Fue una adolescente muy introvertida, casi no hablaba. Su madre llegó a asegurarle que carecía de humor. Pero gracias al grupo de teatro del instituto, la bilbaína Velilla Valbuena consiguió superar sus miedos y ahora se gana la vida haciendo reír a la gente.

Debutó contando monólogos en Paramount Comedy y más tarde colaboró en "La hora chanante". Acaba de presentar la película "Un mundo casi perfecto". La cinta narra la historia de un guionista en horas bajas que es testigo de un atraco y los problemas que esto le acarrea. Además, este mismo fin de semana termina la primera temporada de la obra "Mujercísimas" en el Teatro Nuevo Alcalá. En octubre volverá a subirse a las tablas. Hasta entonces podemos disfrutar de su gracia en "Un mundo casi perfecto". Porque según Velilla "el humor es esencial para vivir".

J.A. - Acaba de presentar la película “Un mundo casi perfecto”. ¿No le parece irónico el título tal y como están las cosas?

V..V.- Me parece que es muy optimista. La alegría, las sociedades felices... Todo eso está ahí. La comedia siempre tiene que ver mucho con el dolor, aunque no lo parezca. Se produce una catarsis en la que lo malo se transforma en alegría y suele terminar con un final feliz.

J.A. - La película narra la historia de un escritor que no atraviesa su mejor momento

V.V. -Se trata de un guionista, interpretado por Javier Merino, al que le ha dejado la novia y no está en su mejor momento creativo. El protagonista es testigo de un atraco y se ve envuelto en el mundo del crimen. Esto le complicará la vida pero, por otro lado, se la arreglará. No hay mal que por bien no venga.

J.A. - Ha compartido cartel con Álex Angulo, Antonio Dechent y Javier Merino, entre otros. ¿Cómo ha sido trabajar a su lado?

V.V. -Antonio y Javier ya llevaban tiempo trabajando en la película. Funcionaban fenomenal. Antes de conocerse, habían tenido muy buena complicidad y como son los protagonistas, el ambiente ya estaba creado. Yo llegué más tarde. Tuvimos un par de días para conocernos y ensayar antes de empezar a rodar. Hubo mucha complicidad entre todos.

J.A. - La película está rodada en Bilbao, su ciudad natal. ¿Le apetecía trabajar en casa?

V.V. -Fue genial. Me pasé todo el tiempo dando las gracias. Yo me fui de Bilbao para trabajar porque consideré en su momento que necesitaba un espacio más amplio para formarme y trabajar y Bilbao se me quedaba un poco pequeñito en ese sentido. Pero siempre tienes ganas de estar en tu casa y Bilbao está ahora tan bonito...

Estuvimos rodando en lugares nuevos, construidos en los últimos años. La película muestra una cara más luminosa de Bilbao, una ciudad que siempre ha sido más industrial, más sucio, más negro.

J.A. - Además de la promocionar la película, podemos verla en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid con la obra “Mujercísimas”, donde 3 mujeres describen la evolución de las féminas desde los años 50 hasta hoy. No tienen pelos en la lengua, vamos.

V.V. -Este fin de semana es el último, pero en octubre volveremos a Madrid. Estamos Belén Rubio, Cristina Fenollar y yo. Es un espectáculo de comedia donde mezclamos monólogos y sketches. Ha funcionado increíblemente bien porque ninguna de las tres somos super famosas, aunque llevamos toda la vida trabajando. Y sin embargo, la gente ha venido porque se ha corrido el boca a boca muy rápidamente. El público no para de reír porque tiene puntos muy buenos y está muy divertido.

J.A. - Las 3 actrices vestís de rojo. ¿Es una forma de provocar o de llamar la atención?

V.V. -El rojo es un color precioso. Es muy luminoso, capta la atención, te llama... Tiene mucho poder. Desde que se hizo la película "La mujer de rojo" es como un símbolo de mujeres poderosas, con carácter. Las tres nos vemos guapísimas de rojo.

J.A. - En su primera actuación, le dio un ataque de risa en pleno escenario. ¿Dijo aquello de "tierra trágame"?

