La palabra falla deriva del latín “fácula” que significa antorcha y por extensión hoguera.

En Valencia se encendían fuegos para conmemorar las fiestas o los acontecimientos solemnes, en tiempos medievales se producían, como signo de alegría, por la llegada de un rey o el nacimiento de un príncipe.

Las hogueras para celebrar fiestas o alejar demonios

Desde los tiempos antiguos siempre ha habido la tradición de encender hogueras: quemar madera o muñecos para celebrar alguna ocasión, para inaugurar una fiesta, para efectuar ritos mágicos o religiosos, para propiciar el cambio de estación, alejar espíritus y demonios malignos, males y desgracias y como señal de purificación y comienzo de una nueva y mejor fase de la vida.

La historia y origen exacta de las fallas

La tradición y la importancia de las fallas empieza en el siglo XVIII, de las hogueras de los carpinteros y ebanistas valencianos. Estos, al acabar del invierno, hacían limpieza de sus talleres, recogiendo virutas, trozos de madera y cualquier residuo inservible que quemaban en ocasión de la víspera de su patrón, San José.

Los carpinteros, situados por la mayoría en el barrio del Carmen, tenían como costumbre trabajar en la entrada de sus talleres para aprovechar la luz del sol. En los oscuros días de invierno iluminaban el espacio de trabajo a través de unos candiles (cresols), luces que colgaban de un palo apoyado al pavimento con un pie y con un transversal en forma de percha (estai o parot). En el día del patrón el parot se quemaba en la hoguera, porque ya no se necesitaba por la aproximación a la buena estación y a los días más largos y luminosos.

En el siglo XVIII unos aprendices decidieron, por diversión, recoger no solo las virutas del taller, si no que todos los viejos muebles, los trastos y cualquier cosa inservible encontrada en el barrio, para quemarla en la falla de San Josep. Algún valenciano decidió, por ironía y diversión, vestir el parot como si fuera un espantapájaros, con unos viejos y estropeados pantalones, una chaqueta, el todo rellenado de paja y, para completar, un gorro.

La evolución de las fallas

La inventiva y burlona tradición de las fallas se evolucionó y se difundió con el pasar del tiempo: en principio solo eran unos trozos inutilizables de madera, luego se pintaron de manera grotesca y después se empezaron a realizar muñecos desde los más sencillos hasta los más decorados y complejos.

Proceso tradicional para la construcción de una falla

Una vez comisionado el artistas fallero y determinado el presupuesto, el primer paso es la ideación.

Normalmente la idea es del mismo autor, que, cuanto más irónica, divertida y humorística sea, más probabilidades tendrá de obtener aprobaciones y premios.

Una vez claro el concepto se realiza un boceto y se construye una maqueta en barro o escayola, como referencia para modelar las figuras o ninots finales de la falla.

Terminada la escultura definitiva en barro se realiza un molde de escayola partido en dos y vaciado. Se enjabona y se rellena con pasta – cartón, un papel blando que se coloca en diferentes capas de distintos colores para diferenciarlas. Se impregna con una pasta de pegar, compuesta por agua, harina, sulfato de cobre o piedra lipi, que permite comprimir y moldear bien el papel.

En cuanto las dos partes de cartón se sequen, se desprenden de las matrices, se unen con precisión, se retocan con cola y papel (sobre todo las juntas), se lijan, se limpian y se pintan primero de blanco y después con colores. Según la complejidad y la decoración de la pieza, se pueden adornar con pintura metalizada, de brillo o con volumen.

Normalmente en el taller se monta a modo de prueba la entera falla, compuesta por un armazón de madera ubicado encima de su basamento. Se concluye con los retoques necesarios y se corta en trozos para que se pueda transportar más cómodamente en el lugar establecido. Finalmente, en el momento adecuado, se traslada y monta gracias a unos andamios y, hoy en día, con la ayuda de grúas hidráulicas.

Modernamente la ejecución de las fallas es menos artesanal: en vez de fabricar el ninot en papel se esculpe directamente sobre piezas de poliuretano expandido y, además, la mayoría se construyen a través de unos programas de ordenador que calculan e incluso cortan perfectamente las piezas.

Un tiempo los mismos vecinos hacían sus propias fallas en unos quince días y de manera bastante improvisada, ahora hay especialistas que dedican su tiempo y vida a estas creaciones, trabajando todo el año, del cual por lo menos seis meses muy intensamente.