"Viaje de invierno", de Amélie Nothomb: el descenso de una autora

Edición francesa de Viaje de invierno, de Amélie Nothomb - foto de Matteo Artizzu
Edición francesa de Viaje de invierno, de Amélie Nothomb - foto de Matteo Artizzu
Amélie Nothomb, novelista belga nacida en Japón, libera en este nuevo libro sus obsesiones en torno al amor, la literatura... y el terrorismo.

El siglo XXI está signado por la trágica aparición del terrorismo a gran escala: los atentados a las torres gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, son el símbolo de la barbarie que choca contra un progreso que se creía seguro en su riqueza. A partir de ese infeliz suceso el mundo se ha vuelto más inseguro, multipolarizado, que no multipolar, y crudo. "Bienvenido al desierto de lo real", le dice Morfeo al “mesías” Neo en Mátrix: eso parecen estar diciéndonos los terroristas cada vez que colocan una bomba, cada vez que se hacen estallar en medio de un mercado, cada vez que disparan enloquecidos contra la multitud. Desde la aparición del terrorismo globalizado, nada ha vuelto a ser igual; y la literatura no ha parado de ofrecer textos que reflexionan sobre el asunto, inquieta por las consecuencias históricas —y espirituales— que el terrorismo, también el terrorismo de Estado, acarrearán sobre nosotros.

Después del 11S, París.

Nunca ajena al pálpito de la contemporaneidad, la narradora belga Amélie Nothomb (Kobe, Japón, 1967) ha escrito Viaje de invierno (Anagrama, Madrid, 2011), otra de sus novelas breves en la que recrea su particular universo, esta vez en torno al terrorismo, el amor y el arte de escribir.

Autora de largo oficio como es ella —publica desde 1992 un libro al año—, no se detiene en los detalles que desarrollan un texto hasta su clímax, sino que con capítulos breves y frases brillantes va llevando al lector hacia el objetivo del personaje principal, Zoilo: hacer estallar un avión en pleno vuelo sobre París. Pero se trata de un lobo solitario: “No tengo alma de colaborador. Carezco de espíritu de equipo”, confiesa al principio, y pronto entendemos que los motivos de su terrorismo no son de índole política, ideológica o religiosa. O sí, religiosa sí; es un terrorista que mata en nombre de la religión por excelencia: el amor. Como acto supremo de afecto, Zoilo prepara un atentado, porque el objeto de su amor es ya inalcanzable para él: Astrolabio, la chica que cuida de Aliénor, la narradora-autista que no sabe escribir sino dictar.

El nombre de las cosas (y de los personajes)

No pasen por alto los nombres de los personajes de esta novela: Zoilo, el crítico de la Antigüedad famoso por sostener que Homero era un mal autor; Aliénor, mejor conocida como Eleonor de Aquitania, la culta reina de Francia e Inglaterra en la Edad Media y madre de Ricardo, corazón de león; y Astrolabio, el amor de Zoilo en la novela, cuyo nombre designa al antiguo instrumento para navegar sirviéndose de las estrellas.

El lector curioso hallará en esta singular escogencia de nombres un motivo para llegar hasta el final de la novela; no desvelaré la importancia de los nombres aquí, pero baste con apuntar que Aliénor, posible álter ego de la propia Nothomb, es testigo mudo pero eficaz de la historia de amor absurda, esperpéntica, tierna también, entre Zoilo y Astrolabio. Las exitosas novelas que publica son el correlato secreto de la novela que leemos, al punto de producirnos curiosidad por conocer la obra de esta escritora ficticia —y de ficción.

Fanáticos de Amélie, uníos

Es esta una novela para dos tipos de lectores: los que nunca han leído un libro de esta singular autora, que encontrarán, quizá, seductora la prosa y se entusiasmarán con la manera como construye el mundo con sus palabras; y los muy fanáticos de la autora, entre los que me encuentro, que sabrán perdonar los numerosísimos errores, ripios y repeticiones de una autora que parece en este libro ya cansada de escribir, aunque sus lectores, que somos miles, seguimos fieles a ella, y a pesar de ella. Incluso el habitual y por lo general excelente traductor al español de esta autora, Sergi Pàmies, entrega uno de sus peores trabajos en esta oportunidad. Quizá ha perdido el entusiasmo. Por eso advierto: todos los lectores que se hallen en la zona comprendida entre el extremo ingenuo y el extremo fanático, favor abstenerse de leer esta novela porque se arriesgan a llevarse una gran desilusión. Busquen El sabotaje amoroso, tal vez allí tengan más suerte. O no.

Juan Carlos Chirinos, ©Íñigo Aranzabal, 2011

Juan Carlos Chirinos García - Juan Carlos Chirinos (Valera, Venezuela, 1967) Es licenciado en Letras (UCAB, Caracas) y realizó estudios doctorales en ...

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