Triunfo de Egipto y Alejandría a través de los siglos

Nueva biblioteca de Alejandría.  - C.Poveda
Nueva biblioteca de Alejandría. - C.Poveda
La ciudad egipcia de Alejandría fue protagonista de la vida política y cultural en la Antigüedad, pero su huella e influencia persisten en el siglo XXI.

El gran conquistador griego Alejandro Magno fundó una ciudad en el norte de Egipto, en el año 331 a.C., a la que dio su nombre. La elección del lugar no fue casual; constituía un punto estratégico del comercio marítimo, al estar ubicada a orillas del Mediterráneo y en el delta del Nilo, y de ahí su sobrenombre "novia del mar Mediterráneo". Su trazado se diseñó rectangular, con tres kilómetros de largo y uno de ancho, y estuvo rodeada por una muralla, de la que quedan parte de sus muros y torres, en convivencia con los edificios actuales.

A lo largo de la Historia, Alejandría ha sido protagonista de numerosos estudios, exposiciones o películas, y todavía hoy sigue siendo un punto neurálgico de la vida en Egipto. Llegó a ser el puerto más importante del país, al constituir el enlace entre Oriente y Occidente, así como el mayor centro comercial del mundo islámico con el transporte de productos orientales muy destacados, como los perfumes y las especias. Pero también se hizo famosa esta villa por dos monumentos de loable arquitectura: su faro y biblioteca.

El faro continúa en Alejandría

Un elemento -arquitectónico- de esta ciudad, conocido universalmente es su faro. Mandado construir por Ptolomeo I en la pequeña isla de Faro (Pharos), situada enfrente de Alejandría y comunicada con ésta por un puente, el faro de Alejandría se caracterizó por su gran altura (en torno a los 150 metros), llegando a ser uno de los edificios más altos de su época e, incluso, durante muchos siglos después. En su parte superior disponía de un espejo que reflejaba la luz solar y permitía cumplir con su función: indicar la posición de la ciudad a los marineros; por la noche era una gran hoguera la que cumplía esta misión.

Dos terremotos fueron los causantes de que este símbolo de la arquitectura antigua, que llegó a ser considerado una de las Siete Maravillas del Mundo, resultase prácticamente destruido. No obstante, no desapareció definitivamente; sobre sus restos fue construida la fortaleza de Quaitbay por el sultán mameluco del mismo nombre.

En el año 882 Quaitbay ordenó edificar una fortaleza en el entorno del faro formada por un burg (castillo), una aljama (mezquita), una tahona, un horno y un depósito de armas. Se utilizaron enormes bloques de piedra, por lo que la fortaleza adquirió el aspecto de bella y maciza construcción, y se organizó en dos recintos, una muralla y el burg; éste último es el que se edificó sobre los restos del antiguo faro. De planta cuadrada, con una altura de 17 metros, tiene reforzado cada uno de sus cuatro ángulos por torres redondas. Se encuentra distribuido en tres plantas, ocupando la mezquita más de la mitad de la planta baja, y el suelo está revestido con mosaicos de mármol polícromo y motivos geométricos. En el segundo piso existen varias habitaciones, y en el tercero, una gran sala como salón de recepciones. La actual fortaleza de Quaitbay es como la "reencarnación" del antiguo faro; se podría afirmar que éste continúa presente en Alejandría, en sus piedras y muros.

La biblioteca, el sol naciente

Alejandría también poseyó una biblioteca, conocida universalmente, mandada construir por Ptolomeo I en el denominado barrio real. Formaba parte de un complejo denominado Museo, un templo de musas (diosas de la memoria), frecuentado por poetas, filósofos y sabios ilustres, donde estudiaban y debatían; Arquímedes o Copérnico fueron algunos de sus visitantes, así como Hypatia, la primera mujer científica y matemática de la Historia, protagonista, recientemente, de una película del director español Alejandro Amenábar. El Museo estuvo dividido en diez áreas, cada una dedicada a la investigación de una temática diferente, y en él se descubrieron algunos de los logros más importantes de la Humanidad, como la forma esférica de la Tierra, su movimiento alrededor del Sol, o la identificación del cerebro como órgano que controla el organismo. En la zona de la biblioteca se llegaron a albergar miles y miles de libros, convirtiéndose en "contenedora del saber humano" durante los años de su existencia.

No se sabe con exactitud cuál fue el fin de la biblioteca ni cómo sucedió; hay diversas y confusas teorías sobre ello. Sea como fuere, consecuencia de las diferentes batallas entre romanos, cristianos y árabes y, al parecer, con el fuego como protagonista, la biblioteca pasó a formar parte de la Historia.

En 1988 la Universidad de Alejandría empezó a promover la construcción de una nueva biblioteca. Pero no podía ser un proyecto simple; tenía que sustituir al legendario edificio y recuperar su espíritu originario de debate y aprendizaje. Así que la UNESCO también participó, convocando un concurso de arquitectura a nivel internacional que fue ganado por un equipo noruego. El proyecto consistió en un edificio de tamaño considerable, realizado con granito traído de Asuán, y construido con una cierta inclinación hacia el mar. Su forma simboliza un reloj solar, en referencia al dios Sol, y desde el mar se puede divisar como un sol naciente. En su fachada de piedra se grabaron jeroglíficos y caracteres rúnicos antiguos; una forma de relacionar los símbolos del pasado con las formas constructivas actuales.

En líneas generales, todo el edificio constituye una conexión entre la Antigüedad y la modernidad; entre los papiros y los microchips; una forma de enlazar el conocimiento a lo largo de los siglos. La nueva biblioteca fue inaugurada en abril de 2002 y sigue contando con muchas salas para el estudio (doscientas), así como numerosos libros traídos de todo el mundo, y en los que España también ha colaborado con alguna aportación.

Alejandría ha sido un punto clave en la Historia en lo que respecta al comercio entre Oriente y Occidente, a la sabiduría y a la arquitectura. Sin duda es una ciudad emblemática en Egipto e, incluso, merece reconocimiento a nivel internacional.

Escribir es vivir. , C.Poveda

Carmen Poveda - Desde que me licencié en Periodismo, en la Universidad Complutense de Madrid, he permanecido vinculada a la profesión en ...

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