Director de "Jules y Jim" (1962), "La piel suave" (1964), "La piel dura" (1976), "La historia de Adele H" (1977) no consiguió sobrevivir al tumor cerebral que lo apartó del cine y Fanny Ardant. Su madre, Janine, haría otro tanto para volver su vida un infierno y fue la villana por excelencia en "Los cuatrocientos golpes".

Truffaut: una larga filmografía

Truffaut, Truffaut, Truffaut. El teclado podría seguir repitiendo el mismo nombre frente a un espejo una y otra vez: Truffaut, Truffaut, Truffaut. Quién como él que amó el cine hasta la médula, con todo su ser. No tuvo padres que le acogieran; y esa salita con olor a humo con proyector de cine hizo de padre y madre para un muchacho que tenía todo para acabar como un salvaje sordomudo, sin más futuro que un soldado que se va a la guerra solo porque así su país se lo manda.

Pero nuestro amigo, François Truffaut, afortunadamente no terminó sin una pierna o sin un brazo menos. Tuvo la suerte de ser adoptado por el gran André Bazin y entonces, solo entonces, en 1984 se lo llevó el tumor cerebral. Lástima. Las jaquecas y la cabeza que parecía estallarle y ajustarle las sienes con un alicate, terminaron con ese chaval que apenas había pasado los 50. ¿Chaval? Truffaut, a decir verdad, nunca creció del todo aun cuando en sus filmes siempre fuera el director de cine comprensivo ("La noche americana"), el profesor paciente ("El niño salvaje") o el viudo que sabía guardar luto ("La habitación verde").

Él era el adolescente Antoine Doinel. Nunca pasó de los 10 u 11 años. No fue un problema de estatura. Simplemente se quedó allí.

400 golpes de Truffaut

Pero no se dedicó a hacer travesuras o como decía él, "sus cuatrocientos golpes". Ya no había motivos para faltar a la escuela e ir al cine a ver a Nicholas Ray. Ya adulto se dedicó al periodismo en Cahiers du cinéma. No se sabe si ya pensaba dedicarse a la dirección. Adoraba a Victor Hugo, autor que de manera directa e indirecta le ayudó a describir la desgracia de un chaval que sueña con escribir como Balzac y termina como delincuente juvenil. Como si fuera la pequeña Cosette de "Los miserables" el protagonista de Truffaut, Antoine Doinel, se ve amenazado por el odio de su madre, el desprecio de su maestro y la intolerancia que le lleva a dormir rodeado de prostitutas dentro de una celda rumbo a la correcional.

Finalmente corre Doinel hasta llegar al mar. No, no pretende morir ahogado. Entonces descubre que ya hay tres cosas que ama: el cine, las mujeres y el mar. No se sabe si fue al entierro de su madre. Pero no le dedicó su ópera prima. Allí bien claro puede leerse: "Este film está dedicado a la memoria de André Bazin". En "El niño salvaje", la dedicatoria fue para Jean-Pierre Léaud. Sin embargo, Janine, madre soltera y frustrada, no podría quejarse: ella aparece constantemente en su filmografía. Probablemente como una arpía; pero no podía Truffaut pintarla de otra manera.

Su madre, esa mujer que deploró tanto haberle parido, estaba lejos de ser la Fantine de Victor Hugo que es capaz de arrancarse los dientes por amor o cortarse el pelo. Truffaut conoció el suelo frío de la calle o el placer de robar una botella de leche para matar el hambre.

Antoine Doinel

Era 1959 y hasta Jean Cocteau se enterneció con los cuatrocientos golpes de un muchachito al que abofeteaban. Una pena que Doinel no haya tenido un maestro como Cocteau; pero sí en cambio a una bestia que le tenía un odio sanguinario sin motivo alguno. Cocteau era por otro lado paciente en la enseñanza. Fue novio de Édouard Dérmit, un jardinero al que convirtió en actor y pintor. Dermit jamás le acusó de malos tratos.

Sin embargo François Truffaut, bajo el cuidado de una mujer que no le soportaba a menos que estuviese en silencio, quedó muy lesionado y escribió tres guiones que ayudaron a desintoxicarse de todo esa infancia que recordaba con dolor a sus casi 50 años: "Los cuatrocientos golpes", "El niño salvaje" y "El amor en fuga".

Posiblemente algunos podrían indicar que faltan "Besos robados", "Antoine y Colette" y "Domicilio Conyugal"; pero la trilogía mencionada previamente rescata al muchacho que es más feliz viviendo dentro del cine o el bosque alimentándose de raíces antes que acercarse a los humanos.

A mediados de 1983, tras haber acabado con la saga Doinel en 1979, François comienza a sufrir de migrañas que no son otra cosa que un tumor. Ese mismo año se reconcilió con uno de sus amigos más entrañables, Pierre Lachenay, tras 20 antes de separación; pero era demasiado tarde para sanar heridas con su madre. Lo más probable es que "Los cuatrocientos golpes" la hubiesen empujado a darle una nueva bofetada al moribundo Truffaut o a exigirle que quemara el filme como en "Farenheit 451". ¿Hizo mal Truffaut en soñar despierto con la muerte de su madre cuando era niño?

Truffaut (1932-1984)

Antes de morir, Truffaut dijo que Hitchcock filmaba las escenas de asesinato como si fueran escenas de amor. Pues bien, la escena de la muerte de Truffaut de cierta forma fue una escena de asesinato. Y cuesta creer que esto hubiese podido ser filmado como una escena de amor.

El 21 de octubre de 1984 la muerte lenta fue una tortura en manos de un tumor que no se detenía pese a que Truffaut había decidido pasar por la sala de operaciones. Le raparon como si siguieran recordando que era un delincuente. Cuando usaron el bisturí sobre su cráneo, descubrieron que no había nada que hacer.

Para desgracia de ese tumor, Truffaut no perdió el humor negro del que fue famoso en su filme "Disparen sobre el pianista". Un crítico sostuvo que esta película era tan mala que debía venir de alguien mal de la cabeza. Presa de vómitos y mareos, François le dio la razón.