra por sus productores. Quizá sea esa la razón por la que ha hecho solo tres largos en cerca de cuarenta años. Claro que cualquier cinéfilo que se precie estará de acuerdo en que esas tres obras valen en realidad por muchas más.