Su ubicación estratégica en el medio del Mediterráneo, ha sido siempre una atracción para los distintos pueblos que la dominaron a través de los siglos. Griegos, romanos, árabes, normandos, nórdicos, franceses y españoles han dejado sus huellas. De aquí la realidad sui géneris de la isla, poco comprendida, discutida, misteriosa, pero siempre interesante y rica desde el punto de vista cultural y humano.

Conocer el interior de la isla

Enna, con sus casi 1.000 metros de altura, es la capital provincial italiana más alta. Se encuentra en el centro del territorio, y justamente por su altura, es un lugar muy buscado para el turismo de verano.

La ciudad vista desde abajo parece como colgar de la montaña. Esta impresión de precariedad se debe a la disposición desordenada de sus construcciones. Enna se parece a cualquier ángulo del norte de Europa con su nieve permanente en invierno y su densa niebla en otoño y primavera.

Desde su estratégica posición dominaba gran parte de la Sicilia antigua y desde su punto panorámico se puede apreciar y entender hoy, porqué era el punto más preciado. Se pueden ver los extensos valles cubiertos de cereales, razón por la cual los romanos llamaron a Sicilia “granero de Roma”. Desde ese punto panorámico se ve la ciudad de Calascibetta, situada justo enfrente y cuyo origen parece ser ligado a las exigencias logísticas de los ejércitos que siempre asediaban Enna.

Turismo en el lago

Partiendo de Enna con dirección a Siracusa se encuentra el lago oval de Pergusa, uno de los pocos lagos naturales de Sicilia. Alrededor del lago se delinea un famoso autódromo, donde se realizan competencias automovilísticas y de motociclísticas internacionales.

Sicilia arqueológica

A 50 kilómetros de Siracusa, en un ángulo áspero y apartado, se encuentra Pantálica, meta ideal para los amantes de la naturaleza y los apasionados de la arqueología. Recorrerla puede llegar a tomar todo el día. La necrópolis comprende cerca de 5.000 tumbas cavadas, sin orden, en las rocas. Es la necrópolis rupestre más grande de Europa, testimonio de una antigua civilización destruida por los griegos cuando fundaron Siracusa.

Cava d’Ispica es la otra gran necrópolis de la región que se extiende a lo largo de 13 kilómetros, dejando ver sus cavernas, sus santuarios rupestres bizantinos y sus catacumbas cristianas. Este gran cañón ha sido habitado ininterrumpidamente hasta nuestros días, en donde no es extraño ver algún pastor o campesino que lo utiliza para guardar su ganado.

Dos ciudades llamadas Ragusa

Dicen que Ragusa tiene dos almas, dos cuerpos, dos caras y dos historias. Está la Ragusa que ha crecido como cualquier ciudad, vistiéndose de palacios y calles. Y está la otra Ragusa, esa que ha quedado como embalsamada en su lento deterioro enriquecido de finísimo barroco.

El desdoblamiento de la ciudad se debió al terremoto de 1693 que arrasó en gran parte la Sicilia oriental. Después del cisma nació una nueva ciudad sobre la vieja Ragusa, quedando la otra parte, Ibla, en una situación de degrado y marginalidad respecto a la nueva Ragusa, pero depositaria de un fulgor arquitectónico irrepetible, que vista desde el camino invita a pararse para continuar tomando fotografías.

Visitar el volcán Etna

El Etna constituye un ambiente bien definido y no sólo desde el punto de vista morfológico. A medida que uno se aleja del resto de la isla y se acerca al volcán, muchas cosas cambian: el aspecto de las casas, el material de construcción y sobre todo el hombre. Algo así como que la cercanía al volcán, en grado de dar fertilidad o imprevistamente destrucción, llega a cambiar el alma de los hombres.

Las ciudades que circundan el volcán están todas comunicadas entre sí y constituyen por sí solas un itinerario alternativo que incluye Trecastagni, Zafferana, Milo, Sant’Alfio, Linguaglossa, Randazzo, Maletto, Bronte, Adrano y Paternó.

En Sant’Alfio conviene parar para ver el castagno dei cento cavalli, famoso por su longevidad y por sus dimensiones (60 m de perímetro).

Randazzo es el único centro que no ha sufrido daño por las erupciones volcánicas, a pesar de ser el pueblo más cercano al cráter principal. Pero lo que la naturaleza no ha querido quitarle, se lo ha quitado el hombre, ya que en 1943 fue bombardeado por los americanos durante la segunda guerra mundial.

Son pocos los lugares descriptos, pero suficientes para percibir la diversidad de paisajes y posibilidades turísticas que nos brinda esta soleada, cálida y maravillosa isla.