Puerto Deportivo de Getxo. 18.15 horas. A lo lejos se divisan tres piraguas y una embarcación que custodian a un nadador curtido en mil lagos y mares. El es Carlos Peña, ultrafondista solidario, que, en un más difícil todavía, no se conforma solamente con realizar rutas meteóricas, sino que además recorre todas esas millas de espalda para y por una buena causa. Una costumbre que adquirió hace ya 20 años debido al gran peso que tenían los trajes de neopreno en aquellos tiempos "y que ya no he podido cambiar", asegura Peña.

Sin miedo

A este tolosano de adopción no le asusta ningún reto. Aunque reconoce que el Cantábrico le dio algún que otro susto en la recta final del trayecto entre Hondarribia y Getxo, 150 kilómetros para concienciar a ciudadanos de toda Euskadi a que "reivindiquen la paz como valor humano fundamental a defender tanto en nuestra sociedad como en el mundo entero", reconoce. La travesía ha sido dura, con una media de ocho a diez horas al día y olas de hasta cuatro metros, "algo que pocos nadadores se atreven a afrontar -asegura- aunque la causa lo merece".

Recorriendo el mundo

Lo primero que hace al llegar hasta el Puerto Deportivo es despojarse de la parte de arriba del neopreno, que dejan visibles las múltiples llagas producidas por el rozamiento del traje con el agua salada. "Las heridas no son ninguna broma", comenta mientras las señala. "La primera hora que te metes en el mar es terrible".

La modesita de este nadador contracorriente llega hasta tal límite que, pese a haber vivido travesías tan difíciles como nadar en el Lago Titicaca a 4.000 metros de altitud y atravesar el río Neretva en plena Guerra de los Balcanes, reconoce que "cada travesía tiene su dificultad". Además ha nadado importantes lagos como el Ness, el Maracaibo o el Chapala.

El Cantábrico, un mar peligroso

La primera etapa hasta San Sebastián presagiaba que la tarea no iba a ser fácil, y la última desde Bakio a Getxo lo ha confirmado. Tanto es así que el patrón del barco, Germán García, decidió a media mañana amarrrar los botes y ordenar que subieran todos a bordo. "Es bastante peligroso navergar así, ninguna embarcación se atrevería", confirma.

La proximidad en la que se encuentran las piraguas de apoyo y el barco también es un factor de riesgo, ya que "un golpe de ola te lanza hacia ellas y estás perdido".

A pesar de lo accidentado del viaje Carlos Peña y los piragüistas Iñigo Aguirrezabala y Jesús Remírez bromean sobre las últimas 120 horas que han compartido. "Esto sí que es un cambio climático", comenta Aguirrezabala. "Quizá deberíamos hacer la próxima travesía por el calentamiento global", apunta Remírez.

Pocos patrocinadores

Recién llegado de Italia, de cruzar de punta a punta el lago Transimeno, se permite una pequeña tregua - un mes- hasta que se zambulle de nuevo en el agua, esta vez en el lago Constanza de Alemania.

Sobre la financiación de sus viajes, Peña asegura que es difícil costear estos trayectos,"por el riesgo que entrañan". Para esta ocasion ha contado con el apoyo de la asociación Lokarri, que lucha por la paz y la normalización de la convivencia en el País Vasco, además del Ayuntamiento de Hondarribia.

Muchas de estas travesías no han trascendido a los medios de comunicación por falta de presupuesto, bien porque eran lejos de España o porque ningún patrocinador ha querido hacerse cargo de los gastos que conllevan.

Más de 20 años nadando contra las injusticias y por la paz

Desde 1989, Peña ha nadado siempre impulsado por algún motivo social en lugaros como mares, océanos, ríos, lagos, embalses, estrechos, piscinas, bahías, conociendo de cerca las maravillas y los peligros propios de entornos salvajes plagados de balleneas, tiburones, pirañas, buques mercantes, corrientes, glaciares, olas,francotiradores, polución o tormentas.