Atender a clientes importantes, dar un discurso, firmar un documento importante o presentarse a un concurso relacionado con la preparación y elaboración de un producto para servir, pueden ser situaciones vividas como estresantes. En este tipo de momentos en los que nos sentimos evaluados o deseamos que todo salga a la perfección, podemos generar un grado de ansiedad tan elevado, que aparecen los temidos temblores de manos. Llevar un plato de sopa, realizar nuestra rúbrica o preparar un combinado, pueden convertirse en auténticas pesadillas si nos percatamos de esta tiritera e incluso puede dañar nuestra autoestima, al pensar que el otro va a fijarse exclusivamente en esto y juzgarnos por ello.

Origen del temblor

Aunque en algunas personas, el movimiento muscular involuntario puede ser un síntoma de un posible trastorno neurológico, la mayoría lo padece fruto de verse expuesto a una situación que le genere un alto grado de ansiedad, siendo éstas personas sanas y por ende, siendo dicho temblor una simple respuesta a la adrenalina liberada.

Posibles patologías

En caso de sufrirlo, se debe acudir a un especialista para descartar patologías como las neuropatías periféricas hereditarias, tumores, hipoglucemia, esclerosis múltiple, Parkinson o Ictus cerebral. También puede estar causado por el excesivo consumo de alcohol o por la abstinencia del mismo, por un exceso de cafeína en el cuerpo o incluso tras fumar algún tipo de cigarrillo de marca distinta a la habitual.

El temblor esencial

Este tipo de temblor es el más común, sin patología de base, con una gran carga hereditaria y con presencia en los momentos puntuales de gran emoción o estrés.

Trucos para evitar el temblor de manos

  • Evitar imaginar de antemano que lo peor va a pasar. Además de visualizar esta situación y aumentar las probabilidades de que ocurra, genera la sensación de impotencia en lugar de darnos más valor.
  • Evitar huir siempre de tales situaciones. Con la conducta de evitación cada vez tendremos más miedo a la hora afrontar esta situación.
  • Mover el objeto que tengamos cogido de forma suave y asirlos sin apretar en exceso. Evitaremos los movimientos rígidos y la excesiva prensión con la finalidad de no tensar todavía más los músculos. Moviendo los objetos impedimos que estos estén en un punto fijo y que por tanto sea más apreciable el posible temblor.
  • Realizar conductas nuevas como darle conversación al otro, bromear o hacer cualquier tipo de comentario para desviar tanto nuestra atención sobre nuestras manos como la del otro sobre las mismas.
  • Prestar verdadera atención a lo que el otro nos cuenta. Si le preguntamos por un tema que verdaderamente nos apasiona, llegaremos a meternos tanto en la conversación que la tarea manipulativa pasará a realizarse en el modo “piloto automático”.
  • No mirar al objeto ni a nuestras manos. Procuraremos mirar a la otra persona para que dirija su mirada a nuestros ojos.
  • Realizar algunos ejercicios de relajación como la respiración profunda minutos antes de que el acontecimiento estresante vaya a ocurrir. Con esto aflojaremos los músculos.
  • Practicar algunos gestos habituales como atarse los cordones de los zapatos o abrocharse los botones de la camisa con mayor lentitud de lo normal. Estos movimientos distractores encarrilarán a nuestras manos a un estado de normalidad por la simple asociación.
  • No tomar alcohol. Podemos encontrarnos con la posibilidad de que el miedo crezca más para vencer la triquiñuela.
  • Expresarnos y actuar de una forma más atrevida en la situación estresante puede hacer que cambie nuestro rol mental de apocado y nervioso. Muchos actores llegan a asimilar tanto su nuevo papel, que realizan acciones que su yo auténtico jamás haría porque en ese momento no se sienten ellos, sino otra persona.