A menudo, los analistas técnicos citan a un tal Elliott para defender sus previsiones sobre los movimientos de los mercados. Y es que la Teoría de la Onda de Elliot suma cada vez más adeptos entre los chartistas, es decir entre los inversores que estudian las series estadísticas de los movimientos de las cotizaciones. Para algunos cortoplacistas, se ha convertido en casi una religión.

¿Quién es ese Elliott?

Ralph Nelson Elliott (1871-1948) fue un teórico de los mercados de valores que elaboró una compleja teoría basada en el comportamiento pasado de los mercados, en función del gráfico que dibuja la evolución de un índice o un valor. Apoyándose en ese gráfico, trata de predecir comportamientos futuros. R. N. Elliot no es un personaje baladí ya que fue el único que vaticinó con escasos días de antelación del crack que sufrió Wall Street en 1929. Elliott presentó su teoría a la comunidad financiera de Wall Street en los primeros años treinta con una acogida entusiasta.

¿Qué lee Elliott?

La Teoría de la Onda de Elliott intenta "leer" o interpretar el comportamiento de la masa. Es una relación causa-efecto. La evolución de los precios es la representación de la psicología de esa masa que forman las personas que intervienen en los mercados. De tal forma que si la masa tiene un sentimiento de euforia, los precios evolucionarán al alza. Y a la inversa, cuando el sentimiento hacia el mercado es de pesimismo o desánimo.

Elliott va incluso un poco más allá y busca lo que sucederá después; cuándo y cómo comienzan y terminan las tendencias psicológicas y que dibujo debería hacer el gráfico de un valor o un índice después de la conclusión de una tendencia.

¿Cuáles son sus herramientas?

Ondas y pautas. Nada más... y nada menos. La Teoría de la Onda de Elliott establece que todos los movimientos del mercado se dividen en pautas de impulso y correctivas. De impulso, cuando los mercados o los valores suben; correctivas, cuando bajan.

Las pautas de impulso están compuestas, a su vez, por cinco ondas: la primera, tercera y quinta, alcistas; la segunda y quinta, corrigen el movimiento de la primera.

Completar el ciclo

En total, se forma un "ciclo completo" de ocho ondas –cinco de la pauta de impulso y tres de la pauta correctiva–. Cuanto este ciclo se repite tres veces, se habrá completado el ciclo alcista del mercado y se producirá uno bajista, que corrige el movimiento ascendente. Entonces, se habla de un cambio de tendencia.

El hecho de que una pauta sea de impulso (o impulsiva) no significa necesariamente que dicho impulso sea alcista; puede serlo bajista. Toma impulso para hacer un movimiento, y caer también es moverse, aunque para abajo. En este caso, el dibujo de la pauta de impulso es hacia abajo y el de la pauta correctiva (corrige el movimiento bajista) es hacia arriba. El mundo al revés.

Triángulos obligatorios

Dentro de la complejidad de la Teoría de la Onda de Elliott hay dibujos que se pueden entender con más o menos facilidad. Un buen ejemplo son los triángulos. Se producen en las posiciones de quinta onda y suelen producirse después de un movimiento escarpado. Se trata de una variedad de onda quinta que suele dar la señal de agotamiento de la tendencia. Un triángulo ascendente deriva en un descenso brusco, cuyo retroceso llega, al menos, hasta el nivel en que comenzó el triángulo.

Fallar es de sabios

Otro de los movimientos más importantes de la Teoría de la Onda de Elliott son los fallos de mercado, también llamados truncamientos. Un fallo se produce cuando en la tercera pauta del movimiento alcista la quinta onda no consigue moverse por encima de la tercera.

Después, queda todo un mundo de teorías y situaciones. Hasta trece figuras o movimientos de mercado llegó a aislar y teorizar Elliott: movimientos en zig-zag, doble... y hasta triple zig-zag; las ondas plana y doble plana; cuñas, extensiones... Además, las ondas pueden ser clasificadas según su tamaño o grado hasta en nueve modalidades diferentes. La Teoría de la Onda de Elliot resulta compleja y exige un estudio a fondo para llegar a un conocimiento profundo de su comportamiento. Pero merece la pena, porque funciona.