Mientras que en ambientes académicos y políticos se mantiene el debate sobre las bondades de la democracia participativa sobre la puramente representativa, que reduce la participación del soberano a acto de depositar un voto en una urna cada cierto tiempo, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela consagra la democracia participativa como modelo que regirá el devenir político del país; lo que la convierte en una de las más avanzadas del mundo.

Complementariedad de las democracias representativa y participativa

En el artículo 62 de la citada Carta Magna puede leerse:

La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica.

Pero si bien el modelo representativo puede ser bastante excluyente con respecto a la participación popular; el modelo participativo no es necesariamente incluyente. Dicho de otra forma, no puede existir democracia participativa, si no existe -como condición previa- una sólida democracia representativa. De hecho el artículo 5 de la citada Constitución venezolana dice:

La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público.

En este sentido, la propia Constitución señala los procesos electorales como los principales sistemas de participación: El artículo 70 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dice:

Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, la consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros (…)

Así, resulta contradictorio hablar de democracia participativa cuando la participación en la elección de un órgano como es el Parlamento, que será el encargado de poner en marcha los mecanismos que hagan posible la propia democracia participativa, ha sido más que escasa. Por citar datos concretos, en las elecciones del parlamentarias del 4 de diciembre del 2005, la participación, según cifras oficiales, no superó el 25 % del censo; que si bien se elevó al 66,45% en la elecciones parlamentarias del 2010 -siendo esta cifra calificada como de "elevada participación" se continúa en la tónica de la escasa participación electoral, si se compara por ejemplo con el 75,3 % de participación electoral en los comicios parlamentarios españoles del 2008. Esta escasa participación es -por otra parte - es una constante en Latinoamérica.

Contradicciones de la democracia venezolana

La historia de la democracia de dicho país está plagada de contradicciones a las que ya nos referimos en artículos anteriores. A raíz de la caída del dictador Pérez Jiménez en 1958, se establece la denominada democracia puntofijista, que lo era en tanto en cuanto los ciudadanos y ciudadanas votaban; tratándose de una democracia puramente procedimental, ya que el auténtico debate político es hurtado a los ciudadanos y ciudadanas, siendo sustituido por pactos entre las cúpulas de los partidos dominantes - COPEI y Acción Democrática- a la luz del citado acuerdo firmado en Puntofijo, Estado de Falcón. Según LANSCH (La rebelión de las élites y la traición a la democracia) la ausencia de debate político es un síntoma de la decadencia de la democracia

En las citadas elecciones parlamentarias del 2005, por una parte se estimulan los mecanismos de participación como asambleas ciudadanas, los Concejos Locales de Planificación Pública en los Municipios, o le Cooperativismo, por citar algunos ejemplos, por otra la participación en la vida política expresada a través de las elecciones, resulta más que deficiente.

Democracia representativa y credibilidad del sistema

Como dice Victoria Camps (Las Paradojas del Individualismo) la participación electoral es sólo un elemento de la participación política sin más, si bien un elemento inexcusable para valorar la misma. Como afirma la autora la democracia precisa de individuos comprometidos con los principios que están defendiendo. Entonces ¿sólo una cuarta parte del electorado o como máximo bastante menos de las tres cuartas partes del electorado está comprometido con la realidad política venezolana? Si esto fuera así, las críticas podrían dirigirse al Gobierno de la V República en el sentido de no haber podido o no haber sabido recuperar la confianza en la política tras más de 11 años en el poder.

La citada autora considera que unas cifras de participación escasas reflejan que el sistema carece de credibilidad. El ciudadano o ciudadana no se abstiene sólo por comodidad, sino porque no se siente escuchado ni se le da oportunidad para que hable, ni reconoce los intereses a debate como los suyos. Recodemos a este respecto que el propio Chávez fue elegido por abrumadora mayoría en las elecciones del 6 de diciembre de1998 pero con una importante abstención cercana al 40%; porcentaje que se consolidará en procesos electorales siguientes.

De esta manera y como colofón a este análisis, podemos concluir que, pese a los muchos alardes del sistema bolivariano en cuanto al fomento de la democracia representativa, en tanto en cuanto no se eleven las cifras de participación a niveles mayores, podemos hablar de crisis del sistema democrático; la cual no sólo es achacable a Venezuela, sino a un número elevado de países de la región.