La rutina se define según la Real Academia de la Lengua Española, como “costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas”. Según esta definición, la rutina se instaura en la vida de las personas por comodidad, ya que es necesario para el buen funcionamiento físico y mental: cada día hay que levantarse, acudir al trabajo, cubrir las necesidades de alimentación, cumplir con las obligaciones familiares, limpiar y ordenar la casa, etcétera, y esto es así sin plantearse porqué.

La mayoría de las personas necesitan la rutina para estar bien, para no desgastarse psicológica y mentalmente sobre qué se debe hacer constantemente. Sirve también para no pensar en el futuro inmediato, puesto que la mayoría de cosas del día a día están predeterminadas.

En las relaciones de pareja ocurre lo mismo. El paso del tiempo hace que las cosas cotidianas se instauren en el lugar de las cosas emocionantes del principio de la relación. Esto es así porque las intensas emociones y planes de los inicios de las relaciones podrían desgastar mucho a nivel físico y mental.

Estar enamorado: mariposas en el estómago

Si la sensación de enamoramiento durara mucho tiempo, no podríamos cumplir con nuestras obligaciones. La imagen de la persona amada acapara toda nuestra atención durante la fase de enamoramiento.

El pulso se acelera ante un mínimo pensamiento, el cuerpo se pone en situación de “estrés” suprimiendo así el apetito, el sueño y generando una energía física, que acabaría pasando factura con el paso del tiempo.

Todo esto sin hablar de los problemas que podría tener el hecho de que nuestros pensamientos estuvieran ocupados la mayor parte del tiempo por la persona amada: bajaría el rendimiento en el trabajo y probablemente en otros ámbitos de la vida.

La rutina tiene su función, y es precisamente, generar el estado contrario al enamoramiento: la relajación y las emociones planas.

Dicho así, la rutina es capaz de acabar con cualquier historia de amor. Precisamente por esto, hay que saber establecer un término medio entre estos dos polos.

La virtud está en el medio: salir de la rutina

Como se ha visto, la rutina no es negativa en sí misma. Simplemente hay que saber intercalar periodos rutinarios con periodos emocionantes para mantener vivo el amor.

Para salir de la rutina no hay que quejarse por el deterioro de la pareja. Muchas personas se estancan en un periodo de mirar hacia atrás, valorando así como maravilloso lo que se tenía en un principio, y valorando negativamente lo que se posee en la actualidad. Estas personas piensan que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. Este es un grave error.

Todas las parejas pasan por fases, entre ellas, periodos rutinarios, no por ello negativos, solo hay que saber sacarle lo bueno y poner remedio a tiempo.

Trabajar la rutina en la pareja

Para vencer la rutina, es necesario tener una actitud mental positiva y abierta hacia el cambio, es decir, se debe creer que la relación de pareja puede mejorar y prosperar.

Los momentos negativos hay que dejarlos atrás, pensando así en el futuro como algo positivo y lleno de cosas nuevas por hacer.

Se deberá emplear esfuerzo en mejorar la relación de pareja: la rutina no se vence sola, hay que invertir tiempo y esfuerzo personal. Esto implicará estar receptivo a las demandas de la pareja, tratar de sorprenderle, hacerle pequeños regalos, realizar halagos, en definitiva, cualquier cosa que vuelva a generar el “buen rollo” perdido por la rutina.

Fomentar el cariño y las actividades agradables en pareja

También se deberá poner esfuerzo en hacer actividades agradables en pareja. Esto implicará: salir a cenar fuera de casa, salir con amigos, hacer escapadas de fin de semana, proponer un viaje, entre otras actividades.

También se consideran actividades agradables hacer cosas juntos que gusten a ambos, como compartir una afición o hacer deporte.

No todas las cosas para vencer la rutina deben hacerse fuera de casa. Por ejemplo, ver películas o series de humor, donde poder compartir risas con la pareja favorecerá un vínculo positivo.

Compartir las tareas del hogar, hacer actividades de bricolaje o jardinería o cualquier otra actividad que pueda hacerse en casa, puede resultar favorecedor para ambos, siempre y cuando esa actividad sea valorada como agradable.

Del mismo modo, centrarse en el fomento de las relaciones sexuales y actitudes cariñosas será la parte final para volver a revivir momentos buenos en la pareja. A mayor frecuencia de relaciones sexuales positivas, mayor será el deseo por parte de ambos. La rutina se instaura muy rápidamente en el terreno sexual, hay que saber vencerla.

Por último, recordar que la pareja es un aliado, no un enemigo; merece la pena tratar de viajar por el mismo camino.