Recorrer España, Francia, Bélgica y Holanda haciendo escalas aéreas entre ciudades puede que sea operativo, expedito o relajado, pero hace perder todo lo que hay al ras del piso, el encanto de lo particular debajo de cada puente o detrás de cada colina sembrada. Y es demasiado para dejarlo pasar. Para evitar perderse esto no hay nada como viajar en automóvil, utilizando la larga y mantenida red de autopistas y carreteras que conecta a estos países. Comienza el itinerario en Madrid hacia el norte de Europa, en etapas espaciadas por ciudades como Burgos, San Sebastián, Burdeos, Tours, Orleans, París, Brujas, Bruselas, Amberes y Amsterdam. Es que en un un viaje como este o por cualquier país europeo - salvo algunos lugares de Rusia-, nunca pasan más de 3 o 4 kilómetros y uno quiere detenerse a visitar un sitio lleno de historia, una ruina, un lugar histórico, una fiesta antigua plena de antiquísimas tradiciones o las típicas delicias gastronómicas del lugar.

Viaje desde Madrid

Comienza el itinerario en la capital española, ciudad de múltiples atractivos a la que hay que dedicar por lo menos cuatro o cinco días. No se puede dejar de visitar o volver a visitar sitios como la Gran Vía, la Fuente de las Cibeles, los Museos del Prado, Reina Sofía y Thyssen, la Plaza Mayor, el Palacio Real y recorrer barrios como La Latina, Chueca y Malasaña, por donde pasa la intensa vida nocturna y gastronómica madrileña. Una vez visitada Madrid es hora de alquilar un auto: encontraremos muchas ofertas para esto. Desde Madrid se parte hacia el noreste por la circunvalación M-30 y después la autopista A1, donde nos espera el País Vasco y la frontera con Francia. Hasta San Sebastián el trayecto es de 450 km y se pasa por sitios legendarios como el Camino de Santiago, donde está la histórica Burgos, lugar obligado para ver la Catedral gótica.

Llegar al País Vasco

Ya entrando en el País Vasco, pasamos por la elegante Vitoria y llegamos luego a San Sebastián, primera etapa del viaje. La primera visita obligada y relajada de esta ciudad costera es ir de tapas a los bares del casco antiguo. Un día puede llevar la visita a la ciudad, empezando por sus bucólicos bulevares estilo belle époque, sus paseos de la costanera, para dirigirse luego a pasear por las playas de la bahía de La Concha, y por fin el entorno de los típicos pueblos vascos que están cerca. La vista se pierde en su fantástica bahía donde las montañas caen al mar y al puerto, situado frente a la ciudad francesa de Hendaya.Se deja España por el paso de Irún, por las autopistas E70 y E5, que van conectando lugares muy visitados en la costa central del Golfo de Vizcaya, en la parte vasco-francesa como Hendaya, Bayona, Biarritz y Saint Jean de Luz.

Saint Emilion

Entre caminos quebrados y verdes se llega a Burdeos – Bordeaux en francés y Bordèu en lengua occitana -, la gran ciudad portuaria del sudeste, capital de Aquitania y emblema del vino francés. No se puede dejar de probar su gastronomía en alguno de los restaurantes del casco histórico. Luego se puede destinar una jornada para recorrer las colinas cubiertas de viñedos en una zona vitivinícola, en los circuitos conocidos como Pomerol, Médoc, Saint Émilion y Graves. El recorrido se matiza con imponentes castillos y bodegas de gran renombre, como el Château Lafite Rothschild o Château Margaux, en donde se obtienen vinos de reconocida excelencia.

Camping en Francia

Desde Burdeos a Paris, continuando hacia el norte, son poco más de 800 kilómetros. Entre otros lugares maravillosos, se pasa por la zona del río Loira – Loire en francés – y sus castillos y otras ciudades históricas como Angoulème, Limoges, Tours, Poitiers y Orléans. El recorrido ofrece la posibilidad de pernoctar por pocos euros en alguno de los campings ubicados cerca de las ciudades y pueblos que se pasan. Llegamos a Paris y sobran las palabras: conocer del todo París sólo se logra viviendo en ella varios años, pero para una visita de unos días, no pueden faltar lugares emblemáticos como la el Arco del Triunfo, Torre Eiffel, la Avenida Champs Elysées, el Hotel Ritz, el Trocadero, los márgenes del Sena, el café de la Paix, el Panteón, la catedral Notre Dame y la Iglesia del Sacré Coeur, los restaurantes de la zona de la Bastilla, el Centro Pompidou, loes Museo del Louvre, D’Orsay, Picasso y del Homme y los barrios de Montmartre y el Latino. En Paris, lo mejor es usar la amplia red de transporte público de la ciudad, sobre todo el famoso métro – el subterráneo -.

Ciudades de Bélgica

Desde el centro de París se rumbea por la Rue de la Chapelle hacia la Autopista del Norte - Autoroute du Nord -, en dirección al límite con Bélgica, donde la zona del sur es de habla francesa. Hasta Amsterdam desde Paris hay algo más de 500 kilómetros. No es un trayecto para hacer de un tirón, ya que en el camino o muy cerca de él hay lugares en los que vale la pena quedarse por lo menos un día: Lens y Lille todavía en Francia; en ésta última hay que visitar la ciudadela de Vauban y el casco antiguo de estilo flamenco. Ya en Bélgica aparece Gante, también de estilo flamenco y famosa por la imponente Catedral. Párrafo aparte es Brujas, ciudad de cuentos infantiles, con sus casas medievales en callejuelas de piedra y puentes antiguos sobre mansos canales. Bruselas, la capital de Bélgica, es una ciudad cosmopolita donde lo moderno no tiene nada que envidiar a lo antiguo, ya que se caracteriza por el estilo urbanístico de diseño art-déco. En Bélgica sólo queda Amberes, polifacética por ser ciudad portuaria pero con bagaje cultural y urbanístico.

Turismo Holanda

En el camino de Bélgica a Amsterdam, tenemos pintorescas localidades donde parar o pernoctar sin dejar de disfrutar. Pasando la frontera con Holanda, todo queda cerca, incluso el puerto más grande de Europa, Rotterdam, o pequeñas localidades como Breda, aunque hay que desviarse un poco del camino. Amsterdam, la capital de Holanda, espera con una sorpresa para los que llegan en auto: es una de las ciudades del mundo donde cuesta más estacionar. En la circunvalación de la ciudad existen estacionamientos baratos donde dejar el auto y manejarse desde ahí en el transporte público o contratando circuitos. Una vez que se llega al centro, tal vez lo mejor sea recorrerlo a pie o en bicicleta, que se pueden alquilar y dejar en distintos lugares. Amsterdam es símbolo de cosmopolitismo, donde las variadas culturas convergen con tolerancia. Entre los lugares a visitar se destacan los canales, el parque principal Voldenpark y la Plaza Dam, los Museos Van Gogh, Rijksmuesum y la Casa de Ana Frank. Como lugares para comprar se destacan las calles Waterlooplein y Boerenmarkt. El barrio Jordaan es una zona donde abundan los establecimientos gastronómicos, los bares típicos, las galerías y tiendas de ropa. Los casi 1.800 kilómetros en auto desde Madrid a Amsterdam no tienen desperdicio; son una oportunidad única y especial para conocer desde la ruta 4 países muy distintos, en sus variedades y culturas.