Josep Pla nació en 1897, en Palafrugell, Gerona (noreste de España), en el seno de una familia de pequeños propietarios rurales. Como Borges, también fue Pla un lector precoz e impenitente. Devorador de autores franceses (Montaigne, Stendhal, Pascal), castellanos (Azorín, Baroja) o catalanes (Ruyra, d’Ors), fue consciente muy pronto de su “destino” literario.

La ambición de su vida, como dejó dicho, no fue nunca otra que la de escribir y publicar libros. El periodismo fue un modo de vida, pero también se lo planteó como el camino más rápido y lógico hacia la escritura literaria.

Estudios, amigos del Ateneo y primeros pasos en el periodismo

Estudió la carrera de Derecho en Barcelona. Asiduo del Ateneo, ahí encontraría un abundante fondo de literatura (en especial francesa) y también la prensa europea más destacada del momento. En el Ateneo fue contertulio habitual de gentes como Joaquim Borralleres, Joan Estelrich, Josep Maria de Sagarra o Alexandre Plana.

Este último iba a ser una especie de mentor para Pla, orientándolo en sus primeros pasos por el mundo del periodismo y la escritura. Plana iba a encargarse de “pulir” la inicial manera de escribir de Pla, que al parecer, poco tenía que ver con la sobriedad que en el futuro le caracterizaría.

La escritura periodística iba a ayudarlo a hacerse con esa “sobriedad”. Enemigo de toda clase de pedantería, evitará en su obra las “citas”, a pesar de su gran erudición libresca.

Corresponsalías en Europa

Entre aproximadamente 1921 y 1939, lo encontramos haciendo de periodista y corresponsal en las más diversas capitales europeas, y cerca de los avisperos políticos y sociales de la época. En el París de la década de los veinte, iba a relacionarse con exiliados de Acció Catalana, y con el mismo Francesc Macià, conspirando contra el dictador Primo de Rivera. Estuvo también en el Berlín prenazi, reportando la peliaguda situación económica de la Alemania del momento.

No se perdió tampoco la Marcha sobre Roma de Mussolini. En Italia, que Pla consideraba una especie de segunda patria, respiró el ambiente cargado del fascismo italiano, lo que iba a vacunarlo de manera definitiva contra banderas y nacionalismos gritones.

En Madrid en 1931, cubrió la proclamación de la Segunda República, y permaneció allí hasta 1936, marchándose poco antes de la Guerra Civil, al no parecerle segura la capital del Reino. Tampoco las tenía todas en Barcelona, así que se fue para Marsella. En 1939 acabada ya la guerra, vuelve a Barcelona.

Ojeriza a Pla por parte del establishment catalán

Pero antes de volver, parece que se dedicó a actividades conspirativas (o de espionaje) a favor del bando franquista (que como Cambó, Pla consideraba el mal menor), junto con su compañera sentimental de entonces: Adi Enberg, de padres escandinavos, muchacha políglota y muy sofisticada. No hace falta decir que estas actividades le iban a valer a Pla la ojeriza permanente del futuro establishment cultural que controlaría la Catalunya democrática ya a partir de la década de 1970.

Un botón de muestra fue la negativa del mandarinato cultural a conceder al gran escritor el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, máximo galardón de la literatura en catalán y que, al igual que el Nobel de Literatura, es un premio parte literario, parte político.

Durante el centenario de Pla en 1997, el ampurdanés fue ampliamente reivindicado, pero las asperezas políticas en torno a su figura continúan. Su popularidad, mientras tanto, sigue siendo muy grande y es continuamente reeditado y leído, que es, en el fondo, lo que cuenta.

Josep Pla en Llofriu. Nace el "icono de la boina"

En 1940, toma posesión de la masía familiar de Llofriu y no volverá a establecerse en Barcelona. Es aquí donde surge el icono del “Pla de la boina”: el vejete socarrón e ilustrado, escéptico y rebosante de ironía; el propietario rural, amante de la conversación y la gastronomía que a los ochenta no había eliminado, ni pensaba hacerlo, el whisky de su dieta; el observador impecable y sutil, afrancesado sin exageraciones, recopilador de los más finos detalles de la naturaleza y de la cultura.

Todo eso fue Pla: solitario sociable, que busca la introspección, la escritura y la soledad, pero al mismo tiempo siente un gran apetito de comunicación y seres humanos. Brillante conversador, aseguró en la famosa entrevista de 1976 en TVE a Joaquín Soler Serrano, que si fumaba, era para buscar adjetivos.

En efecto, si Flaubert buscaba le mot juste, Pla buscó siempre el adjetivo justo.

La obra de Josep Pla