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Umberto Eco y la versión 'light' de "El nombre de la rosa"

Portada de la 52a. edición italiana de la novela de Eco. - ®JC Chirinos
Portada de la 52a. edición italiana de la novela de Eco. - ®JC Chirinos
El semiólogo Umberto Eco ha anunciado la aparición de una versión "aligerada" de su novela más famosa, "El nombre de la rosa"... y no todos están conformes.

Quizá siguiendo el rastro del signo de los tiempos, el semiólogo y novelista Umberto Eco ha anunciado que está reescribiendo El nombre de la rosa para "hacerla más accesible a los lectores del siglo XXI". La noticia ha producido reacciones algo airadas (como esta, y esta, e incluso esta otra), y sin duda también es una estrategia de la editorial para que este long-seller que se vende sin parar desde 1980 y en decenas de idiomas, vuelva a la palestra con más fuerza.

Este otoño estará disponible en las librerías italianas, también en e-book, y es de suponer que el año que viene, o antes, llegue a los anaqueles de las librerías en español en papel y en formato digital. Pero, ¿es necesario "aligerar" esta novela de casi ochocientas páginas?

El franciscano con cara de James Bond

Cuenta el director francés Jean Jacques Annaud, en una entrevista, que cuando estaba en plena pre-producción de la película basada en la novela de Umberto Eco -que le costó lo suyo llevar a buen puerto- recibió una llamada del agente de Sean Connery, comunicándole que el famoso actor escocés estaba interesado en el papel principal. Desde luego, a Annaud le pareció un disparate, pues el perfil de actor que buscaba se acercaba más a un Robert De Niro, por ejemplo. Pero Connery insistió tanto, que el director accedió a entrevistarse con él, sobre todo para sacárselo de encima.

El actor llegó, recitó y venció. Se sabía los textos de memoria, y cuenta Annaud que cuando lo oyó recitar con su particular acento las frases del monje inquisidor y detective, supo que no tenía que buscar más: había dado con William de Baskerville.

De inmediato se puso en contacto con Eco para darle la buena noticia y la reacción del autor de Apocalípticos e integrados fue: "¡Renata, Renata, se ha vuelto loco, quiere que James Bond haga de William de Baskerville!". Pasado el susto inicial, la cosa empeoró: Connery solo habló de fútbol cuando conoció al autor de la célebre novela. Pero la fe de Annaud en el buen hacer del actor escocés permitió que millones de personas disfrutaran de una de las mejores actuaciones en la carrera del que en su juventud hizo del agente de Ian Fleming. Y a pesar de las reticencias del autor por mezclarse con los productos culturales "demasiado populares".

¿Qué ha cambiado para que ahora Eco, en apariencia, ceda ante la dictadura del mercado?

Una novela que es varias novelas

Como millones que han visto la película y han leído la edición antigua, gorda y culta saben, El nombre de la rosa es algo más que una novela de suspense, policial o thriller: es una historia sobre la Edad Media, sobre las luchas intelectuales entre la orden benedictina y la orden franciscana en torno a la pobreza de Cristo y, sobre todo, es una gran novela sobre libros, sobre el amor al conocimiento, sobre el temor al conocimiento y sobre la mezquindad a la hora de compartir el saber. Es una historia en la que los personajes -casi todos hombres, salvo una hermosa campesina que seduce al narrador, Adso de Melk- se comunican en varios idiomas, griego y latín incluidos, sobre todo este último, y ven el mundo a través de los libros que han leído.

La novela, pues, está plagada de frases y citas en la lengua del Imperio Romano, y llena de referencias a libros de la Antigüedad clásica y de la Alta Edad Media. Por fortuna para el lector de los años ochenta, muy pronto aparecieron ediciones en las que un apéndice final traducía cada frase en latín; y, más tarde, las ediciones de la novela han aparecido con un texto posterior de Eco, las "Apostillas a El nombre de la rosa", en la que da cuenta de la génesis del libro, creando un juego de espejos en el que detrás de un libro (el de Eco), se esconde otro (el de Adso) y otro (el que persigue William de Baskerville, la parte perdida de la Poética, de Aristóteles); todo para regresar al lector, nosotros, que somos los encargados de (re)construir un universo riquísimo en significados.

El siglo XXI no habla latín

Por eso, si la intención de Eco es adaptar la novela para hacerla más legible, la pregunta de los lectores es obvia: ¿qué va a eliminar? Aceptemos con tristeza que los fragmentos en latín pueden ser poco comerciales (¿por qué?), de la misma manera como las fórmulas matemáticas restan lectores a los libros de divulgación científica, según comenta Stephen Hawking en sus libros.

¿Qué otra cosa puede eliminar? ¿Las discusiones sobre la pobreza de Cristo en el debate teologal que precede al gran desastre? Ahí se van aproximadamente unos cien folios. Las reflexiones de Adso sobre el arte medieval también pueden ser un poco pesadas, porque parecen un catálogo de museo o de catedral antigua. Fuera veinte o cuarenta folios más.

¿También habría que "aligerar" la discusión sobre la risa de Cristo? Excluidas, entonces, las entretenidísimas escenas en la que William y Jorge de Burgos discuten en la biblioteca. Otro trozo importante cercenado. Todo lo que tiene que ver con la horticultura y la óptica, fuera también. Y la diatriba sobre las herejías medievales en las que incurren Salvatore y el cillerero, fuera. La discusión sobre la inquisición con Abbone y Bernardo Gui, poco accesible, debe salir también. Y la larga y tediosa travesía por el laberinto, emulando a Teseo guiado por Ariadna, habría que "aligerarla" también.

Al final, buscando quedarse con lo "accesible" quizá la novela se convierta en algo peor que incomprensible: puede ser que la nueva versión sea para los mismos "espectadores" que aplauden los gritos zafios y gestos soeces de la televisión basura.

O quizá no. Quizá Eco sea un genio de la escritura, y haga de una encantadora novela larga, un fascinante relato corto. Que la sabiduría táctil de su protagonista lo lleve a buen puerto, aunque sea digital. Ojalá que sí.

Umberto Eco. El nombre de la rosa. Barcelona, Plaza y Janés, 2000. 782 p. ISBN 8401413117

Juan Carlos Chirinos, ©Íñigo Aranzabal, 2011

Juan Carlos Chirinos García - Juan Carlos Chirinos (Valera, Venezuela, 1967) Es licenciado en Letras (UCAB, Caracas) y realizó estudios doctorales en ...

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