En el año 2007, el Carnaval del Uruguay fue declarado un Bien de Interés Nacional; en el 2009, la UNESCO declaró al Candombe, Bien Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Desde 1874 Carnaval y candombe se dan la mano en cada mes de febrero, para disfrute de los orientales y de quienes llegan, atraídos por sus ritmos pegajosos.

Una fiesta que no distingue entre pobres y ricos

Sentados al cordón de la vereda / bajo la sombra de algún árbol bonachón / vimos pasar coquetos carnavales / careta viva de un pueblo con dolor.

Cuando José Carbajal, El Sabalero escribió la primera estrofa de A mi gente, estaba unificando el sentir de un pueblo, sin distinción de clases, ideologías ni razas.

Desde mediados del siglo XIX, el carnaval acapara el sentir de los orientales y les ha servido de soporte en momentos difíciles de su historia.

Es la fiesta de los pobres y de ella no se excluye a los poderosos, ni siquiera a quienes la sociedad ha creído tener que rehabilitar; es la fiesta donde disfrutan codo a codo, artistas y obreros, políticos y amas de casa; los uruguayos viven el carnaval desde su propia sangre y lo llevan allá, donde quiera que vayan.

Reminiscencia española y africana en la fiesta mayor

En el carnaval del Uruguay destacan dos vertientes principales que pasean sus ritmos complementando las actuaciones de los Humoristas, Parodistas y las Revistas y en los últimos años, las Escuelas de Samba, las que por su reciente innovación conforman un capítulo aparte.

Las murgas, que tienen origen en España y cuyas letras contienen un alto grado de sátira humorística sobre la sociedad y la política.

Detrás de las letras de las canciones de este género se escondió, durante la dictadura militar de 1973 a 1984, el sentimiento de resistencia de los uruguayos.

El candombe, que toma sentir oficial a través de las Sociedades de Negros y Lubolos, pero que está presente en todo el pueblo, recrea los orígenes africanos de los negros esclavos durante la época colonial.

Las comparsas traen a nuestros días, sus vestimentas, cantos, bailes típicos y cultura: la mama vieja, el doctor brujo y el escobillero, caminan al mismo ritmo junto a vedettes y porta estandartes.

Las primeras murgas montevideanas

La primera murga en Uruguay se formó en 1908 como La Gaditana, nombre que le dieron sus componentes, integrantes de una Compañía de Zarzuelas española que se encontraba actuando en Montevideo.

Las primeras murgas ponían letras picarescas a músicas conocidas, que interpretaban con instrumentos de viento fabricados de cartón.

Los nombres de aquellas pioneras instaban a la jocosidad: Tírame la punta del naso, Domadores de suegras, Don Bochinche y Compañía, Fórmale el cuento a la vieja, Amantes del salamín, Los peludos terribles, Escuela de tiburones, o Asaltantes con Patente, entre otras.

Desde las primeras murgas que no tenían más de seis o siete integrantes, estas evolucionaron a la vez que fueron aumentando el número de integrantes a un promedio de 20.

En 1917 la murga fue reconocida como categoría carnavalesca. Los instrumentos de viento compartieron protagonismo o fueron sustituidos por el bombo, el platillo y el redoblante. En la década de los 80 del siglo pasado, el llamado “canto popular” modernizó con un nuevo impulso a la murga.

Las comparsas Lubolas

La primera agrupación de esta categoría apareció en Montevideo en el carnaval de 1874 bajo el nombre de Negros Lubolos.

Por entonces, los esclavos negros tenían prohibido participar de espectáculos de la naturaleza del carnaval y fueron blancos quienes ocuparon su lugar.

Lubolo significa blanco pintado de negro y precisamente se trataba de jóvenes, estudiantes, comerciantes y profesionales blancos de origen criollo, que se teñían el cuerpo de negro logrando una caracterización perfecta de los negros esclavos y se vestían con ropas que imitaban a los esclavos de las fazendas brasileras e ingenios cubanos.

Imitando a la raza negra

Hablaban y caminaban parodiando a los negros que habían sido sus maestros en estas lides. Tanto se insertaron en el papel de la raza que estaban representando, que no olvidaron al “tata viejo” que siempre caminaba ofreciendo yuyos medicinales, rezagado detrás de sus congéneres; la “mama vieja” y “el escobero” que había adoptado una escoba como bastón de mando y con ella hacía geniales malabarismos.

Los instrumentos que llevaban eran los típicos de la raza negra: tamboriles y masacallas.

Por aquella época las familias montevideanas más distinguidas y los salones de baile más famosos se disputaban las visitas de los Negros Lubolos.

Los desfiles y los tablados

La festividad comienza oficialmente en los últimos días de enero, con el Desfile Inaugural de Carnavalpor la céntrica avenida 18 de Julio.

Días antes se han elegido las reinas que presidirán todos los corsos, por una regla no escrita, la reina de las Llamadas pertenece a la raza negra y la reina del carnaval es de raza blanca. Actualmente también se elige la reina de las Escuelas de Samba, hace muy poco que se inició este concurso y aún no se puede decir que se haya sentado ningún precedente.

Una semana más tarde, se realiza por las calles estrechas de los Barrios Sur y Palermo, el Desfile de Llamadas que en la actualidad y debido al número de comparsas participantes se divide en dos jornadas.

Los tablados son escenarios populares o privados que se levantan en distintos barrios, generalmente a cielo abierto, y dónde actúan, previa contratación, los conjuntos carnavalescos que tienen su propio caché cuando actúan en los ambientes privados.

En el Teatro de Verano se realiza el concurso oficial

El concurso oficial de agrupaciones se desarrolla durante algo más de un mes y medio en el Teatro de Verano Ramón Collazo, enclavado en el Parque Rodó, un espacio de gran belleza paisajística.

Las Murgas, Sociedades de negros y lubolos (comparsas), Revistas, Parodistas y Humoristas compiten por los primeros premios y sus actuaciones son seguidas cada noche por cientos de espectadores. Cada agrupación tiene sus fans, seguidores incondicionales que viven la fiesta en primera persona.

La época estival en que caen los festejos del carnaval en el hemisferio sur, los hace particularmente desinhibidos, con participación de gente de todas las edades hasta altas horas de la noche, disfrutando de la temperatura que invita a permanecer al aire libre.

Breve reseña sobre la historia del carnaval uruguayo

La historia del carnaval en Uruguay se remonta a la época colonial.

Se cree que en Montevideo, ya por 1760 comenzaron las manifestaciones carnavalescas, las que por entonces consistían en tirarse huevos frescos o vaciados y rellenos de agua, siguiendo la tradición del carnaval medieval europeo.

A finales del siglo XVIII se trató de encausar los festejos hacia las exhibiciones artísticas, que ya por entonces formaban parte importante de los gustos del público montevideano.

Después de un tiempo en forma progresiva los festejos pasaron a ser organizados oficialmente y, en una sociedad con una marcada europeización de costumbres producto de la inmigración, se imponen por sobre cualquier otro tipo de festejo los modelos europeos de celebración del carnaval.

Actualmente el carnaval vende más entradas que cualquier otro festejo popular incluido el fútbol, lo cual, en un país tradicionalmente futbolero, dice ya mucho en cuanto a las preferencias de los uruguayos.

Es un festejo incluido en el calendario turístico del país.