El filme se sitúa en el año 2019. Una epidemia ha convertido a la mayor parte de las personas en vampiros; la población humana que ha conseguido “sobrevivir” al flagelo, se ha convertido en la principal fuente de alimentación de los seres sedientos de sangre, pero sólo un cinco por ciento ha logrado sobrevivir, lo cual comienza a provocar estragos en la “industria de la sangre”, y ésta comienza a escasear cada vez más.

Debido a la desnutrición por falta de aliemento -¡nuestra sangre!- , muchos vampiros comienzan a mutar en horribles criaturas deformes, cometiendo actos de vandalismo, saqueos y ataques contra miembros de su propia especie, en su desesperación por sobrevivir.

El hematólogo Edward Dalton -en una sólida interpretación a cargo de Ethan Hawke-, también vampiro, miembro de la más grande corporación farmacéutica que se encarga de la distribución -y el monopolio- del tan preciado elixir, se encuentra trabajando en el desarrollo de un sustituto de la sangre para dar fin a la escasez de dicho recurso; pero su búsqueda cambia de dirección cuando se cruza con alguien que, antes vampiro, ha encontrado la forma de volver a transformarse en humano.

Desarrollo

En estos tiempos en los cuales el tópico del vampirismo es una moda, filmes como Crepúsculo apuestan a la incursión en el mundo adolescente, reflejando en dicha temática elementos como la crisis de la adolescencia, el amor, el sexo y la violencia social. Esto resulta, en ocasiones, en productos algo pretenciosos con ideas forzadas, y personajes con los que resulta difícil empatizar.

Daybreakers ha logrado, al menos un poco, reivindicar esa parte del género. Realizando una lectura sociológica de su guión, nos encontramos con una metáfora de nuestros tiempos, en los que las carencias básicas que el ser humano debe tener para sobrevivir provocan estallidos de violencia y crimen generalizado. Todo esto, al mismo tiempo en el cual las grandes corporaciones rigen la distribución de la riqueza y manipulan ciertos aspectos de la economía mundial.

En una secuencia muy particular, se ordena a los militares –vampiros, claro– capturar a todos los mutados o deformes que andan sueltos por la calle, y aniquilarlos exponiéndolos a la luz del día; sólo de esta forma se podría volver a instalar el orden en las calles, hasta que los menos desnutridos (aquellos que aún no han mutado) puedan volver a alimentarse. Nada lejos de la triste realidad de algunos países del mundo.

Diseño de producción

La película trata en forma original la idea de un futuro marcado por la epidemia del vampirismo, evidenciando cómo pocas cosas cambian: la fuerza de choque de las corporaciones es la milicia, se venden productos estéticos y de todo tipo para vampiros, así como también sus publicidades aparecen en las calles, y hasta existen locales al estilo fast food, en los que se ofrece, a un módico precio, un exquisito café con cierta graduación de sangre en su mezcla.

El filme, escrito y dirigido por los hermanos Spierig (Peter y Michael), es el segundo en su filmografía, luego de la comedia de horror Undead (2003) y el cortometraje The Big Picture (2000). Se utilizó un presupuesto bastante reducido para la realización; tan sólo 20 millones de dólares, y la película, distribuida por Lionsgate Films, no logró recaudar más de diez millones de dólares en taquilla, a nivel internacional (incluyendo su país de origen, Estados Unidos).

Con una estética impecablemente oscura y un predominio del azul –debido al desarrollo mayormente nocturno de los acontecimientos– y del rojo –por la sangre–, observamos que, sobre todo en las escenas de acción, se ha abusado de recursos como la cámara lenta y el “efecto videoclip”. Esto nos recuerda a películas como 28 Días Después (Danny Boyle, 2002) y más aún a su hiper-violenta secuela, 28 Semanas Después (ambas conocidas como Exterminio I y II, en Latinoamérica).

Algunos clissès evitables

Los personajes no han sido desarrollados demasiado, sobre todo el de Charles Bromley, el ambicioso dueño de la corporación Bromley y villano del filme en cuestión, interpretado por un Sam Neill que nos recuerda al Dr. Weir de Event Horizon (1997).

Willem Dafoe interpreta a Lionel ‘Elvis’ Cormac, un sobreviviente que integra la resistencia humana y con quien nuestro protagonista entablará un importante vínculo, ya que es el quien ha logrado volver a ser humano. Juntos, el y Edward intentarán repetir el proceso y hallar la cura del vampirismo.

También nos encontraremos con algunas sub-tramas que, lejos de acrecentar el interés por la historia, provocan que la historia principal y el guión en sí mismo pierdan fuerza y se debiliten, sobre todo en la segunda mitad del filme.

Conclusión

Daybreakers es una producción entretenida, con una importante dosis de acción y escenas algo macabras, que logrará satisfacer a los fanáticos del género e interesar a aquellos que busquen una interpretación más comprometida con la realidad social del mundo actual. La sobredosis de recursos del género de acción puede llegar a desviar la atención de la trama por algunos momentos.

De haber sido dirigida con un ritmo más pausado, podrían haberse aprovechado recursos como la impecable estética de las escenas nocturnas y algunos personajes podrían haber tenido una mayor prioridad en la historia.

El producto final resulta ambiguo, aunque entretenido; si bien no se trata de una gran película, Daybreakers puede asegurarse un lugar dentro del género. Sensibles de estómago, abstenerse.