Es muy común para las mujeres comenzar una dieta estricta y luego abandonarla a los pocos días, porque las ganas de comer dulces, grasas, y demás cosas que contribuyen al aumento de peso, logran vencerlas.

La predisposición es una de las cosas más importantes al momento de proponerse la meta de perder esos kilos que están de más, sin embargo el hambre y las ganas de comer lo prohibido pueden más que la voluntad.

A lo largo de la vida, las mujeres hacen bastantes dietas, de las cuales un porcentaje considerable de las mismas son abandonadas por causas como despreocupación, falta de voluntad o porque no se obtiene el resultado esperado en el tiempo propuesto.

Al momento de tomar la decisión de hacer una dieta, primero es recomendable consultar con un especialista en nutrición, para que pueda orientar acerca de cuál es la mejor dieta y si realmente es necesario hacerla. Muy pocas mujeres recurren a esto, pues la mayoría simplemente comienza hacer una dieta desordenada o alguna que encontró en Internet, libros o revistas para probar suerte.

Antes de comenzar la dieta

Como no se ha optado por consultar con un especialista, sino que será iniciativa propia, lo primero que hay que hacer es prepararse sicológicamente para lo que viene; pues no será tarea fácil cambiar los hábitos alimenticios por un tiempo.

Es una tendencia natural humana en desear lo prohibido, motivo por el cual hay que tener en claro que al momento de comenzar la dieta existirán esos angustiantes deseos de comer lo que precisamente no se debe comer.

Un bajo nivel de glucosa en la sangre producido por comer muy poco también puede ser la causa del hambre incontrolable a deshoras, por lo que es recomendable comer tres veces al día.

Es necesario desde antes de empezar la dieta, comprar sólo las cosas que se usarán en la misma y tenerlas en el refrigerador, así será más fácil evitar tentaciones cuando ya se esté en régimen.

Es una práctica importante pararse en la báscula y anotar el peso inicial, tomarse las medidas, probarse la mayor cantidad de ropa posible y separar aquella que esté muy ajustada o definitivamente no quede; para así llevar un control y saber cuánto peso se está perdiendo, si está funcionando o no la dieta y si hay algún detalle que cambiar.

También sería bueno establecer un día inicio y un día fin, y planear en papeles lo que se va hacer. Será más alentador saber que hay que llegar a una meta en un día determinado.

Cuando se está a dieta

Los controles de peso deben llevarse cada semana, así como la toma de medidas y la probada de prendas de vestir que inicialmente no le quedaron.

Será muy normal que durante el régimen lleguen pensamientos sobre comidas con alto contenido de grasas como hamburguesas, pizza, postres, entre otros y producto de esto vendrá el hambre compulsiva.

Cuando se sienta ganas de comer algo dulce, es necesario haber preparado con anterioridad un tazón de gelatina, para poder compensar ese deseo de algo dulce con una buena porción de esta. La gelatina da la sensación de llenura por su alto contenido de líquido.

Si se sienten ganas de consumir dulces más sólidos como un postre o una torta, hay que tomar un trozo de hielo y chuparlo, imaginando que se está comiendo aquello que se desea.

Para el hambre incontrolable, es recomendable comer algo ligero como una fruta y luego tomar un par de vasos de agua a temperatura ambiente para mantener la sensación de saciedad.

La idea no es dejar de comer cuando toca hacerlo, por lo que otra de las cosas que va a disminuir el hambre será haber desayunado y almorzado de acuerdo a la dieta y en porciones adecuadas (no exageradamente, ni extremadamente poco) y merendado ligeramente.

Si se siente ganas de comer chocolate, una pequeña barra del mismo será necesario consumir y así se mantendrá el nivel de azúcar adecuado.

Todo es cuestión de proponerse la meta, seguir los controles y no privarse de absolutamente todo porque aquello tendría un efecto contraproducente y es el motivo principal de fracaso en el 90% de las dietas que se malograron.