Ofrecer vidas para la cultura azteca tenían varias finalidades. Aunque puede ser visto como una señal de salvajismo en los tiempos modernos, lo cual tiene una grán dosis de razón, también era la manera conocida por los gobernantes aztecas para lograr un equilibrio social y demográfico.

Importancia de los dioses para la cultura de los aztecas

La religión en la cultura de los aztecas era de suma importancia. Se piensa que era el aspecto más relevante para los habitantes de Tenochtitlán. Todos los temas de la vida en la ciudad y sus dominios se celebraban con ritos religiosos.

Pedro Carrasco en el libro Historia general de México nos cuenta: “el hombre mesoamericano no únicamente creía en sus dioses, sino que los esculpía y pintaba, los personificaba en sus ritos, los mantenía dándoles de comer con sus ofrendas, y los mataba en el sacrificio de sus representantes en la tierra, al mismo tiempo que los reforzaba y recreaba enviándoles las víctimas destinadas a sumarse al mundo sobrenatural”.

Para la cultura de los aztecas los dioses representaban elementos de la naturaleza, grupos o actividades humanas.

El panteón azteca era parte de su cultura

En el panteón azteca había jerarquías, así como había algunos dioses que regían las sequías y las lluvias, el sol o la muerte, había otras deidades encargadas de alguna tribu, de un barrio o algún estrato social como los esclavos, por ejemplo.

Si bien la cultura de los aztecas tenía un grupo de dioses principales a los cuales adoraba todo el grueso de la población, también había una multitud de dioses menores a los cuales adoraban según su origen, estratificación social, barrio en el que habitaban y oficio desempeñado.

No obstante, esto no era lo único a tomar en cuenta. También existían otros factores por los que adorar a una deidad, como por ejemplo Xochiquetzal, diosa del amor, era muy popular entre las mujeres solteras.

Ofrendas de la cultura azteca para mantener contentos a los dioses

La manera en la que la clase noble azteca mantenía contentos a sus dioses, era por lo general ofrecíendoles corazones de indígenas durante las festividades dispuestas para celebrar algún acontecimiento importante, para después llevar a cabo el rito correspondiente a la ocasión o al dios al que se le ofrendaban estas vidas.

Cabe mencionar que entre más importancia le querían dar al acontecimiento los gobernantes, mayor era el número de sacrificados.

Los emperadores aztecas, como sigue sucediendo hoy en día con nuestros políticos, hacían mejoras en cuanto a construcciones en las ciudades. Al terminar alguna obra civil de importancia, la celebraban ofrendando un gran número de vidas.

Era su manera de dejar huella en la historia y todo emperador quería ser recordado tanto por su legado material como por su devoción por los dioses.

La cultura azteca ofrendaba miles de almas

Un ejemplo claro de esto es Ahuitzotl, tío de Moctezuma y emperador azteca, que en el año de 1487 celebró la construcción del gran teocalli (casa los dioses) y llevo a cabo los correspondientes ofrendas que según Torquemada fueron 72,344, Ixtlilxochitl las estima en 80,000 y los códices talleriano y vaticano en 20,000.

Las guerras floridas daban víctimas para las ofrendas de los aztecas

Pero la selección de las víctimas para la ofrenda no era fácil, si se extraían personas de entre la propia sociedad para hacerla, se podía suponer un descontento general que podría causar problemas sociales.

Por esta razón se crearon las guerras floridas, que eran llevadas a cabo sobre todo en época de sequía, cuando había que contentar a los dioses para tener las lluvias necesarias para una buena cosecha.

No había nada en juego, el propósito de las guerras floridas no era extender el dominio territorial o defenderse de algún enemigo. La finalidad era capturar el mayor número posible de guerreros para su posterior sacrificio.

Mantener el orden en la sociedad azteca

Esto hace pensar a algunos historiadores y antropólogos que para la cultura de los aztecas; las ofrendas de corazones eran un pretexto para controlar la demografía, siendo pocos los alimentos en épocas cuando el agua escasea, se lograba reducir el número de pobladores a través de las guerras y el pretexto de mantener a las deidades en calma, así la producción de alimentos llegaba a ser suficiente para los habitantes de la ciudad.

Los gobernantes que al prometer dioses sedientos de sangre y prometer las peores desgracias en caso de no saciar esta sed, desviaban el malestar público hacia las deidades y no hacia los gobernantes, que ya bastante ejercían la represión y el autoritarismo sobre los pueblos bajo su dominio.

Sea cual fuere la razón de la festividad celebrada en nombre de los dioses de la cultura azteca, el objetivo no era puramente religioso. Los sacrificios servían para mantener a la sociedad en orden.