Como parte de su labor teórico-política, el pensador alemán Karl Marx dedicó gran parte de su tiempo a analizar la lógica de funcionamiento del nuevo modo de producción que veía surgir antes sus ojos: el capitalismo. En su obra fundamental, “El Capital”, Marx condensa sus elaboraciones al respecto. Comienza analizando, en el primer tomo, la mercancía como “forma elemental” del régimen capitalista de producción. Ahora bien, toda mercancía posee un valor de uso y un valor de cambio, ¿en qué consisten estos conceptos según la teoría económica marxista? Y ¿qué elementos constituyen la teoría del valor económico para el marxismo?

El valor de uso de las mercancías

El concepto de valor de uso de una mercancía es fácil de aprehender: basta mirar a la materialidad de un bien determinado, a sus cualidades físicas y derivar de allí las necesidades que ayuda a satisfacer. Todo bien, para ser una mercancía, debe tener una utilidad, un valor de uso. Es decir, ha de satisfacer una necesidad. Que esta necesidad sea primaria (alimentación, vestido, vivienda) o de otro tipo es irrelevante desde esta perspectiva.

El problema que se plantea Marx parte de que las mercancías no son homologables, comparables, por su valor de uso, puesto que en su materialidad son cualitativamente distintas. Qué es, entonces, lo que hace que, por ejemplo, un barril de petróleo sea intercambiable por determinada cantidad de arroz. Estas mercancías satisfacen necesidades completamente distintas y poseen cualidades del todo diferentes.

Se hace necesario así, según Marx, hacer abstracción de las cualidades materiales concretas de las mercancías para entender el intercambio entre ellas. En palabras del autor: “Como valores de uso, las mercancías representan, ante todo, cualidades distintas; como valores de cambio, sólo se distinguen por la cantidad: no encierran, por tanto, ni un átomo de valor de uso.” (El Capital, Tomo I, México, FCE, 2006. p. 5).

El valor de cambio de las mercancías según la teoría marxista

Los bienes son intercambiables entre sí solo porque poseen algo en común. Pero este algo, como ya se ha visto, no puede ser buscado en la materialidad de las mercancías (su valor de uso). Para Marx, lo único que los múltiples bienes que circulan en el mercado capitalista poseen en común es su calidad de ser productos del trabajo humano.

Así, “… un valor de uso, un bien, sólo encierra un valor por ser encarnación o materialización del trabajo humano abstracto…” (Idem, p. 6). Valor de cambio y valor a secas son expresión de un mismo concepto. El valor se mide, de este modo, por la cantidad de trabajo que es menester para producir un determinado bien y esta cantidad se establece, a su vez, a través del tiempo de trabajo, de la duración de la actividad productiva.

Trabajo humano abstracto y tiempo de trabajo socialmente necesario

Ahora bien, la cantidad de trabajo humano necesaria para producir una determinada unidad de un bien varía de acuerdo a la destreza del productor, las condiciones naturales, la tecnología, entre otros factores. Para poder usar esa cantidad de trabajo como medida del valor de las mercancías es necesario, por tanto, abstraerse de la producción concreta de un determinado bien. Es decir, hace falta dejar de lado el trabajo útil concreto, productor de valores de uso, para ver el trabajo humano como trabajo abstracto.

En este sentido, el trabajo humano no es más que gasto de fuerza de trabajo. Cualquier bien, sea de la naturaleza que sea, creado por un trabajador cualquiera y en cualesquiera circunstancias, implicará un gasto de fuerza de trabajo.

A partir de esta generalización, se puede obtener un nuevo concepto que permite completar la teoría del valor marxista: el tiempo de trabajo socialmente necesario. El valor de una mercancía está determinado, en última instancia, por el promedio de la cantidad de trabajo necesaria para producir una mercancía en determinada sociedad, y no por la cantidad individual de trabajo que determinado productor invierte en la producción de un bien dado.

La teoría del valor según Karl Marx

Marx retoma las elaboraciones precedentes de economistas como Adam Smith y David Ricardo, padres de la economía política clásica. En palabras de Lenin: “La economía política clásica anterior a Marx surgió en Inglaterra, el país capitalista más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo, en sus investigaciones del régimen económico, sentaron las bases de la teoría del valor por el trabajo. Marx prosiguió su obra; demostró estrictamente esa teoría y la desarrolló consecuentemente…” (“Tres partes y tres fuentes integrantes de marxismo”).

Así, para Marx no es el juego de la oferta y la demanda el que determina el valor de las mercancías; este factor solo puede explicar las oscilaciones en el precio de los bienes. Pero están oscilaciones se encuentran limitadas por lo que de hecho constituye el valor de las mercancías: la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción.

A partir de la teoría de valor, Marx continuará desarrollando su análisis del modo de producción capitalista planteando que la fuerza de trabajo es una mercancía más en el mercado, pero una mercancía muy particular: una mercancía capaz de generar valor. Este será el punto principal de su teoría de la plusvalía, otro de los pilares de la teoría económica marxista.