Los asentamientos menonitas inician a 118 kilómetros al noroeste de la ciudad de Durango, y se ubican principalmente en el municipio de Nuevo Ideal. Para llegar a ellos se debe tomar la carretera 45 rumbo a Parral, Chihuahua, y desviarse en el entronque con la 23, que se dirige a Santiago Papasquiaro. Transcurrida una hora, al llegar al poblado Guatimapé, aproximadamente cinco minutos después, del lado derecho de la cinta asfáltica, se encuentra un pequeño negocio de comida rápida denominado “Campo Grey”.

A partir de ahí comienza el viaje por esta parte mágica de Durango, en donde las nubes, como trozos de algodón, se descuelgan en la inmensidad de la llanura y el verdor de los campos, principalmente en época de verano, contrasta con el azul del cielo.

La distribución de las viviendas

La traza de las colonias menonitas es reticular, con granjas divididas por un amplio camino de terracería en donde se carece de banquetas y de cordonería. A su vez, cada vivienda se divide con un cerco de tela ciclónica con árboles plantados a lo largo de todo el camino. Un callejón flanqueado también por tela de alambre, conduce a cada uno de los hogares, y durante ese breve trayecto, el visitante podrá admirar el huerto familiar, el cual es atendido por las mujeres de la casa.

Continuando con el recorrido, el viajero observará en las amplias calles, niños y niñas menonitas de rubias cabelleras que brillan como espigas de trigo, y que salen a pasear en sus “patines del diablo” o sus bicicletas, así como papalotes o molinos de viento y vastos campos de girasoles que adornan estos lugares. Los jueves y los domingos, esas arterias también sirven para que los jóvenes de ambos sexos, salgan a deambular para convivir entre ellos y de paso, para conseguir pareja.

Los diferentes cultivos

Entre una y otra colonia, existen parcelas, donde se siembra y cosecha frijol, maíz, cebada, trigo, avena, y en algunos casos hasta chile poblano, así como diversos comestibles apropiados al tipo de clima de la región, los cuales crecen generosamente por los cuidados que reciben de los hombres menonitas.

En el trayecto también se pueden encontrar esparcidos algunos comercios como: tiendas de abarrotes, ferreteras, negocios de venta de alimentos para ganado, mercerías, bazares, algunos puestos de comida rápida en donde destacan las hamburguesas y los loches de salchichón, y por supuesto, las fábricas de queso, muy comunes en estos lugares. En cuanto a la educación y al culto religioso tradicional, generalmente cada asentamiento cuenta con una escuela, y un total de cinco edificios destinados a la devoción se encuentran diseminados en el total de las colonias.

La medicina tradicional

Si durante la excursión, el visitante logra llegar a la tienda de abarrotes y ferretería de Heinrich Unger Wall, ubicada en el campo 21, ahí podrá encontrar además de toda una gama de comestibles, periódicos y revistas menonitas que llegan de diferentes lugares, y el trato amable de su propietario, algunos frascos de medicina tradicional que aún siguen vigentes en la comunidad como: Wonder Oil, una bebida color naranja que tomada como jarabe sirve para combatir la tos; Apodeldoc, una solución color verde claro con un olor muy fuerte, recomendable para el reumatismo y para fortalecer el sistema óseo; Eghte Hieng, cuya traducción en español sería algo así como “gotas de menta”, de un color verde oscuro y que se utiliza para combatir los dolores estomacales, de muelas y migraña; así como Schlagwasser, conocida también como “agua de golpe” y que sirve para curar la garganta irritada, la diarrea, y como desinfectante de heridas.

Dichas soluciones también son conocidas como “Aguas del Carmen” y son traídas desde Cuauhtémoc, Chihuahua, específicamente de un laboratorio llamado Botica San Antonio. En etiqueta de cada frasco se lee: “Sirviendo a la comunidad desde 1926”.

Una vista a los remates

Quizá durante la travesía entre uno y otro asentamiento menonita, el visitante puede encontrarse con un conglomerado de personas reunidas en alguna vivienda, en donde se alcance a apreciar una especia de subasta, sin lugar a dudas, está siendo testigo de un tradicional remate.

Según el libro “Extranjeros y peregrinos” de Abbe Warkentin, el primer remate o subasta de las colonias menonitas de Durango, se celebró en 1929, cinco años después de la llegada del grupo a esta tierra. Hoy en día, esta tradición sigue vigente y empieza desde que, con varios días de anticipación, el dueño de los bienes a “rematar” realiza un inventario de los objetos que pondrá a la venta, le saca copias y lo hace circular por todas las colonias, detallando también el día del evento que iniciará generalmente de 9 a 10 de la mañana “cuando la gente se empieza a amontonar”.

Seis menonitas que viven en diferentes asentamientos, son los encargados de organizar este tipo de subastas, llevando un control total de los objetos, las ventas y la documentación. Ellos cobran el 3.5 por ciento sobre lo vendido, y cada vez que alguien desea cambiar sus bienes por dinero, acude a ellos.

En estas reuniones se ofrece desde ropa, objetos decorativos, utensilios de cocina, herramientas de trabajo, tractores, camionetas, hasta la misma casa, y es infaltable la presencia de los mexicanos, de los puestos de hamburguesas y tacos, así como de los carros de paletas y nieve, que hacen de este tipo de reuniones una verdadera fiesta.

La despedida

Al regresar de vuelta a la ciudad y tomar la cinta asfáltica, cualquier aventurero siente la melancolía de abandonar este lugar, en donde el tiempo parece haberse detenido -aun y cuando los carritos de caballos ya fueron sustituidos por vehículos de motor-, y no dudará de nuevo en regresar, para seguir explorando la región y conocer un poco más sobre la cultura de este enigmático grupo.