V.V. -Yo era muy muy tímida. De pequeña hice una obra para ancianos y me llamó mucho la atención el agradecimiento de la gente. Se me quedó grabado. Pero seguía siendo muy introvertida. Así que, cuando era adolescente decidí apuntarme a un grupo de teatro para canalizar todo eso y abrirme porque estaba muy encerrada. Poco a poco lo fui convirtiendo en un gusto, un reto que apasionante y al final se ha convertido en mi modo de vida.

J.A. - ¿Aceptaron en casa su decisión de querer ser actriz?

V.V. -Es muy gracioso. Cuando yo dije en mi casa que quería ir a una escuela de teatro estaban súper preocupados porque me veían tan tímida que pensaban que me iba a dar un tortazo. Mi madre me dijo: "Mira Veli, pero si tú no tienes gracias". Es muy curioso las vueltas que da la vida porque ahora me dedico a la comedia. Yo nunca hubiera pensado que estaría escribiendo y contando monólogos.

J.A. - Precisamente trabajaste en la cadena Paramount Comedy contando monólogos. ¿Es complicado hacer reír y entretener a la gente?

V.V. -No es fácil hacer humor. Hay gente que lo tiene más a mano, le cuesta menos. Ahora mismo el monólogo está muy afianzado en nuestro país, pero todavía no se valora lo suficiente y creo que es vital. El humor es esencial para vivir y no es fácil reírse. Tienes que tener mucho sentido del humor para dedicarte a esto...

En Madrid hay varios locales donde los monologuistas vamos a probar nuestros textos. Así vemos qué funciona y qué no, lo pulimos y nos quedamos con lo mejor. Cuando consigues hacer reír a la gente y que se den cuentan de cosas, es la bomba.

J.A. - Te atreviste con el monólogo "Los tíos son detallistas". ¿Va en serio o es puro peloteo?

V.V. -En aquel momento era una ironía. Yo empecé en el 98, y entonces aún no existía Paramount Comedy, justo acababa de abrir una oficina en Madrid. Entonces, yo hacía un monologuito al público en un cabaret sobre una mujer a la que le gustaba que le pegasen. Era muy gracioso.

El siguiente monólogo fue como darle la vuelta al mundo. Los hombres nos quieren por nuestro cerebro y nosotras buscamos que nos quieran por nuestro físico y además queremos sexo. Se producía un cambio de roles muy divertido.

J.A. - Otro de sus monólogos se titulaba "Soy camarera". ¿Lo suyo era servir copas?

V.V. -Gran parte de mi familia se dedicada a la hostelería, entre ellos mis padres y yo he estado mucho tiempo detrás de la barra ayudando. Así que, cuando vine a Madrid, tuve que pagarme los estudios de interpretación y me puse a trabajar de camarera.

Es como un pequeño escenario. Tú estás en un lado (detrás de la barra) y la gente en otro. Pasan cosas muy curiosas... Mientras estaba en el bar, apuntaba cosas que iban sucediendo y de ahí salió ese monólogo. El monólogo es mi propia experiencia como camarera.

J.A. - Trabajó también en "La hora chanante" donde parodió los talk-shows con el sketch "Cuéntaselo a Asun". ¿Se atrevería a presentar un programa real de testimonios?

V.V. -No veo presentando este tipo de programas. Jugar con sentimientos y experiencias reales de la gente requiere una gran dosis de profesionalidad para no exponer y respetar mucho a la persona que llevas. Me parece un tema muy delicado y no me veo en ese papel. Además, yo soy muy curiosa y acabaría preguntando cosas que no debo.

J.A. - ¿Qué proyectos de futuro tiene?

Lo más inmediato es que la gente vaya al cine a ver la película ("Un mundo casi perfecto") y que se corra el boca el boca, porque si no puede durar poco en cartelera, y queremos que se mantenga. No es una gran producción y no tenemos tanto dinero para estar promocionándonos continuamente.

En octubre continuaremos con las funciones de la obra "Mujercísimas". De momento, no haremos gira. Tenemos que explotarlo más en la capital. Así que, nos quedaremos en Madrid. Y tengo más cosas pendientes, pero hasta que no salgan no se puede decir nada porque sería echarse unos faroles impresionantes.