Se podría atribuir el resurgimiento casi global del sentir solidario, a la conciencia cada vez más generalizada de una realidad internacional conjunta, de una unión más cercana entre todas las personas y todos los países, dentro del fenómeno mundial de la globalización. Esta realidad ha sido casi tan criticada como aplaudida en todas sus manifestaciones. Buena o mala, la globalización es una realidad actual, verdadera y tangible.

Símbolo de unión

La palabra solidaridad es símbolo de unión para personas que estaban alejadas entre sí y sirve de estímulo a la fortaleza y el pensamiento. Ser solidario significa compartir la carga de los demás. Ninguna persona es una isla. Estamos unidos, incluso cuando no somos conscientes de esa unión. Nos unen muchas cosas y, sin embargo, no siempre nos damos cuenta de esos vínculos. Sólo somos conscientes de ello cuando nace la solidaridad.

En esta sociedad del despilfarro en la que estamos inmersos, hay múltiples ocasiones para ser solidarios. Y para ello no hay que irnos muy lejos, en nuestro entorno, en nuestros municipios, muy cerca de nosotros hay personas (muchas más de lo que se cree) que carecen de los más elementales elementos de supervivencia como es, por ejemplo, la comida. Sólo las personas que están más cercanas a ellas saben lo que esa carencia supone.

El trabajo de un banco

Hacia esas personas dirige su esfuerzo y su trabajo diario el Banco de Alimentos de Las Palmas (España), una organización sin ánimo de lucro que promueve la donación de alimentos generalmente excedentarios y consumibles no comercializables que son almacenados y distribuidos a centros asistenciales jurídicamente constituidos que tenga entre sus fines el de dar alimentos a los necesitados, produciéndose así una mediación para resolver la contradicción “excedentes-pobreza”.

Los beneficiarios del Banco de Alimentos de Las Palmas son más de treinta y tres mil personas a las que se les entrega cada mes un promedio de más de cuatrocientos mil kilos de alimentos a través de ciento sesenta y tres entidades benéficas con las que este banco colabora.

La donación de los alimentos es hecha al banco por grandes superficies y empresas de alimentación, así como por personas a título individual y organizaciones de la Comunidad Canaria. Estos alimentos son recogidos y examinados en un minucioso control de calidad, para optimizar los resultados. Su almacenaje se hace organizando y clasificando los mismos siguiendo criterios de caducidad, mantenimiento y conservación.

Un trabajo de voluntarios

Estudiantes, jubilados, trabajadores activos que ceden su tiempo generosamente por el bien de los demás, que ponen todo su empeño, de forma desinteresada, al servicio de aquellas otras que carecen de alimentos, son los que constituyen el equipo de voluntarios del banco. Es una variopinta gama de personas, profesiones, y caracteres que se aglutina en una sola idea: ser solidarios con aquellas personas que lo necesitan.

Muchas entidades benéficas y servicios sociales de los ayuntamientos saben de la labor callada que hacen estas personas en el Banco de Alimentos, que cobra en esta convulsa época una importancia social de gran relevancia porque la insolidaridad, está haciendo que cada persona vea a su semejante como un competidor al que es necesario vencer, debilitándose así el instinto de sociabilidad a la vez que se fomenta la falsedad, la cobardía y el egoísmo.

La importancia de la solidaridad

Practicar la solidaridad puede ser un importante elemento aglutinador de la sociedad porque trasciende a todas las fronteras: políticas, religiosas, territoriales, culturales, etc. para instalarse en el ser humano, en cualquier ser humano. Eso lo entiende muy bien las personas que forman parte del Banco de Alimentos y por eso la practican con tantas y tantas personas que en Canarias, tienen dificultad para tener algo tan fundamental como son los alimentos.

En este Año Europeo del voluntariado, bueno es recordar que existen personas anónimas que ejercen la solidaridad como un importante elemento aglutinador.