Cada individuo tiene su propio arsenal de estrategias y recursos para hacer frente a todo tipo de contingencias. Hay algunas que, por su dificultad, requieren un esfuerzo suplementario. Otras entran en el terreno de la cotidianidad. La base de ambas se encuentra en las habilidades cognitivas que se adquirieron durante la infancia. Sin embargo, el desarrollo de estas habilidades puede haberse visto afectado por diferentes causas, generalmente de índole familiar. Este es el caldo de cultivo para muchas de las secuelas que se irán afianzando en la personalidad del individuo, entre ellas el victimismo.

El manipulador: uso y abuso del victimismo

La palabra víctima está en el vocabulario de todos. Sin embargo, el adecuado uso de la misma ya es otra historia. En demasiadas ocasiones se emplea en un contexto equivocado. Como ejemplo ilustrativo, una lacra social que cada vez adquiere mayor relevancia mediática; el abuso sexual infantil. Cuando se habla de personas que lo han padecido, ya sean niños o adultos, la terminología empleada es la misma: víctimas de abuso sexual. Aquí es donde conviene clarificar los términos. Un menor que lo está padeciendo es una víctima, pero un adulto no. En este caso lo correcto sería hablar de un superviviente. Otra cuestión muy distinta es que el adulto se comporte como una víctima. Ahí es donde entra el victimismo; una cuestión con muchos matices.

Víctimas y supervivientes

No es nada fácil determinar por qué las personas, ante una misma situación, tienen comportamientos tan distintos. Mientras unos tienen los recursos necesarios para superar las adversidades, otros quedan irremisiblemente atrapados en una dinámica negativa de la que no son capaces de escapar y de la que, en muchos casos, ni tan siquiera son conscientes.

Si bien el superviviente podría encuadrarse en un único grupo, al abordar el victimismo conviene hacer distinciones importantes. En este caso se ha ubicado en tres grupos diferenciados: la víctima que busca atención y reconocimiento, la víctima defensiva y la víctima ofensiva.

Táctica victimista del reconocimiento

En este grupo el individuo suele utilizar el victimismo para llamar la atención, sobredimensionando cuestiones y hechos poco relevantes de carácter negativo. También es bastante común que interprete el papel de víctima para que se reconozcan sus méritos. Su perfil encajaría en la conocida frase “hacer una montaña de un grano de arena”. Por lo general su actitud no está asociada a patologías graves, sino que es fruto de un aprendizaje con diversas carencias e incapacidades para las que no se han tenido, o empleado correctamente, los recursos apropiados de superación. El individuo queda estancado en la mediocridad, una realidad que percibe de un modo más o menos consciente y que pretende superar con el reconocimiento que sólo consigue, o cree conseguir, mediante su papel de víctima.

Táctica victimista defensiva

Este grupo se caracteriza por individuos cuyo victimismo se ha convertido en la razón de su existencia. Viven en el autoengaño. El papel de víctima está asociado a un negativismo sin concesiones. Todo está en su contra. Su percepción de la realidad está completamente distorsionada y sienten que nada puede hacerse para cambiar esta situación. Este comportamiento casi siempre está relacionado con hechos traumáticos de diversa índole que no se han podido superar, tales como los malos tratos, el abuso sexual en la infancia u otras disfuncionalidades familiares. Su actitud es pasiva e inconscientemente manipuladora, se vale del chantaje emocional y suele hallarse inmersa en una eterna e inactiva espera, donde la pretensión de que el mundo reconozca su inmenso dolor y la injusticia que se ha cometido con ella, nunca es satisfecha.

Táctica victimista ofensiva

La palabra ofensiva puede prestarse a confusión; igual se refiere a la acción de atacar o a un movimiento de ataque como hacer referencia al verbo ofender. La elección no es casual; ambas cosas se dan en este grupo.

La utilización del victimismo, en este caso, no es en absoluto inocua, sino plenamente consciente y con un afán manipulador que no repara en medios para lograr sus objetivos. Siempre miran hacia uno mismo y no les importa demasiado los daños colaterales causados por su actitud. El victimismo no es su modo de vida, sino un elemento más que utilizan a su conveniencia. También suelen estar relacionados con hechos traumáticos, incluso los mismos que el grupo anterior, pero a diferencia de estos, no esperan un resarcimiento pasivo, sino que están dispuestos a cobrar la supuesta deuda a cualquier precio.

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