
- Vestido - Anónimo
Como explica María del Mar Mendoza Urgal en "El vestido femenino y su identidad: el vestido en el arte de finales del siglo XX y principios del XXI" es un hecho el que a través de la indumentaria podamos identificar pueblos, épocas, clases, jerarquías y status sociales, oficios, tendencias políticas y creencias religiosas, costumbres, procedencia de las personas, su conexión con clanes específicos y culturas concretas.
El vestido: la segunda piel
La vestimenta tiene carácter simbólico, ideológico, protector y también funcional, todo lo cual se ha fraguado a lo largo de los tiempos, desde la prehistoria. Podemos entenderla como "una segunda piel", como un contenedor que define al cuerpo, y le permite recluirse en su intimidad, y a la vez exponerse y expresarse.
Vestimenta y prehistoria
El final de las culturas prehistóricas coincide con el límite de los grandes glaciares. Habría tres motivos principales para la aparición del vestido: la protección ante el clima y el medio, el sentimiento primigenio de pudor, y el adorno como medio de expresión religiosa y de status en la sociedad.
"Ya que entre los primeros vestigios de la civilización figuran raspadores de piel, agujas de hueso, útiles de cierre y adornos de conchas; las representaciones más antiguas que se han encontrado del ser humano, tanto en frescos como en estatuillas, lo muestran vestido."
El traje en los regímenes autocráticos
En la Grecia antigua, el vestido se relacionaba con la mitología; en la Edad Media, con el dogma católico; su función social era la de resaltar dignidad social y poder. No estaba vinculado al gusto personal. En los regímenes autocráticos las formas del traje se mantuvieron estables por largos periodos de tiempo que impedían la expresión personal, "la fantasía efímera del vestir", y la exhibición.
Las Cruzadas: los decretos suntuarios
En el siglo XIII, con las Cruzadas, aparecen nuevos tejidos, muchos derivados de la seda, y suntuosos adornos de factura oriental. Asimismo surgen el patronaje y todos los gremios del ámbito textil con el consiguiente perfeccionamiento técnico. Pero sobre todo, pone al alcance de cualquiera el poder escoger un vestuario elegante y lujoso hasta entonces reservado a las clases altas.
La consecuencia de esto fueron las leyes o decretos suntuarios por los que la nobleza establecía sus derechos: se prohibió el empleo de ciertas prendas, materiales y colores, así como el número de prendas que se podían poseer según el rango social, lo cual no siempre consiguió poner coto al ávido naciente comercio de la ostentación.
Moda y humanismo
No es sino hasta finales de la Edad Media, comienzos del Renacimientos que se puede hablar de moda propiamente dicha. Todas las transformaciones políticas, sociales y culturales de esos siglos se reflejan ahora en el vestido: las nuevas ideas humanistas, la promoción de la individualidad, los nuevos valores religiosos, el status social, el desarrollo de las ciudades, el auge del refinamiento y de la estética, todo ello propicia el cambio periódico del traje, en sus formas, influencias y estilos.
Vestido y Revolución Industrial
Fue la Revolución Industrial con sus progresos tecnológicos, la que al otorgar el poder a la burguesía, dio lugar a la derogación de todas las leyes suntuarias, al nacimiento de la figura del diseñador y a la factoría de la confección, que no paraba de crecer, como alternativa para las clases medias y bajas, mientras la clases adineradas contaban con las casas de alta costura.
Industria textil y consumismo
Es a partir de los años '60-'70 que los cambios en el vestuario comienzan a ser vertiginosos. De año en año, de temporada en temporada, nos vemos obligados al cambio del fondo de armario, favorecido esto con la incorporación masiva de la mujer al contexto sociolaboral en los países desarrollados, respondiendo a los intereses de un sector a cuyo servicio están los diseñadores, la prensa de moda y, el propio consumidor de ropa.
Antecedentes: la Primera Guerra Mundial y el "prêt à porter"
Con la Primera Guerra, una nueva mujer surge: libre, apta para salir a trabajar, a practicar deporte, y que exige una nueva moda: se corta el pelo, suprime el corsé, y adopta el pijama de noche.
Como reacción ante las casas de alta costura, en los '50 surge un movimiento de jóvenes que prefieren prendas sueltas que pudieran conjuntar a su aire.
El vestido en la infancia y la pubertad
El afán de distinción es algo innato en el individuo. Pero a diferencia de lo que se cree, este sentido de la propia identidad surge con fuerza a partir incluso de los dos-tres años, y no recién en la pubertad o la adolescencia. Como explica el artículo "Los niños quieren elegir su ropa" (Bebés y embarazos, 2008), a esa edad el niño o la niña ya tendrán su buzo preferido y se opondrán con fuerza a calzarse unos zapatos que por algún motivo para nosotros desconocido les disgustan.
"La elección de la ropa no es un mero capricho infantil, sino que puede responder a ciertas necesidades ocultas para los adultos y difíciles de explicar." ¿Por qué sino -se pregunta la articulista- les gusta tanto disfrazarse?
