La orquesta de señoritas se escribió en 1957 y se estrenó en 1962 interpretada por mujeres, aunque tuvo que esperar el toque patético de lo masculino para adquirir la trascendencia de su tragicómico argumento. Un travestismo que fluye de gran teatro y se combina admirablemente con la picaresca del cabaret canalla.

En este caso es interpretada por hombres que desarrollan la ambigüedad sexual pero que en ningún momento intentan pasar por mujeres; con sus evidentes maneras masculinas interpretan las vicisitudes sociales y anímicas de un sexo femenino que en sí mismo está fatalmente condenado, pero, eso sí, entre dramáticas coplas y divertidos cuplés, y en el marco de una gran producción.

Una muy interesante unión entre Jean Anouilh y el español Juan Carlos Pérez de la Fuente como creador de un espectáculo total, ya que además de dirigirlo lo produce y adapta el texto.

Una Orquesta excepcional

Es una tragicomedia que presenta un grupo de personajes muy atractivos moviéndose en situaciones elaboradas con incisivo humor. Brilla el juego entre la apariencia y la realidad en la vida de mujeres y artistas frustradas procurando sobrevivir en tiempos difíciles. El travestismo por el que se ha optado profundiza en los aspectos frívolos y patéticos del original.

Esta adaptación se traslada a un cabaret español en plena posguerra: "De los felices tiempos del cuplé. Madrid: la ciudad epicentro de 1000 placeres. Madrid, sinónimo de vida alegre y antesala del averno. Termina la guerra civil y comienza la Segunda Guerra Mundial. Madrid se convierte en el destino favorito de fugitivos de toda Europa. Un festín siniestro para estraperlistas, inversores, cerebros del contraespionaje...".

Notables actores todoterreno

El reparto está muy bien "orquestado" y es emocionante ver el proceso decadente de la directora de la orquesta, doña Hortensia: despótica, seductora, soberbia y a la vez temerosa de la omnipresente mirada del jefe. Un Ribó de talento superlativo, que interpreta el cuplé de La Regadera con el estilo de aquellas vedettes, que "decían" más que cantaban...

  • Juan Ribó, doña Hortensia, directora y contrabajo. Hijo y nieto de diplomáticos, nació en Jordania, nacionalizado español. Sus tres primeros trabajos fueron tan importantes que le abrieron las puertas del difícil y apasionante mundo del teatro: el musical Godspell, 1974-1975, la obra de Peter Shaffer, Equus, 1975-1977, junto a María José Goyanes: estreno de escándalo con desnudos integrales "protestados" por parte del público con nostalgia franquista. Y Amadeus, también de Shaffer, en el que fue un jubiloso Johann Amadeus Mozart. En su larga carrera mechada de variados géneros, nunca se transformó en mujer. Entre sus últimos trabajos, una espléndida galería de personajes en Tantas voces, sobre textos de Luigi Pirandello.
Susana Delicias, el más femenino de los hombres y la más virginal de las mujeres, ha debutado en las lides del amor y esta "multiúnica" relación la atormenta y atormenta a los demás. A través de este personaje, la risa del grotesco hombre/mujer se convierte en rictus amargo. Víctor Ullate interpreta el clásico cuplé que estrenó La Bella Dorita: La vaselina.

  • Víctor Ullate Roche, Susana Delicias, violonchelo. Hijo de los bailarines, coreógrafos y maestros de danza Víctor Ullate y Carmen Roche, siempre ha demostrado un amplio dominio como actor-cantante-bailarín, lo que ha lucido considerablemente en funciones como Mi primera vez, Cantando bajo la lluvia, Mar y cielo y Spamalot.
Pamela ha sido descocada, promiscua, enamoradiza. Una creación de Juan Carlos Naya en el arte de impactar sin subrayados, en un tono muy suave, casi dulce para describir una trayectoria desgarradora.

  • Juan Carlos Naya, Pamela, segundo violín. En escena desde 1980, fue en sus comienzos un galán reclamado a menudo por su bella estampa y cierto aire británico. Con los años fue enriqueciendo sus recursos, destacando en Los habitantes de la casa deshabitada, Carlo Monte en Montecarlo, Las mocedades del Cid, Los chicos de la banda y El retrato de Dorian Gray.
Es la mujer barbuda, su planta masculina, su voz operística sensacional y su talento actoral emocionan sobre la base del clásico melodrama de la mujer enamorada de quien siempre la maltrata: colgada de un Edmundo feroz por el que, sin embargo, sería capaz de matar.

  • Emilio Gavira, Herme, viola. Actor con amplia experiencia y cantante con prodigiosa voz, tiene una trayectoria muy amplia entre la zarzuela, la comedia y el drama. Destacó ampliamente en dos creaciones muy complejas: Divinas Palabras, de Valle Inclán, dirección de Gerardo Vera, y La caída de los dioses, de Visconti-Pandur, donde se estrenó en un travestismo operístico que despertaba ovaciones.
Patricia es virgen. Pendiente de su madre anciana y enferma, mezcla de resentida y dulcísima con aires monjiles. En la representación a la que asistió este cronista, Luisa Martín interpretó el papel de Perezagua, por motivos de salud. Desde aquí le deseamos pronta recuperación.

  • Luis Perezagua, Patricia, primer violín. Actor de múltiples recursos, con gran aporte humorístico con sólo aparecer en escena, si bien ha demostrado notables posibilidades dramáticas. Adquirió popularidad con series de televisión de éxito, pero el teatro es su hábitat más entrañable. Algunos títulos: Angelina o el honor de un brigadier, Melocotón en almíbar y Las últimas lunas, junto a Carmen Elías y el recientemente fallecido Juan Luis Galiardo.
Leo es un personaje de señora mayor a la que no le queda más que seguir los vaivenes de sus compañeras, y El Pianista es el centro neurálgico del pasional entuerto que comienza en sainete y termina en trágico esperpento.

  • Zorión Eguileor, Leo, flauta, gran precisión en el saber estar con poco texto; y Francisco Rojas, pianista, sobresaliente trabajo en el único personaje enteramente masculino: el hombre atormentado en casa con esposa enferma y en el trabajo por amante enloquecida y una directora de orquesta que también le pretende.

El vestuario sobre figurines de la época

Alejandro Andújar, escenógrafo y figurinista muy creativo ha trabajado para esta ocasión sobre los figurines de Álvaro Retana (1890-1970), un hombre excepcional de la música, la literatura y el teatro populares de los años 20 hasta la posguerra española en que fue condenado a muerte "por rojo, homosexual, revolucionario peligroso y asaltador de conventos". Se le conmutó por 30 años de cárcel de los que cumplió nueve. Tuvo un hijo que en agosto de 2011 ya tenía 94 años, según su propio vástago residente en México: Alfonso Álvaro Retana.

El Museo Nacional del Teatro guarda más de doscientos figurines de este creador que ninguna Compañía teatral consultó hasta que Pérez de la Fuente Producciones llamó a su puerta. Es esta una ocasión realmente formidable, y justo homenaje a una personalidad que mereció varios estudios biográficos. El primero lo creó él mismo, Mi alma desnuda, en 1923, y después llegaron: Revista de sexología, Pilar Pérez Sanz y Carmen Bru Ripoll, 1989; El ángel de la frivolidad, Luis Antonio de Villena, 1999, y Cruces de bohemia, Javier Barreiro, 2001.

Orquesta de señoritas, de Anouilh por Pérez de la Fuente. Teatro Amaya, desde el 22 de agosto.