Ninguna historia sobrenatural ha sobrevivido tanto hasta nuestros días como la del vampiro chupador de sangre y seductor de hermosas mujeres. El secreto de su atractivo parece provenir de la instintiva fascinación humana por la sangre y de la idea de que todas sus desgracias vienen de fuerzas ocultas.

La iglesia quiso desterrar este pensamiento con las palabras del Levítico: "Salvo que sangre no comeréis, sobre la tierra la derramareis como agua”. Desde ese momento el cristianismo declaró al vampirismo como enemigo público y lo haría célebre y temible hasta nuestros días: ¡el hombre se vio tentado por la prohibición de la sangre!

En 1489, el Santo Oficio ratificó al vampirismo en “El Martillo de Brujas”, un manual encargado por la iglesia que describía, entre otros, los secretos del vampiro y cómo acabar con él. La Santa Inquisición empezó una larga y cruel tarea para desterrar su práctica de la faz de la tierra.

Tipos de vampiros y cómo destruirlos

Hay dos clases de vampiro: el inventado por la mente y el real. El primero es un ser mítico que causaba la muerte a quienes se creían víctimas de él, y el segundo es el vampiro real, un sicótico alimentado por el temor infundido por la Iglesia.

La forma de protegerse contra un vampiro va desde traspasar el cadáver con una estaca, separar la cabeza del tronco, reducir el cuerpo a cenizas, despedazar el corazón, arrojar agua o aceite hirviendo en el sepulcro, hasta otras técnicas no menos espeluznantes.

El vampirismo se hizo célebre en Europa Central más que en ninguna otra parte del mundo. En las aldeas de Bulgaria, por ejemplo, se creía que si un muerto tenía sangre de vampiro resucitaría a los nueve días y se podía ver en la oscuridad en forma de unos chispazos, y en el día como una sombra en la pared.

En Rumania se aseguraba que después de los cuarenta días el vampiro culminaba su aprendizaje y emergía de la tumba como cualquier persona, mezclándose con la gente sin ser percibido como vampiro.

Historias de vampiros

Un hecho registrado le ocurrió a una mujer rumana que se quejaba de las constantes ausencias nocturnas de su marido; ella salía a vigilarlo pero siempre le perdían el rastro. A la mañana siguiente encontraban cabras y cerdos degolladas, y más tarde descubrieron a un hombre de aspecto grotesco con un solo orificio nasal y fue quemado vivo, mientras el marido nunca apareció.

Uno de los casos más espantosos de vampiro viviente fue el de Gilles de Rais en 1440, que cometió los más execrables crímenes en su castillo. De Rais llevaba mancebos a su castillo para abusar de ellos y después los mataba y se extasiaba entre los despojos. Fue condenado al patíbulo.

En 1611 Europa registró horrorizada el caso de la condesa Bathory, que mató a más de quinientas doncellas para beber y bañarse en su sangre y procurarse placer sexual. La condesa era lesbiana y estaba convencida de que la sangre de las vírgenes la conservaba joven y hermosa. La Condesa fue arrestada y condenada a cadena perpetua en su castillo.

A finales del siglo XIX aparecieron varios cadáveres de niños mutilados en los alrededores de un castillo en los Cárpatos austríacos. Allí había muerto un Conde y su hija, y en 1900 se decía que ambos se habían vuelto vampiros. Los aldeanos decidieron abrir sus tumbas y quemarlos: los cadáveres estaban intactos, les clavaron una estaca en el corazón y quemaron el castillo.

La historia se cierra con Peter Kurten, el monstruo de Dusseldorf, que mató a más de treinta personas, bebía su sangre y se extasiaba sexualmente. Su esposa lo sorprendió y lo entregó a la policía. Kurten fue sentenciado a seis penas de muerte en 1931, y el famoso director de cine Fritz Lang rodó una película que lo haría famoso.

Drácula, la ciencia y la inmortalidad

El vampiro más famoso de todos los tiempos es el más mítico: Drácula, el vampiro literario más conocido y creado por el novelista inglés Bram Stoker, inspirada seguro en el príncipe de Valaquía de Rumania Vlad Dracul, un tirano que empalaba a sus enemigos en los montes y luego ofrecía una fiesta orgiástica en su castillo.

Científicos norteamericanos descubrieron en 2001 que el vampirismo era producto de la enfermedad de la rabia, mientras los siquiatras afirman que se trata de un padecimiento mental llamado hematodipsia, sed de sangre con raíces sexuales, y para los filósofos no es sino otro sueño frustrado del hombre por la inmortalidad.