
- Bahía de La Concha en San Sebastián - Joseba A. Bontigui
Vivir unos días a bordo de un velero puede convertirse en las vacaciones que siempre hemos deseado. Navegar es una manera única de experimentar la libertad del mar y vivir momento únicos que recordaremos siempre. Algo tan sencillo como ver el atardecer desde el mar, atracar el barco con la puesta de sol, vivir el ambiente de camaradería de los puertos deportivos y acostarnos en el camarote esperando el amanecer, nos cambiará para siempre. La vida a bordo de un velero es el mejor antídoto para dejar atrás el ritmo alocado de la ciudad y disfrutar las vacaciones.
A toda vela por la Costa Vasca
La travesía a lo largo de la Costa Vasca es una manera diferente de disfrutar de unas vacaciones junto al mar. A lo largo de 250 kilómetros, la costa vasca de Francia y España muestra su particular personalidad a través paisajes, playas, calas y bahías escondidas y antiguos puertos pesqueros de piratas y corsarios.
Las travesías son cortas y cómodas. Los pueblos y ciudades se suceden unos a otros a lo largo de la costa y los puertos deportivos ofrecen todos los servicios necesarios. Descubriremos lugares que cambian su apariencia por la influencia del mar y paisajes que se esconden a las miradas ajenas que solo se ven cuando la marea lo permite.
La costa vasco francesa está plagada de contrastes. Por un lado podemos encontrar ciudades como Bayona y Biarritz donde es habitual encontrarse con artistas y políticos franceses veraneando. Por otro lado, están los pueblos de pescadores como San Juan de Luz que mantienen su cultura y tradición vasca y bullen de alegría durante el verano. Es una delicia caminar por sus callejuelas leyendo los nombres de los piratas y corsarios que les dan nombre.
A pocas millas de navegación, la proa de nuestro barco surcará las olas frente a playas como la de Hendaya rumbo a la costa vasco española. Descubriremos paisajes donde detenernos, pueblos donde disfrutar de las tradiciones marineras y ciudades donde hacer un alto en la travesía para disfrutar de las posibilidades culturales que ofrecen. La bahía de la Concha de San Sebastián es un lugar perfecto para fondear el velero, al igual que el puerto de pescadores de Getaria desde donde podremos ir a visitar el nuevo Museo Balenciaga. Si decimos seguir la singladura podremos navegar hasta el puerto deportivo de Getxo para visitar la ciudad de Bilbao y le museo Guggenheim. Durante la travesía podremos conocer la Reserva de Urbaibai, la ermita de Gaztelugatxe en Bermeo o pueblos pesqueros tradicionales como Ondarroa, Lekeitio o Mundaka, conocido en todo el mundo por el campeonato de surf que se celebra en el mes de septiembre.
Navegavela, unas vacaciones diferentes
Hasta hace unos pocos años este tipo de vacaciones parecían mas propias del Mediterráneo que del Mar Cantábrico. Sin embargo, estos últimos años el clima se ha dulcificado y la primavera y el verano se han convertido en las mejores estaciones para navegar. Hasta hace bien poco, este tipo de empresas no eran habituales en el País Vasco y la posibilidad de pasar las vacaciones en un velero era muy limitada.
La empresa Navegavela es una de las pioneras. Es una empresa familiar que nació con el deseo de compartir el amor al mar que tienen sus dueños. Lleva organizando excursiones y vacaciones familiares en velero desde hace varios años. En el 2005 recibieron el premio a la mejor empresa de servicios de Guipúzcoa y desde entonces no han dejado de iniciar en la navegación a vela a cientos de personas. Se caracterizan porque ofrecen sus embarcaciones para un día o unas cortas vacaciones, con capitán o sin capitán, siempre y cuando tengamos la titulación náutica. Ellos prepararán el barco y lo necesario para que la vida a bordo y la navegación sean cómodas. Con su ayuda es posible tener esas vacaciones diferentes que todos buscamos disfrutar.
Es cierto que navegar tiene sus normas y obligaciones. Para disfrutar de una buena travesía hay que aprender los rudimentos de la navegación. Hay que cumplir ciertas reglas de seguridad y realizar las tareas del día a día. La colaboración de todos los tripulantes es imprescindible y aunque parezca contradictorio, el trabajo a bordo se convierte en el mayor atractivo.
