Monseñor Ricardo Ezzati Andrello, quien asumió como arzobispo de Santiago el 15 de enero último, ha mostrado un nuevo estilo de cercanía a los fieles. El viernes 18 de marzo será un hito para la historia de la Iglesia en Chile, ya que ese día recibió a las presuntas víctimas del hasta hace poco poderoso sacerdote Fernando Karadima.

El nuevo jefe del clero santiaguino les pidió perdón y, según quienes acusan de abuso sexual a Karadima, se conmovió al escuchar sus relatos. Pocos recuerdan que Ezzati fue visitador de los Legionarios de Cristo en 2009.

Así marcó una diferencia con el anterior arzobispo, cardenal Francisco Javier Errázuriz, un hombre más lejano al laicado, perteneciente a la alta aristocracia chilena y que tuvo importantes cargos en su congregación (Schoenstatt) y en el Vaticano durante el ahora cuestionado papado de Juan Pablo II.

Un antes y un después en la Iglesia Católica en Chile

El encuentro se realizó en las oficinas del Arzobispado de Santiago. Ezzati fue acompañado por el obispo auxiliar Cristián Contreras. Los denunciantes asistieron junto con su abogado, Juan Pablo Hermosilla. Una de las víctimas, Juan Carlos Cruz, dijo que monseñor Ezzati les pidió perdón a nombre de la Iglesia.

Agregó que, a su juicio, la entrevista con el arzobispo marcó "un antes y un después". Esto no sólo se refiere al caso Karadima; también es aplicable al estilo de gestión comunicacional demostrado por este salesiano de origen italiano, quien no trepidó en hacer público, en la misma semana, un problema en la Orden de las Ursulinas en Chile.

Esta política de comunicaciones transparente es el sello que ha exhibido el nuevo arzobispo, como una forma de revertir el daño que en Chile y el mundo han hecho las denuncias de pederastia de algunos clérigos a la credibilidad de la institución.

El caso de Fernando Karadima

Fernando Karadima Fariña fue durante 30 años párroco de la iglesia Sagrado Corazón de El Bosque, en el barrio alto de Santiago de Chile y, hasta que se hicieron públicas en televisión a principios de 2010 las denuncias de Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, era un sacerdote influyente, que -se decía- había generado más de 50 vocaciones sacerdotales.

De sus expupilos, cuatro son obispos, entre ellos otro de los auxiliares de Santiago, Andrés Arteaga, quien luego del reportaje emitido por el canal público, TVN, defendió a su mentor. Esto le valió retractarse la semana pasada, cuando también renunció a su cargo de vice gran canciller de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Las primeras denuncias contra Karadima ante la curia arzobispal datan de 2003. El cardenal Errázuriz reconoció que cometió un error al no tomar suficientemente en serio las acusaciones contra Karadima en esa época, en una entrevista publicada en febrero último, cuando ya era arzobispo emérito.

La justicia vaticana y la chilena

Errázuriz pidió, en junio de 2010, la apertura de una investigación canónica al Vaticano contra Karadima Fariña. Esta vez la diligencia de la justicia eclesiástica fue notoria y la sanción drástica: se apartó al expárroco del Sagrado Corazón del Bosque del ministerio sacerdotal público y debe vivir en oración y penitencia. Esto lo cumple en un hogar de ancianos que administran religiosas.

Al parecer las nuevas orientaciones del Papa Benedicto XVI van más allá de "ordenar la casa": buscan limpiar una imagen cada vez más opaca de la jerarquía católica.

La justicia chilena debió abordar casos que datan desde hace 30 años. Karadima, de 80 años, habría actuado contra Hamilton, Cruz y Murillo a principios de la década de1980. Por ese motivo debió tomarlo el sistema penal antiguo chileno, en extinción frente al nuevo, más cercano al modelo anglosajón, con un fiscal, un defensor, jueces de garantía y tribunales penales orales.

El juez-investigador a cargo del caso, Leonardo Valdivieso, exculpó a Karadima, pero el abogado Juan Pablo Hermosilla recurrió a la Corte de Apelaciones de Santiago, que en fallo unánime revocó el 11 de febrero la sentencia de Valdivieso. Sólo entonces se supo que ese juez suplente dejó el Poder Judicial el 31 de diciembre de 2010.

Un escenario muy cambiado

La marea informativa por el terremoto de Japón, la posterior crisis nuclear y el conflicto en Libia determinaron que el bullado caso pasara más inadvertido en esta etapa, pero el arzobispo Ezzati, nacido en 1942 en Vicenza, Italia, ha sido un pastor cercano a la gente común en sus primeros días al mando de la mayor arquidiócesis chilena.

Como arzobispo de Concepción, su anterior designación, debió enfrentar los efectos materiales y espirituales del terremoto que asoló la que entonces era su zona el 27 de febrero de 2010. También fue un mediador entre el gobierno del presidente Sebastián Piñera y huelguistas de hambre mapuches que protestaban por el actuar policial y judicial en su contra.

Con más 50 años de residencia en Chile (llegó en 1959), Ezzati mezcla un carácter afable de "cura de pueblo" con la capacidad de tomar decisiones rápidas y enérgicas.

Política de puertas abiertas y logro de metas de la Iglesia chilena

Todo indica que el arzobispo seguirá con su política de puertas abiertas, de re-encantar a los jóvenes (reflejo de lo ya reflexionado por el alto clero en Europa) y de mano dura frente a cualquier tipo de abuso por parte de los sacerdotes a su cargo.

La justicia penal, a su vez, derivó las acusaciones contra Karadima a otro juzgado del crimen de Santiago, el que deberá trabajar bajo la presión del público y los medios.

La Iglesia está mostrando, desde 2011, una nueva imagen en Chile y ha logrado algunas metas. De hecho, el Gobierno tomó en serio la propuesta de los obispos católicos de indultar a los reos con condenas bajas, enfermos o de edad avanzada, luego de un rechazo inicial de Piñera en julio de 2010.